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Editorial
Año 2, N.47, Domingo 26 de Octubre de 2003
Caso Spiniak
Más allá de toda duda razonable
Francisco Martorell

Un observador externo, desapasionado, que no esté condicionado por lo ocurrido en las últimas tres décadas podría aclarar las cosas que hemos vivido, o sabido, durante el mes de octubre.

Tratemos de seguir esa lógica.

El mal trabajo de una jueza, que debió agilizar una causa que comenzó en diciembre, abrió la puerta al mayor escándalo que ha debido soportar el sistema político en la llamada Transición.

Ello porque, teniendo los antecedentes y las facultades para hacerlo, no investigó concienzudamente los delitos que golpean fuertemente a cientos de menores.

La agilización de la investigación, sin embargo, no se dio porque alguien, dentro del sistema judicial, se percatara de que las cosas no estaban marchando. Por el contrario, fue primero el periodismo y luego una diputada de la República, María Pía Guzmán, quienes obligaron a poner las cosas en su lugar.

Pero ambos lo hicieron con pocos antecedentes, casi irresponsablemente, diciendo que en las fiestas del empresario Spiniak habían participado hombres de la política. Tanto el periodismo, como la parlamentaria, quince días más tarde, saben que ello pareciera no ser así. O, por lo menos, que las pruebas sobre ello desaparecieron o no existieron nunca.

La diputada que reveló el escándalo dijo que en los videos no hay políticos y la revista PlanB, que señaló que en las fiestas habría participado un senador de la Alianza por Chile, por los datos que habría entregado un menor de la Fundación Margen, se desmintió asegurando quince días después que el juez Daniel Calvo investiga una denuncia de una joven contra el senador Jovino Novoa, a quien acusa de haber abusado de ella cuando era menor de edad.

Las denuncias sin fundamento de las primeras versiones, afortunadamente para ellos, tuvieron el mérito de abrir otro frente. Gracias a esto la embestida de la UDI, en la que denunció un montaje, se fue disipando y es un hecho, para casi todo el mundo, que existe cierta información confiable (que quizá no tiene nada que ver con el caso Spiniak en sí) de que hay personajes públicos mencionados en los testimonios que maneja reservadamente Calvo.

Decenas de niños que fueron abusados, inducidos a la prostitución o simplemente violentados sexualmente, vieron por primera vez que se les abrió una puerta para contar sus historias y ser escuchados. Muchas veces lo hicieron antes, con un sentimiento de culpabilidad mayor que el de sus agresores, pero simplemente sus palabras no fueron consideradas. Ahora sí.

Ello posibilitó, junto con el cambio de jueza y el nombramiento de un ministro en Visita, que la Justicia se abocara al problema y, en menos de una semana, dictara órdenes de detención contra aquellas personas, algunas completamente ajenas a Spiniak, que aprovechándose de la fragilidad de los menores cometieron con aquellos los abusos más degradantes que existen.

Pero pudo ocurrir todo lo contrario.

Podría haber pasado que ante la presión y el miedo, los menores optaran por seguir aceptando la explotación, convencidos que el sistema era absolutamente incapaz de protegerlos.

Ahora saben que nos es así, en parte, gracias al trabajo de hombres tan disímiles como José Valdivia o José Luis Artiagoitía, quienes responsablemente han levantado la voz con mesura y con el único objeto de que los réditos los obtengan aquellos por los que llevan años desvelándose.

Hemos vivido los primeros capítulos de una novela negra. Los nombres, si es que algún día se saben y son condenados por los actos de los que se les acusa -sean personajes de primer o segundo orden- poco importan a estas alturas. Se sabía, hacía meses, que un adulto contagiado con Sida violaba menores de una caleta. Ahora no está libre para hacerlo y nos debemos alegrar de ello. Ese hombre no pertenecía a red alguna y tampoco tenía protección, ni política ni judicial, simplemente contaba con la coraza de la negligencia del sistema. De una sociedad donde los niños no son los privilegiados. Por eso andan en la calle y duermen donde los pilla la noche.

Ahora, el segundo capítulo lo deberá escribir el ministro en Visita y sobre él debemos posar nuestros ojos y la capacidad investigativa-fiscalizadora.

Estamos ciertos que saldrán muchos nombres y nuevos testimonios, tratando en algunos casos de confundir a la opinión pública; por ello la prensa debe tener la capacidad de ponerse por encima del rumor y de las fuentes reservadas, para ganar credibilidad y no aparecer como sacando un provecho económico de esta situación.

Los políticos, por su parte, antes de comenzar a proclamar que ponen las manos al fuego por sus cercanos e infundir todas las dudas sobre los que no lo son, deben ser los primeros en abrirse a la investigación que está llevando el juez Calvo. No basta hacerse parte de la denuncia contra Spiniak para aparecer en la TV.

Y la sociedad, mientras tanto, junto con preocuparse de quiénes son los "famosos" que están en la ola del rumor, también debe estar alerta de las otras cosas que pasan a su alrededor y que, en un futuro próximo, podrían significar que este país tuviera más niños en la calle y menos recursos para enfrentar los problemas sociales.

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(Por Francisco Martorell)

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