El 8 de octubre murió un bebé de tres meses por un experimento de la Compañía Farmacéutica Glaxo Smith Line, GSK, con la vacuna rotavirus. Esta ya se ha reanudado en Chile con 5 mil niños y se desarrolla con 60 mil menores de un año en 12 países latinoamericanos. Mientras el país se concentraba en la coprofagia del señor Spiniak, olvidaba que un niño moría por servir de conejillo de indias a una multinacional farmacéutica con la aprobación de la OMS y de nuestro Ministerio de Salud. Esta instancia estatal no informa a la ciudadanía acerca de las razones del experimento, de las ganancias del país con éste, ni de las razones de no realizarlo también entre niños del Primer Mundo.
No es primera vez que la Glaxo se ve envuelta en la muerte. En enero del 2002 fue acusada por la Agencia para el Control de Medicamentos de Gran Bretaña, de haber causado 57 muertes con el fármaco bupropión, comercializado en España como zintabac, antidepresivo para dejar de fumar que causa efectos secundarios. También, en octubre de 2002, esta empresa fue denunciada por haber violado tres cláusulas del Código de Comercio por publicidad engañosa y falta de información por la Pmcopa (Prescription Medicines Code of Practice Authority) de ese país con relación a la promoción del fármaco llamado Paroxetina, Seroxat o Plaxil. Pero ya antes en julio de 2001, la Asociación Americana de Endocrinología había obligado a GSK a retirar, por sus efectos secundarios, el avantia, en 2000 el troglitazone o rezulin por tóxico y en diciembre de 1999 el FDA les prohibió la comercialización en Estados Unidos del roviglitazone (Avandia) y el pioglitazone.
Por sus acciones en materia de defensa de las patentes de sus medicamentos y su lucha contra la venta de medicamentos genéricos ha sido llamada por sectores alternativos del Primer Mundo como Global Serial Killers (GSK).
En agosto del 2000, GSK impidió que Ghana importara un medicamento genérico contra el SIDA creado por Cipla en la India, llamado Duovir, una versión barata del Conbivir que esta multinacional comercializa. En la actualidad 340 mil enfermos de este mal en Ghana no pueden financiar el tratamiento con Conbivir que sale entre 10 mil y 15 mil dólares. Con Duovir salía mil 500.
Esto ha producido demandas públicas y movilizaciones contra la GSK, la que mientras tanto ha demandado al Gobierno de Sudáfrica por tratar de que sus ciudadanos accedan a medicamentos genéricos contra el Sida. Este país, que cuenta con 4,2 millones de personas afectadas por la enfermedad, está tratando de producir o importar estos medicamentos lo que es legal de acuerdo a sus leyes, pero GSK plantea que ello atenta contra la ley internacional ya que Sudáfrica pertenece a la OMC.
El Combivir de GSK es AZT y 3TC combinado en una sola píldora. El AZT se desarrolló por la Fundación Michigan Anticáncer usando fondos del Instituto Nacional de la Salud (National Institutes for Health) . A pesar del uso de fondos públicos, GSK cuenta con el monopolio del AZT. El monopolio del Combivir dura hasta 2016.
Las multinacionales farmacéuticas no sólo continuarán usándonos como conejillo de indias, sino que el TLC con EEUU les entrega toda la legitimidad legal para exigirnos usar medicamentos de marca. El acuerdo en esta materia es superior al de la OMC (Trips plus) por lo que Chile tendrá que esperar cinco años antes de permitir que los que producen medicamentos genéricos tengan acceso a sus datos de prueba y el monopolio de las patentes y su plazo de validez será de 20 años como mínimo.
Los chilenos pasamos a las "ligas mayores"; ya sólo usaremos medicamentos de marca.
¿Quién defiende la salud de los chilenos?
El Ministerio de Salud tampoco informó a los chilenos sobre los motivos que tuvo para defender públicamente a la cadena Mac Donald´s después que algunos de nuestros niños se envenenaron allí con comida contaminada, aun cuando paralelamente se muestra preocupado por la obesidad infantil, en la que uno de los factores más importantes proviene de la comida chatarra. Menos podríamos esperar una explicación por las graves enfermedades que están afectando a 15 mil familias en Arica por la contaminación que producen 20 mil toneladas de basura tóxica (con arsénico, mercurio y zinc) que importó la empresa nacional Promel a la empresa sueca Boliden Metal . En los 80 el Ministerio de Salud aprobó esta importación para "lixiviar metales" y en la actualidad la Boliden Metal posee en Chile las empresa Lomas Bayas y Cobre Fortuna en Antofagasta y tiene una joint venture con la empresa norteamericana General Mineral Corporation con la que desarrolla el proyecto Vizcachitas a 125 kilometros de Santiago que explotará cobre y molibdeno. Esperemos que no siga ingresando basura para la lixiviación.
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