Año 3, N°50, Domingo 7 de diciembre de 2003

Acoso sexual en el trabajo

El enemigo secreto

No hay mujer que de alguna u otra forma no lo haya experimentado y no hay hombre que lo reconozca sin ver menoscabada su integridad. El acoso no tiene nombre, y tampoco ley que lo tipifique como un delito.


Con más del 81 por ciento de las preferencias "El equipo del progreso" fue el ganador del último proceso electivo del Instituto de Ingeniería en Minas de Chile (Iimch).

Esto fue el 14 de noviembre pasado; un día inolvidable para los ingenieros Leopoldo Contreras Caroca y Arnaldo Velásquez Neira, quienes, respectivamente, asumirán el próximo 1 de enero la presidencia y vicepresidencia de esta entidad.

Velásquez lograba ese día un paso importante en su carrera. Su nueva designación habrá de empinarlo por sobre un nuevo escalón de poder. No es menor el que ya sea representante del Iimch en el directorio de la Empresa Nacional de Minería (Enami), gerente de prevención de la empresa CIMM, y participante en las sociedades American Bioservice Ltda., Ingeniería Tempo Chile Ltda., y González Jeria y Asociados Ltda.

Pero el 14 de noviembre también fue importante para Susana Retamal Barraza, la auxiliar administrativa de la Iimch que no tiene participación en sociedad alguna limitada. Ese día, la mujer del aseo y los cocktails, asumió y llevó a cabo una de las decisiones más complejas e importantes de su vida: denunciar el acoso sexual que sufriera durante más de un año de parte del ahora vicepresidente electo Arnaldo Velásquez.

INGENIERIA DE UN ASEDIO


Ya hacía siete años que Velásquez compartía en el Iimch algunos de los espacios y tiempos de trabajo con Retamal, cuando empezó a asediarla. "El me trajo a trabajar al instituto hace ocho años. Y hace un año empezó a decirme cosas". De las insinuaciones verbales y los gestos que querían ser provocadores, Velásquez pasó "a los agarrones, a querer darme besos a la fuerza".

El hombre de 61 años, casado y padre de dos hijos, sabía que la auxiliar no quería perder su trabajo, que estaba temerosa de verse de pronto sin los medios de mantención necesarios para su hija enferma, y que los préstamos contraídos le hacían imposible pensar en perder su fuente de ingresos. "En ese año mi marido estaba cesante. Y por eso aguanté".

Velásquez era uno de los directores del instituto; el hombre encargado de los fondos, el que decidía quién se iba y quién no, "y yo sólo quería conservar mi trabajo", señala Retamal, agregando cómo, con el tiempo, "comenzó a ser cada vez más incisivo, más descarado. Yo ya no daba más. Me humillaba todos los días". Una humillación que, ante la posibilidad de una denuncia, él reducía a una frase de supuesta hombría: `Hace lo que quieras, yo apechugo'", recuerda Retamal que le decía el ingeniero; frase con la pretendía dejar en claro sus principios, y que supone la no creencia "en que alguien, porque es pobre, pueda hacer algo", comenta la acosada.

Y la auxiliar hizo lo que se vio obligada a hacer: el 14 de noviembre fue a la Inspección del Trabajo -comunal nororiente- y plasmó una denuncia por acoso sexual en contra de Arnaldo Velásquez; señalando que contaba con cuatro testigos dispuestos a declarar en su favor: "el gerente del instituto Raúl Fuentes; el ex gerente Arturo Benítez, dos secretarias y el junior".

En la Inspección le señalaron que bastaba con dos testigos. Pero el 20 de noviembre, la fiscalizadora de la Inspección del Trabajo, María Teresa Valenzuela, llegó al Iimch y tomó las declaraciones de al menos cuatro. Eso es lo que consta en el documento que consigna el procedimiento caratulado con el número 12.451 del 20 de noviembre de 2003. Pero como Velásquez en esa ocasión no se encontraba, Valenzuela citó a declarar a todo el directorio a la Inspección. Pocos fueron. Velásquez negó todo.

Al cabo de algunos días no hubo noticias relevantes, a excepción de dos, por las que la empleada se enteró de que "uno de los directores había llamado al Iimch para preguntar el nombre de la fiscalizadora". También supo que estaba siendo acusada de "ensuciar la imagen del instituto".

Una fuente confidencial, cercana al Iimch señala que cuando se supo la denuncia "comenzó a operar una especie de mafia" que estaba y está dispuesta a encubrir y salvar a Velásquez. Incluso, uno de los directores, que quiere apoyar a la auxiliar, "y que tiene subcontratos con una empresa", comenzó a ser objeto de presiones, sufriendo auditorías que nunca antes le habían hecho.

