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La publicitada capturadel ex líder iraquí, fue calificada como el mayor triunfo propagandístico de George W. Bush, a menos de un año de las elecciones presidenciales en Estados Unidos y con la opinión pública a punto de pasarle la cuenta por una guerra que le estaba significando más costos que resultados concretos. Ya, una vez, la promesa de capturar a Osama Bin Laden quedó inconclusa y con miles de afganos muertos en la conciencia de un pueblo que no iba a dejar pasar tan fácilmente un segundo juramento sin cumplir, mucho menos aún, desistir del castigo a algún culpable de su catástrofe y actuales temores.
No obstante, el demacrado hombre que observamos en las imágenes del examen médico después de la captura, al que le buscaban piojos y le auscultaban la boca mientras la cadena de noticias norteamericana CNN repetía sin cesar la palabra "humillado", poco tiene que ver con el temido dictador, supuesto poseedor de amenazante armamento, que fue capaz de mantener el poder en Irak por 24 años a costa del terror de la población, y que no lo pensó al momento de desafiar a Estados Unidos y enfrentarlo en dos guerras.
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