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Editorial
Año 3, N°51, Domingo 21 de Diciembre de 2003
Lo que nos dejó el 2003
Francisco Martorell

"Nada" dijo Longueira que pasaría este año. Al igual que todos aquellos que aventuran sobre el futuro y que, en estos días, aseguran que tal o cual cosa pasará durante el año entrante, el timonel de la UDI no pudo alejarse más de la realidad.

Porque, al terminar estos doce meses, pareciera que todo pasó en el 2003. Fue un año de dos noticias por día y a veces más. Siempre sostuve que eso era un fenómeno netamente argentino y que los periodistas en Buenos Aires podían regodearse con qué elemento llevar en la portada. Aquí, este 2003, pasó lo mismo. Fuimos sorprendidos y participamos de un banquete de hechos.

Cual combate de Rocky, partimos con una Concertación en la lona vapuleada a golpes por su contrincante: la corrupción. Sucesos como el caso de las coimas en Rancagua e Inverlink actuaron demoledoramente contra la credibilidad de los partidos de Gobierno. El diario El Mercurio, incluso, llegó a empatar el tema de las violaciones a los DDHH con el simbólico título de "El memorial de la corrupción". Antes de marzo, cinco parlamentarios, un ex ministro y el presidente del Banco Central, además de un alcalde emblemático de la DC, estaban tras las rejas, a punto de estarlo o cuestionados en su eficacia. Por el lado de la derecha, un solitario diputado, Mario Varela, era el que enfrentaba a la Justicia. El gobierno hacía agua y parecía que sus anunciadas grandes concreciones, guerra en Irak por medio, se demorarían por las iras del imperio.

En ese marco, el presidente de la UDI, dijo que no pasaría nada. Y no tuvo más que decirlo para que las cosas empezaran a suceder. A partir del segundo semestre, la buena estrella cambió para la Concertación, con un Lagos bien evaluado y dos ministras con realizaciones que para el establishment eran perfectas. Los TLC comenzaron a decorar el firmamento concertacionista.

Los 30 años del golpe militar, conmemorados con imágenes por los principales canales del país, le devolvieron al conglomerado gobernante la legitimidad que había perdido en el primer semestre. Si había un memorial, para la gran mayoría de los chilenos éste era para las víctimas de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el régimen militar y no para la corrupción, como pretendía levantarlo el matutino de Agustín Edwards. Septiembre, al menos, empató las cosas.

Pero llegó octubre. Y si Longueira pensaba que nada pasaba, todo ocurrió en ese mes. El caso Spiniak cambió las cosas y en la percepción de la gente, dos meses después, la gran perjudicada es la Alianza por Chile, la misma que se preparaba para gobernar el 2006. Más allá de que existan o no dirigentes de ese partido vinculados al caso, políticamente el colectivo de Longueira mostró su incapacidad para enfrentar el tema racionalmente y, lo que es peor aún, desnudó su escasa credibilidad ante un grueso porcentaje de la población. La DC, que debió enfrentar los mismos rumores que la UDI, no vivió ni vive la crisis interna que soporta la tienda que fundara en los 80 Jaime Guzmán. ¿Por qué nadie, ni sus propios socios, le cree a Longueira la teoría del montaje?

El escenario político, entonces, a diferencia de principios de año, pareciera favorecer a la Concertación. Pero grupo alguno, en esta vorágine comunicacional, puede cantar victoria antes de tiempo.

Restan dos años para las elecciones presidenciales y hay, entretanto, comicios municipales. Ya sabemos, por lo que nos dejó el 2003, que las piezas en el tablero pueden reacomodarse fácilmente y obligar el comienzo de un nuevo juego. Pareciera que Lavín está dispuesto a jugarlo a partir de marzo y, mientras tanto, la Concertación deberá enfrentarse a la forma en que elegirá a quien la representará electoralmente en el 2005.

Se percibe, y así lo señalan las encuestas, que Lagos mantiene un alto índice de apoyo y que éste no será fácil de superar sin una voluntad clara del Presidente de ingresar a la arena electoral para abrirle paso a su sucesor.

El día que Lagos habló ante los periodistas que almorzaron con él en La Moneda, curiosamente, sostuvo en el salón Montt-Varas -haciendo alusión a los retratos de ambos personajes- que el primero había querido que fuera Varas su sucesor y que ello no pudo ocurrir porque se debió buscar a otra persona -José Joaquín Pérez- más aceptable para los sectores conservadores.

Las palabras de Lagos, en medio del discurso, no tenían mucha relación con el contexto, pero algo quiso transmitir el mandatario: Montt debió ceder a su voluntad y aceptar a Pérez. Llevadas a hoy las características de Varas y Pérez, sin duda que las palabras de Lagos podrían ser interpretadas como que La Moneda aceptará las candidaturas "abúlicas" de Soledad Alvear o de Eduardo Frei en contra de los deseos de que el sucesor de Lagos sea alguno de los apasionados Insulza o Bachelet.

El Presidente habló con símbolos y el país concreto no lo escuchó.

También dio a entender que, cualquiera sea su voluntad en ese día, persona alguna puede predecir qué ocurrirá en lo que resta de su período.

Finalmente el 2003 nos dejó eso. Cuando se dice "nada" puede pasar de todo, porque nadie está seguro de lo que vendrá.

Feliz 2004.

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