Días después de la "llamada" de uno de los directores, la fiscalizadora de la Inspección se encontró fortuitamente con Retamal sin perder la oportunidad de decirle que negociara, "que eso me convenía"; conveniencia de la que también era partícipe el presidente electo del Iimch, Leopoldo Contreras: "Me dijo que mejor tratara de `bajarle el perfil' a la cosa; que `en Chile había mucho cesante'", refiere la empleada.

El actual presidente de la Iimch, Marco Antonio Alfaros, recibió una carta de Retamal, en la que explicaba su determinación de denunciar el hecho: "He tomado esta decisión debido a que mi situación comenzó a hacerse insostenible, repercutiendo en mi salud, mi situación familiar y laboral. Quisiera dejar en claro que no ha sido ni es mi intención dañar el prestigio del instituto (...)".

El soterrado amedrentamiento no la hizo cejar en su propósito. Ante las cada vez más dilatorias y sesgadas sugerencias optó por entrevistarse directamente con la subcontralor Noemí Rojas, quien le aseguró que contaba con su ayuda.

LA LEY, EL TRAMITE

La profesora y encargada de género de la Dirección del Trabajo, Pamela Farías, sostiene que el 98 por ciento de los casos de acoso corresponde a mujeres. Entre 2002 y 2003 hubo 100 casos de este tipo, y como promedio anual en los últimos diez años se alcanzó la cifra de 60 o 70; una cifra ínfima, comparada con las tal vez miles que no se denuncian por miedo o por el simple y paradójico hecho de que "hay una tendencia, en las mismas mujeres, a culpabilizarse de lo sucedido".

Farías sostiene que el servicio en el cual labora presta ayuda en el tema del acoso sexual, "pero en el marco del conjunto de procedimientos fiscalizadores". Ello quiere decir que no pueden hacer más que "tratar de llegar a avenimientos" o a acuerdos extrajudiciales". Generalmente, reconoce la profesional, "las denuncias no se resuelven más que con renuncias o cambios de sección en la empresa. O simplemente con despidos".

"En Chile, esta conducta sexual existe y se ha dado siempre. Pero el país como tal no ha asumido una posición", indica. Como respuesta a esta situación, dice Farías, "está por comenzar a tramitarse en la Cámara Alta la ley sobre este tema".

Esta ley, que ha estado durante ocho años en el Congreso sin ser resuelta, fue aprobada temporalmente por la comisión mixta de trabajo en el año 2001. "¡Ocho años en el Congreso!", exclama la diputada del PPD María Antonieta Saa; para quien la mayor parte de los parlamentarios "aún no tienen conciencia de este problema. No dimensionan el daño laboral, psicológico y pecuniario que esto significa".

Saa recuerda que el primer proyecto en este sentido fue presentado por la ex presidenta de la Cámara Baja y diputada PPD Adriana Muñoz, en 1992. Y después de muchos años el Servicio Nacional de la Mujer presentó una indicación sustitutiva que no concordaba demasiado con una idea que tenía la diputada Saa: introducir el asunto en el Código Penal.

En el año 97 Saa presentó una moción -"cuando se discutía el capítulo de delitos sexuales del Código Penal" - que no fue acogida. En ésta, la parlamentaria buscaba establecer en éste la falta y el delito del acoso sexual. "Hasta entonces, y hasta hoy -informa-, en el Código Penal sólo existe la prevaricación nada más que para los funcionarios públicos. Por ejemplo, cuando un juez le pide favores sexuales a una persona para fallar a su favor. Nosotros presentamos la indicación para hacerla extensiva a todos los ámbitos de la vida social".

Pero fue rechazado. La diputada señala que muchos son los parlamentarios que se oponen a legislar en este sentido, "principalmente en la derecha y la DC. Los socialistas y el PPD han votado a favor en las primeros intentos" pues, señala, "este tema de la discriminaciónha sido parte de la agenda programática de mi partido".

Pero la ley no tomó el rumbo que imaginara Saa. El énfasis del actual proyecto de ley está puesto en incorporar en el reglamento interno de las empresas las condiciones y elementos que tipifican el acoso, para que sea la misma empresa la que resuelva el problema. Situación que, a juicio de la encargada de género de la Dirección del Trabajo, "permite una mejor implementación de los mecanismos de mediación, difusión y prevención"..

