No quisiera quitarle importancia a la ruptura (por segunda vez) de una legendaria banda, pero ¿por qué diablos nadie se sale de madres en los temas realmente importantes? Los curas pueden discutir, entre ellos, si están de acuerdo o no con el spot de la campaña anti ley de divorcio. Pero nadie aparece mandándolos a la mierda por esa absurda idea de optar por un "matrimonio indisoluble". La gente se casa, de todas maneras, para toda la vida. Como si las personas que optan por el matrimonio no estuvieran adquiriendo voluntariamente un compromiso que en su origen, es indisoluble. La gente se separa igual, con o sin ley de divorcio, con o sin nulidad, y déjeme decirle señor, que las estadísticas de hijos alcohólicos y drogadictos ocurren con o sin ley de divorcio, porque la realidad es que la gente se casa para toda la vida igual, igual se separan porque no son felices, igual les causan problemas a los hijos, con o sin ley de divorcio.
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Pienso tal vez que "divorciarse" legalmente hará que la gente se haga cargo de sus decisiones con una responsabilidad mayor. Y no tendremos así una pila de separados que en realidad, legalmente están casados pero faltando al contrato, o gente que tiene que mentir, negando aquel compromiso voluntario y sus diversas consecuencias entre las cuales figuran los hijos, a través de la nulidad.
No quiero ser latera. En realidad ya ni me acuerdo sobre qué iba a escribir esta vez. Si ando particularmente sensible con el tema es porque soy hija de padres separados, no soy drogadicta ni alcohólica e incluso creo que mi biografía familiar me ha hecho muy bien a largo plazo, y creo que soy una mujer bacán.
¿Usted no está de acuerdo? El otro día en un ascensor me topé con un señor como usted. Es decir, un señor que lee esta revista. Me dijo: "acabo de leer tu última columna, y no estoy de acuerdo". Genial, pensé. ¿Usted paga por una revista en la que le gustaría que fueran condescendientes en todo con el lector? Mejor no lea, y dedíquese a escribir lo que piensa. O bien, lea, discrepe, enfurézcase si quiere, haga que el tema le importe, "sálgase de madres" o ríase y que le dé lo mismo. A mí me encanta discutir. Pero debo confesarle a usted, señor, que hay algo que me proporciona un gran placer. Y es que usted, mientras está sacando la vuelta leyendo "El Periodista" para supuestamente informarse, y se indigna por las tonteras que hablo, o encuentra que escribo como la callampa, o tal vez le gustaría sentirse interpretado cien por ciento, je je je... Usted, señor, no tiene derecho a réplica.
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Bueno, hasta ahora, porque he abierto una cuenta de correo para que mi editor me haga llegar sus reclamos, insultos, preguntas, sugerencias o felicitaciones. Por suerte esta revista es quincenal, no crea que estaré revisándola diariamente. No es mi pega. Y trate de no insultarme demasiado, porque soy sensible. Aquí mando yo: yo puedo insultarlo a usted, porque usted es un anónimo. Si le ha caído el sombrero en alguna oportunidad, es problema suyo. Y no me dé la lata con la ley de divorcio, porque esta columna fue el resultado de una espantosa crisis creativa. Honestidad ante todo. Eso sería todo, muchas gracias y buenas noches.
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