Una pareja hojea Las Ultimas Noticias buscando los avisos clasificados de ofrecimiento de empleos. En la soledad del parque en el brumoso-esmogoso ocaso santiaguino, son casi los únicos que merodean cerca del Café Literario del Parque Balmaceda con cierta antelación al lanzamiento de "Una verdad pendiente, la desaparición de Rodrigo Anfruns Papi" de la periodista Soledad Pino.
Recorro con la vista el paraje y pienso que lo más probable es que uno de los cómplices del asesinato del niño Anfruns, también haya llegado prematuramente a la presentación libro y que desde la sombra de su anonimato recree el ambiente que con su colaboración provocó tanto dolor, rabia e incertidumbre hace casi treinta años.
Dentro del atroz infortunio de los padres del niño asesinado, éstos tuvieron por lo menos el privilegio de acceder al cuerpo de su ser querido y darle honrosa sepultura; cosa que no ocurrió con los familiares de miles de adultos y menores desaparecidos después del 11 de septiembre pertenecientes al otro bando. Tuvieron el apoyo desde Lucía Hiriart y Augusto Pinochet hasta don Francisco, pasando por todos los taxistas y micreros de Chile. Si el caso jamás fue resuelto con toda esa movilización nacional, no quedan dudas que miles de hojas se movieron sin que lo supiera el gran capitán
El relato prolijo, detallado, cronológico y entretenido, de la egresada de la Santo Tomás, Soledad Pino, deja justamente entrever que Rodrigo fue víctima de una suerte de ajuste de cuentas entre adictos civiles y militares de la dictadura.
Las razones del litigio sangriento permanecen en la penumbra.
Sin aspaviento alguno, se señala que el hijo del coronel, entonces subdirector de Correos, Alberto Iraçabal, abuelo de la víctima, Luis Iraçabal Lobos pertenecía a la CNI, que Rodolfo Stange era el tío abuelo de la criatura. Y que otro familiar también servía en la "inteligencia represiva" nacional.
La periodista destaca como gran mérito que Iraçabal haya mantenido en su puesto en Correos a Nelson Yévenes, militante socialista, esposo de su secretaria Rosa Valderrama. Como si lo normal habría sido despedirlo.
Concesiones involuntarias, espero.
El libro fue presentado por Sebastián Piñera, vinculado de alguna manera al tema por el secuestro de su hijo hace algunos años, quien además a su llegada tuvo un encuentro, poco grato para ambos, con Willy Thayer. Le siguió, Freddy Stock, periodista y "biografero" de grupos musicales, quien leyó un atolondrado discurso del cual fue difícil rescatar alguna frase. Finalmente, después de la autora, la estrella invitada, por derecho propio, Paola Papi, sólo agradeció la presencia del numeroso público.
Una persona a mis espaldas comento: "¿Y eso es todo?"
No era una velada para el glamour ni para atraer a Cristián Farias. Más bien semejaba, por la cantidad de gente de tercera edad, a un happening organizado por Juan Carlos Bistoto y Nelly Meruane.
En relación a la importancia del libro, pocos medios.
El tema es incómodo.
La izquierda poco solidariza con líos que provienen de los militares aunque le haya costado la vida a un niño al tanto, para la sección social de las revistas rosa, una trama un poco tétrica e incoherente con el beau monde.
La noche cayo lúgubre ese miércoles 15. Al dirigirme al Metro volví la cabeza, por si acaso divisaba al tipo. De ésos que suelen volver al lugar del crimen o de las víctimas.
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