Año 2, N.47, Domingo 26 de Octubre de 2003
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Blanca Lewin
Dényensen Dégons (El demonio es magnífico)
( Escribe Blanca Lewin )Señor, la culpa no es de Marilyn Manson ni de Yugi Oh. La culpa podría ser suya o mía.


La primera vez que oí hablar de un juego de rol fue cuando estaba en la universidad. Tenía un compañero en un ramo de esos que toma gente de varias carreras. Si mal no recuerdo, este compañero estudiaba algo así como Biología, y me contaba que una vez a la semana se juntaba con un grupo de freaks igual que él, a jugar algo a lo que llamaban "Dényensen Dégons". Esta extrañísima frase la empecé a escuchar cada vez más a menudo desde distintas voces a mi alrededor. En la universidad, en bares, cumpleaños, tertulias, etc. Me demoré unos cuantos años en descifrarla -en realidad se escribía "Dungeons & Dragons" -, no porque mi inglés fuera pobre, sino más bien porque la pronunciación de todas estas voces de las que hablo, siempre fue muy deficiente. La misma cantidad de años me demoré en entender que, al traducir la frase al castellano, significaba "Calabozos y Dragones", por lo tanto, era exactamente el mismo juego del que hablaban otros cientos de voces. Y, lo más chistoso, es que durante todo este tiempo tuve la gran convicción de que todo esto se trataba de un videojuego.

Tratándose de un supuesto "videojuego", reitero que nunca me interesó. De chica siempre me ganaron en el Pac-man y en todos los demás (ni siquiera me aprendí los nombres). Prefería esperar en los flippers. O mejor aún: mirar las caras y reacciones de los que jugaban. Esto me parecía tremendamente más atractivo que lo que ocurría en la pantalla. ¡Qué me importaba que un biosolve se devorara unos cuantos fantasmas, o que una rana de mierda cruzara una autopista so riesgo de ser arrollada, cuando delante de mí y en 3D, había niños de mi edad que estaban siendo devorados por la ansiedad, el exitismo, la competitividad, la obsesión y el consumismo! ¡Gracias, Señor, por haberme convertido en la eterna jugadora loser, en la freak del rincón!

Volviendo al tema del juego de rol, y al caer en la cuenta de que todo el mundo universitario lo comentaba (a excepción de mis compañeros de escuela) aprendí que la manga de freaks no eran ellos, sino nosotros: los engrupidísimos estudiantes de teatro.

Pero en fin. El tema que nos convoca a usted señor y a mí en este momento, es una noticia que apareció en algunos medios el pasado jueves 16 de octubre. En Valparaíso, y con una diferencia de 17 días, se suicidaron dos menores entre los 9 y los 13 años. Ambos se colgaron, supuestamente, imitando una carta de un juego llamado "Yugi Oh", juego que ambos practicaban con una devoción proporcional (y conforme a los tiempos que corren) a la devoción por los videojuegos de esos niños que yo observaba apernada en un flipper en los años '80.

No es mi intención subestimarlo a usted, queridísimo señor lector, pero tal vez sea necesario explicarle que un juego de rol, a grandes rasgos, es un juego de fantasía donde cada jugador adopta un personaje que tiene ciertos superpoderes y ciertas limitaciones. Existe un "master" que va organizando una especie de guión, una historia fantástica donde los jugadores van ganando más poderes o perdiéndolos. Hay juegos con dados, otros con planillas, o juegos de cartas como el caso del "Yugi Oh" del cual es primera vez en mi vida que oigo hablar. En los dos primeros, la meta es simplemente sobrevivir. Si un jugador muere, muere también su personaje, y no puede entrar nunca más al juego con ese personaje que aprendió a conocer, a amar y que tal vez lo obsesionó hasta límites insospechados (vea Sangre Eterna y aproveche de informarse). En los juegos de cartas, la meta es apoderarse de las cartas del compañero. Con esto, ganar más poderes obteniendo más y más cartas y, si seguimos en la escala de ambición, ser el más poderoso del mundo.

Aparentemente, estos niños se colgaron porque se imaginaron que luego resucitarían con una dosis de superpoderes realmente extraordinaria. Y seguramente eran niños normales, que por lo menos tenían un interés por un juego de socialización lejos de la tele, inteligentes y ambiciosos. Lindo, ¿no?


Lo que más me llamó la atención fueron las opiniones en las noticias de algunos desentendidos como usted, que nunca han jugado un rol, y no tienen idea de lo entretenido que para algunas personas pueden llegar a ser. Yo trabajo con eso. Entro y salgo de uno y otro rol en mi propia fantasía, pero como es mi pega, sé cuándo entrar y salir de ella. Estas opiniones apuntaban a culpar al juego, diciendo que sus contenidos eran violentos, demoníacos, que creaban falsos mitos e ídolos. Pero, ¿no es también violento un gran porcentaje de lo que vemos en la televisión? ¿Me va a negar que los medios en general nos bombardean a diario inventándonos nuevos ídolos? ¿No es demoníaca la música de Marilyn Manson? Ahhhh, dirá usted. Marilyn Manson fue inculpado de la masacre en Columbine, ya que sus adolescentes protagonistas eran fanáticos de esta banda de rock. Si me hace el favor, para no alargarme más, vea también el documental Bowling for Columbine de Michael Moore, y verá lo absurdo que resulta echarle la culpa a cualquier cosa. Me carga la flojera y, en este sentido, siempre es más fácil no hacerse una autocrítica. Siempre es menos doloroso no cuestionarse a uno mismo como ciudadano, como sujeto que forma parte de una sociedad y por tanto responsable en alguna medida de este tipo de atrocidades. Señor, la culpa no es de Marilyn Manson ni de Yugi Oh. La culpa podría ser suya o mía. O tal vez de todos nosotros en la medida que algo hacemos o algo dejamos de hacer. Ahora, ¿cómo lo arreglamos? ¿Ah?

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