Algunas de las partes sustanciales de este proyecto podrían resumirse en los siguientes puntos: En la empresa las conductas de este tipo se considerarán como discriminación. Se garantiza un ambiente en donde haya respeto por los trabajadores. El procedimiento de denuncia debe ser llevado en estricta reserva entre el empleador -público o privado- y el afectado. El reclamo se debe hacer a la dirección de la empresa. El juez es el que determina si hay daño moral. La empresa es la que tiene que proporcionar los antecedentes al magistrado.

Pero las jerarquías no siempre responden a su rango.

DIME A QUIEN ACOSAS...

La socióloga Giovanna Riveri trabajaba en el INDAP desde hacía algunos pocos años cuando, en 1995, llegó su acosador, Julio Córdova.

Córdova llegaba como encargado de la jefatura del Departamento de Desarrollo Institucional; repartición inmediatamente superior al Subdepartamento de Comunicaciones en el que Riveri se desempeñaba, y en el que tenía como jefe a una mujer.

El hombre era una persona que hacía bien su trabajo; "era afable, considerado en el trato", recuerda Riveri; en síntesis, imbuido de las características necesarias para trabajar en un contexto de labores mancomunadas o de equipo.

A poco andar "empecé a sentir que él expresaba demasiado interés en mí. Insistía en que yo asistiera a las reuniones que no me correspondían; que me quedara hasta más tarde". Luego fueron las llamadas a deshoras; el apremio sutil y embozado; las visitas inesperadas a la oficina de ella; los reclamos por su presencia en la de él; los ocultamientos de la sociólogapor una hora o más en el baño, hasta que Córdova se fuera con su insistencia.

"Empecé a dudar de lo que estaba sucediendo. Les dije a mis compañeros si veían lo mismo que yo. A lo mejor me estoy pasando películas, pensaba", rememora la socióloga.

Hasta que la jefa de Riveri renunció. Y Córdova no quiso que la sustituyera otra que no fuerasuacosada. "Y un día de junio de ese año me enfrenté con él. Le dije qué me pasaba, que sentía que me estaba presionando". Y Córdova, recuerda Riveri, replicó: "Estás imaginando cosas. Estás equivocada".

Pero no lo estaba.

A eso siguieron invitaciones a la playa y más de alguna carta en la que explicitaba su parecer ante la primera negativa: "No acepto un `no' a priori".

"Comenzó a ser cada vez más intimidante. Yo creo que no pudo aceptar un `no', dice la socióloga, reflexionando: "Creo que asumió eso que se cree: un `no' es una especie de sí postergado. Ese `no', que es entendido como que hay que insistir; porque se piensa que la mujer tiene que hacerse la difícil". Riveri estaba temerosa: "Y totalmente desconcertada. No sabía qué hacer. Además pensaba que él podía canalizar esa frustración en una decisión laboral que me afectara".

"Lo primero que hace uno es dudar, después viene un sentido de culpabilidad. Por eso es necesario mirar de afuera, porque todo adentro es negro". Y una amiga le dijo que estaba viviendo una situación de acoso. "Yo tenía una imagen, un estereotipo: que te arrinconan, que te tocan".

La amiga le dijo: `"Qué duda cabe, es cosa de mirarte'. Claro, deprimida, nerviosa, tapada hasta el cuello para que nadie me viera".

Fue al Servicio Nacional de la Mujer (Sernam). Allí elaboraron un informe que fue remitido al director Nacional del INDAP, en ese entonces, Luis Marambio. Ella, a su vez, también le envió una carta al director nacional, reseñándole lo ocurrido.

Nada aconteció, excepto dilatar el asunto. Marambio "me dijo que bajara el perfil, que tomara una licencia". Y no sólo eso: comenzó a averiguar, entre los compañeros de trabajo de Riveri, la vida de ésta. "Pasé a ser enemiga del INDAP".

"Dilatar las cosas es la estrategia. Como que no existe. Es la negación de algo que se ha vivido. Es como el tema de los detenidos desaparecidos durante tanto tiempo".

Hasta que llegó su amiga, la abogada Pilar Oyarzún. (Ver recuadro)

1. La estrategia de la abogada Pilar Oyarzún

A falta de ley, buenas son las leyes.

El 9 de abril de este año, la Corte Suprema emitió un fallo inédito: aun cuando no hay -ni menos había en ese entonces- una ley que entienda el acoso como delito, los jueces de la 4ª Sala del máximo tribunal de la Nación dieron la razón a Giovanna Riveri, reconociendo el hecho de que la mujer había sido acosada por un subordinado de su empleador (Ver documento completo en www.elperiodista.cl).

