No sé qué me pasa pero ya no tengo ganas de hablar de algún tema que les interese a todos. El trabajo me tiene un poco sobrepasada (como a todos los idiotas que no estamos de vacaciones) y sólo reflexiono en los momentos en que me permito detenerme acerca de temas íntimos, que me conciernen sólo a mí. ¿Será exponerme demasiado?
Mi editor me va a retar una vez más por auto referente. Pero imagino que era lo que esperaban en alguna medida cuando me "regalaron" este espacio. Qué esperaban si no, si pese a que me consideraron una "líder de opinión", son re pocas las opiniones que me permito expresar. Y finalmente no soy ninguna gran pensadora, no me dedico a investigar mucho nada que no tenga que ver con mi pega y, por ende, mis reflexiones acerca de temas que podrían ser de interés común, son bastante básicas.
Me vuelvo a sentir como una adolescente. Sigo metida desde hace un par de años en esta crisis eterna y atormentada de los treinta (que todavía ni cumplo) y hago poco por salir de ella. Estoy escuchando un disco nuevo que me compré hoy. Me he comprado una cantidad de discos este último año que hasta me da pudor pensar en ello. Y es que en crisis, una necesita "salir a comprar" a veces. Es que ya no me regalan discos como cuando trabajaba en el asunto de la música. Es que mi generación de mujeres es bien rara, o yo soy la rara, es que todas tienen hijos y yo no, las que no los tienen ni piensan en ello y ya se habla hace rato de muchas actrices jóvenes de una generación de "recambio" que le llaman. Todo esto me hace pensar: ¿en qué estoy?
Hay que estar en algo, ¿no? En algún momento, etapa, qué se yo. Pues bien, yo estoy en nada. Bueno. Es injusto decir eso, no sé con quién. Injusto con la vida, con "Dios", con la suerte y las oportunidades que he tenido, profesionales, de crecimiento personal, etc. A decir verdad, debería estar saltando en una pata porque hoy me aprobaron un crédito hipotecario, voy a tener casa propia ahora y eso a mi edad es bastante difícil. Bueno, es algo de lo que debo sentirme orgullosa en relación a las compañeras de mi generación, al menos en eso voy un paso adelante. El tema es que voy a tener casa propia y no sé para quién. Para mí, obvio, pero no sé por qué toda preocupación que me parezca levemente individualista me genera culpa hoy por hoy.
Alguna vez en un cuento que escribí por encargo mencioné que la culpa era un sentimiento femenino. En oposición a ello, dije que el miedo era un sentimiento masculino. Sigo de acuerdo con eso, pero es algo que me cuesta explicar. A mí me funciona como una buena fórmula aplicable a infinitas situaciones. Casi como el pensamiento sicoanalítico. Redondo, perfecto, antojadizo, primitivo y con una gran fijación por lo sexual.
Es que así estamos configurados y qué le vamos a hacer. La vida es bastante simple en ese sentido. Somos nosotros los complicados, pero finalmente a todo el mundo le pasan las mismas cosas, y cuando yo cuento algo terrible que me ha ocurrido, parece que no soy la única, y el tema se torna liviano para otro, un interlocutor que escucha con cara de "ya sé, si sé, ya conozco eso" y debo reconocer, no sin culpa, que me carga. Que quiero algo de compasión pero a la vez demostrar que soy chora y valiente y me la puedo.
Quizás por eso entre los discos que me compré hoy figura uno que se llama "La Culpa". El último de Los Bunkers (están buenos, ¿no?). Todavía no lo escucho, pero es lo que haré apenas cierre este archivo. El primer single lo han rotado en las radios y en los canales de video clips como enfermos. Hoy pensaba en la culpa; el sentimiento de culpa, no el disco, y por eso fui directo a comprarlo. Esa canción está claro que la escribió un hombre. Un hombre aterrado y dolido, hacia una mujer, culpógena pero finalmente victoriosa. Algo de eso hay en mí en este momento. Aquí van un par de cortes:
"Ella usa la culpa a su favor mucho mejor que Dios, cero compasión"& Otro: "Mejor que no me hables, no me hables de sufrir, el tiempo es implacable si se trata de ti".
 |
Obvio que se trata de mí. Esta columna se trata de mí. Me van a echar de esta revista un día de estos por floja y auto referente. A la mierda con la culpa. Para lo único que sirve es para hacerse cargo de cosas que se interponen con los objetivos personales. Mejor voy a parar de divagar o voy a terminar contando cosas que efectivamente a nadie le van a interesar. Me voy a exponer gratuitamente a la humillación si no me detengo ahora, es más, ya me siento un poco estúpida como si hubiese estado hablando "en clave". Basta. Voy a seguir escuchando música. No sé si la música me permite reflexionar acerca de aquello que quiero saber y es "en qué estoy". Pero por lo menos me otorga un contexto, actúa como banda sonora, me gusta cantar, identificarme con letras que escribieron otros y que siento que son para mí. La música extirpa mis propias culpas. Como todo el mundo, fantaseo hasta el día de hoy con haber sido una estrella de rock. Haber tenido la capacidad de escribir canciones, con esas letras que identifican con tal inmediatez a cualquiera. No se requiere de una gran sensibilidad para hacerlas propias, no es como la poesía ni la música clásica. Hablo de la música popular.
"La música no tiene moral.
La música no tiene un mensaje para dar,
Y sin embargo te lo da..."
(Babasónicos, "Infame").
|