Los magistrados Marcos Libedinsky, José Benquis, Urbano Marín, Domingo Yurac y Jorge Medina entendieron por unanimidad que así había sido; y obligaron al empleador ligado al INDAP a pagar las indemnizaciones por años de servicio, las vacaciones proporcionales. Y un 20 por ciento más por concepto de multa.

Pilar Oyarzún, la abogada especialista en derecho minero y amiga de Riveri, había llevado el caso durante 8 años. Debió haber sido casi imposible imaginar en un principio en la posibilidad de obtener un fallo favorable.

Oyarzún considera que sí; que "pese a las dificultades y obstáculos jurídicos pudimos, no obstante haber transcurrido ocho años, lograr esto que fuera rechazado en primera y en segunda instancia".

¿Cómo se logró un fallo de esta naturaleza si el acoso sexual no existe como delito?

Como el Código Penal no contempla el acoso sexual como delito, pensamos que sería viable recurrir al Código Laboral y al conjunto de leyes del Trabajo.

En el Código del Trabajo hay una figura que se llama "despido indirecto", que se usa muy poco. Significa que el trabajador toma la decisión de irse por incumplimiento de las obligaciones de su empleador.

¿Una especie de auto-despido?

Sí. En este caso se tomó esta decisión: Giovanna se fue. Notificó primero a la Inspección del Trabajo, aduciendo que ella se iba obligada por ciertas situaciones que configuraban causales de término de contrato. Básicamente eran incumplimientos graves, y falta de probidad en las obligaciones del contrato. Son las mismas causales que usa el empleador cuando quiere despedir a un trabajador, pero que ahora se aplicaron al revés.

¿Pero cómo se asocia esto con el acoso?

Aunque no esté tipificado como delito, eso no significa que el empleador no pudiera causar esta situación de estrés en el empleado, que éste se enfermara y no pudiera seguir trabajando.

El está obligado a cautelar ciertas condiciones mínimas de salud y ambiente laboral; algo que está estipulado en la ley laboral y en el contrato firmado.

El Nº 1 del Artículo 160 del Código del Trabajo define la falta de probidad. En este caso el empleador no respondió por la conducta del subordinado acosador. A esta falta de probidad está ligada las vías de hecho, las injurias o la conducta moral grave. El número 5 de este mismo artículo indica los actos, omisiones o imprudencias temerarias que afectan la seguridad, integridad o salud de los trabajadores, y lo relativo al incumplimiento grave de las obligaciones contractuales.

Hasta el momento usted se ha referido al empleador y no al acosador.

Es el empleador el que tiene el deber de responder por los actos de sus subordinados. En este caso, el empleador tuvo las herramientas y la oportunidad para poner término a esta situación. Debió haber investigado. Tuvo todos los antecedentes -los informes del Sernam entre ellos- y no hizo nada.

Además de ello se demostró que el acoso había ocurrido. Con testigos, básicamente. Y con las cartas que Giovanna tenía en su poder.

¿Qué sucedió en el tribunal y en la Corte de Apelaciones? ¿Acaso no eran los mismos argumentos?

En primera y segunda instancia no se dio lugar a la demanda por despido injustificado o indirecto porque nunca fueron al fondo del problema. La Corte Suprema sí; la Corte recoge esto de que era evidente de que Giovanna no podía volver al trabajo por las circunstancias que vivía. Además estaba probado que ella tenía licencia por este motivo -el estrés, la depresión, etc.- Se acogió el que ella estuviera prácticamente obligada a irse.

A su juicio, ¿cuán importante fue este fallo en un contexto en que se tiende a negar tanto jurídica como socialmente la existencia del acoso?

Fue importante porque, pese a que no exista como delito, la legislación general protege al trabajador en este tipo de situaciones. Tenemos un sistema general al que se puede acudir. Obviamente si esto estuviera tipificado no habríamos estado 8 años en este proceso para obtener este resultado.

Ojalá que este fallo sirva para otras situaciones: interpretar la ley laboral en el sentido en que la interpretaron los ministros de la Corte.

2. Irene Magaña, psicóloga: "El mito es que el acoso no existe"

Dentro de la salud mental, "el acoso sexual, que afecta principalmente a las mujeres, es una situación particularmente compleja y grave".

Así lo estima la doctora en psicología y profesora de la Escuela de esta disciplina en la Universidad de Santiago (Usach) Irene Magaña.

El año 2001, la psicóloga encabezó un grupo de profesionales que se abocó a investigar este fenómeno mediante entrevistas con grupos focales.

¿Qué pudieron observar?

Primero los mitos y percepciones erradas que hay en torno al problema. Un mito generalizado es que a las mujeres que han declarado sufrirlo se les dice que lo han hecho por interés, porque quieren obtener con ello beneficios laborales. Otra de estas percepciones es que las mujeres son fundamentalmente histéricas o que son las provocadoras. Pero el principal mito es que el acoso no existe.

¿Hay un perfil definido del acosador?

Ese es otro mito. No: son personas muy normales en los distintos ámbitos de la vida.

¿Pero hay elementos en común, en cuanto a percepciones?

Hay ocultamiento. Hay negación de los acosadores. No se reconoce a nivel social este tipo de conducta. Incluso, la mayoría de las mujeres no lo reconoce como tal. Las mujeres piensan que este ocurre por culpa de ellas.

Pero la afectada...

Sólo lo reconoce cuando tienen alteraciones importantes en su salud mental, cuando van a consultar por otras alteraciones asociadas. Se cambian de trabajo, se sienten mal, estresadas, sin ánimo; empiezan a faltar al trabajo, piden licencias. Hay cefaleas, trastornos del sueño, alteraciones gastrointestinales. Hay casos severos de depresión.

¿Qué piensa usted en cuanto a que el fenómeno no esté tipificado como un delito?

El acoso es una conducta sexual no deseada que interfiere significativamente con el trabajo de quien está expuesto. Es un delito que debe ser penado, en caso de que se compruebe. Lo que no está bien definido es cómo se constituye la comprobación de este delito.

Puede haber gente cercana en el contexto laboral que esté dispuestos a testificar lo que ha visto -un asedio explícito, un tomar a la fuerza....

Lo que pasa es que hay dos tipos de acoso. Uno que se llama "Quid Pro Quo" es el más abierto; es el que tiene que ver con insinuaciones directas -tocar, amenazar verbalmente. Este es el más explícito; pero también el menos frecuente.

Hay otro acoso que es más difícil de determinar. Es el del "Ambiente Hostil". Tiene que ver con el propósito de interferir o alterar el rendimiento laboral de la persona, aun cuando no haya proposición explícita. Este tipo de acoso se da siempre en el contexto de relaciones de poder.

¿Qué concluyó usted y el grupo de investigadores que realizó este proyecto?

Que el acoso es algo que está oculto y es muy mal percibido por la gente; que hay una serie de mitos; que no hay diferencias en términos de clases sociales; que se culpabiliza a las mujeres que han sido víctimas.

¿El hecho de que se legisle contribuiría a cambiar esta percepción?

Poco. Este es un fenómeno social. Tiene que ver con las relaciones que se dan en un contexto complejo; tiene que ver con la discriminación y el poder. La construcción de género en sociedades como las nuestras, con este tipo de estructura económica y social, no está lo bastante avanzada.

El fenómeno está muy presente hoy porque hay más mujeres en el ámbito laboral. En este sentido, el acoso sexual laboral es relativamente nuevo.

3. La actriz en la tabla

Liliana Ross tenía 18 años cuando trabajaba como secretaria de su padre en una ferretería de artículos especializados. Un día cualquiera de esa adolescencia un cliente importante "empezó a decirme cosas. Y como yo soy bien `acaballá' y tana, y en esos días media guailona, noté que la cosa era un poco rara. Y el caballero se dejaba caer: que usted es aquí, que usted es allá".

El "caballero" la acechaba a prudente distancia de los cristales de la oficina que daban a la calle. Aguardaba a que Liliana estuviera sola para abordarla. "Yo sabía que si le paraba el carro podía perjudicar a mi papá. Además tenía un pololo enfermo de celoso, un verdadero Otelo. Todo se me juntaba".

Y un día le dijo: "`Mire: usted está malinterpretando'. Y el tipo se volvió loco. Me dijo: `¿usted cree que me voy a andar fijando en una persona como usted (yo estaba bastante desarrolladita por lo demás. Tenía todo lo mío bien puesto)? Y qué sé yo y qué sé cuánto. Y nunca más lo vi".

Después de eso no trabajó más en la ferretería. Se dedicó al teatro, entre otros asuntos dramáticos.


El Periodista S.A. Derechos Reservados
Presidente Consejo Editorial: Luis Casado
Director: Francisco Martorell
Editora General: Francisca Celedón
Dirección: Sótero del Río 541, oficina 519 Santiago de Chile.
Teléfono: (56 2)662 14 51-662 14 59 Fax: (52 2) 696 88 52.
director@elperiodista.cl