Año 3, N°59, Jueves 8 de Abril de 2004
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Artistas callejeros
Clásicos del Paseo Ahumada
(Por Francisco Ramírez)En el hervidero que se transforma cada día el centro de Santiago, los artistas callejeros son un respiro para los diligentes hombres y mujeres que caminan por sus veredas. El Periodista salió a conocerlos, a recoger sus historias, y a ponerlas en el papel. Estos son los clásicos del Paseo Ahumada. Ya se sabe, no son grandes artistas, pero tampoco quieren ser menos.

Entre vendedores ambulantes y predicadores, los artistas callejeros disputan la atención de los miles de transeúntes que a diario circulan por el corazón de Santiago. Ellos entregan un rato de esparcimiento que a menudo es recompensado por una moneda. Algunos están condicionados por un permiso municipal que les faculta para actuar en el centro y en horarios específicos, otros -un grupo más bien numeroso- se ve confinado a sectores menos rentables.

Dicen que tienen mejor público en las tardes, cuando la mayor parte de los trabajadores del sector abandonan sus plazas habituales y deambulan conversando con colegas o amigos, "vitrinean" en las tiendas o sencillamente caminan rumbo a la micro que les llevará de vuelta a casa. Y es que pasadas las 6 ya no hay tanta prisa como en las primeras horas del día, y es posible detenerse algunos minutos para ver a los artistas callejeros. Como relata uno de ellos: "no tiene mucho sentido venir a presentar un espectáculo en la mañana. Todos andan corriendo como locos. Los que tienen sus pegas aquí andan pensando en lo que tienen que hacer. Los otros, que simplemente vienen a comprar o a hacer trámites, tampoco están como para darse el tiempo de disfrutar de lo que hace el artista de las calles".

Lo que sigue es algo así como una selección, el grupo más emblemático de estos representantes de la creatividad y el ingenio popular. Conviene aclarar algo: resulta imposible reseñar a todos y cada uno de estos humoristas, músicos y cantantes, pintores y caricaturistas, magos, bailarines, hombres y mujeres "estatua", mimos, malabaristas y actores, que hacen de las calles céntricas su escenario, de los transeúntes su público, y de las monedas su sueldo. No están todos los que son ni son todos los que están.

Y así como le dicen a su público, "el arte de la calle es para todos: para los que tienen dinero y para los que no". Si quiere adentrarse un poco en sus vidas quédese, que para ellos "su presencia, amigo y amiga, también es importante". Con toda dignidad y sin querer ser menos, en El Periodista un aplauso les pedimos para estos artistas chilenos.


El mimo más conocido del país se llama Pedro Acuña, y tiene 30 años. Para quienes le han visto en el centro de Santiago, donde trabaja desde 1995, tal vez resulte difícil imaginar que el "Mimo Felipe" es un hombre mesurado, reflexivo y de expresión cuidadosa. Además de autodidacta. Conoció la práctica del mimo en las calles de Coquimbo, y más que imitar a los peatones, con su acto busca "ser un espejo de la idiosincrasia de los santiaguinos". Dice que no busca burlarse, sino que reflejar lo que mira. Para hacerlo observa detenidamente una ciudad en donde advierte personas "atropelladoras, faltas de educación, que caminan apresuradas y que si les es preciso atropellar y pasar a llevar al del lado, lo hacen".

"La cualidad esencial del mimo callejero, dice Acuña, es poder percibir el ánimo de los transeúntes para saber con qué persona se puede `trabajar'". Sabe "oler" a sus víctimas. Lo ha aprendido con la práctica y uno que otro desaliento. Un ejemplo: en una de sus primeras actuaciones en la Plaza de Armas, se puso frente a un caminante, imitándole "en cámara lenta", sin tener la precaución de mirar su rostro para intuir alguna mala reacción. El hombre le golpeó con un bolso en la cara, rompiéndole la ceja. Como su maquillaje era blanco, pronto se le fueron dibujando manchas de la sangre que fluía desde la herida. "Mi rostro tenía que verse horroroso, pero como yo no lo notaba, seguí actuando, hasta que el mareo me obligó a parar. Cuando vi que me caían gotas rojas sobre un zapato me percaté de que la rotura era grave. La gente quiso perseguir al hombre, pero la disuadí porque la culpa fue mía. Con los años he aprendido a intuir de inmediato si la persona viene enojada o no. Y para ello sólo tengo 1 ó 2 segundos", cuenta.

El "Mimo Felipe" trabaja durante la semana de 3 a 7 de la tarde, en jornadas en que emociona a los transeúntes. Como ese hombre que hace unos años se le acercó sonriendo pero con lágrimas, y que le confesó que en casi una década no había podido reír por el luto que guardaba tras la muerte de su esposa.

A Eduardo Placenco, de 31 años, le han gritado en el Paseo Ahumada "tú soy pedófilo" y "a ti te gustan los niños". Los insultos serían terribles... pero si estuvieran dirigidos a su persona. No sucede así con este bailarín que desde hace 3 años (estando cesante y tras ver un documental sobre su ídolo) se gana el sustento imitando, de lunes a domingo, a Michael Jackson.

Mientras en su radio portátil suena "Billie Jean", explica que "la paradoja es que son precisamente niños los que me dejan más propina. Además, Michael es mi personaje, no soy yo, pese a que tengo que producir su imagen y creérmela: yo debo `ser' Jackson por todo lo que dure mi show".

Baila desde los 8 años. Su experiencia le ha permitido concluir que dada la gran cantidad de artistas callejeros, aquel que más produce, hace llamativo y perfecciona su acto, es a quien se retribuye con más dinero, lo que en su caso -asegura- le ha traído envidias de otros bailarines.

Este hombre, que busca minuciosamente sus vestimentas en "ferias de las pulgas", fue hace unos años -el hecho fue informado en medios de comunicación- detenido por policías mientras actuaba, lo que generó una repentina protesta de transeúntes que no pudieron evitar que le llevaran a una comisaría, requisaran sus artículos y se le comprometiera a pagar una multa.

Si bien ha participado en programas como "¿Cuanto vale el show?" y "De pé a pá", ya no se presenta en espacios de "busca talentos" y continúa su batalla diaria en las calles. Tras intentarlo, razonó que "en esos casting de la TV todo está arreglado y la única manera de entrar es con pituto, es decir, conociendo a alguien importante, lo que para un artista de la calle es muy difícil".

Todos los veranos sale a recorrer el país y sabe que cada día le depara nuevos desafíos. Ya que en verdad Placenco no es Jackson y a diferencia del norteamericano, este hombre debe trabajar duro para ayudar en la mantención de su hogar, integrado porsu esposa y una hija.


Como parte de un espectáculo diario, Carmen Painequeo le entrega a su marido Luis Moraga 4 mil pesos que ha juntado en monedas de cien. El hombre se mete las manos a los bolsillos, haciendo sonar el dinero. Entonces pregunta una y otra vez si alguien puede obsequiarle una moneda de $10. Ante lo reiterado de la petición, Carmen le pregunta: "¿Y para que querís $10?". Su marido de dos décadas, padre de sus 3 hijos, muy suelto de cuerpo, responde: "Pa sus gastos, mijita..."

Es una suerte de "guerra de los sexos" la que montan, al frente de la Catedral. Y tiene su razón de ser: a su juicio, a la gente le divierte ver cómo una pareja se trata descaradamente como el perro y el gato. Llevan 8 años en el oficio, se hacen llamar el dúo "Titi Kaka", y se presentan entre 7 a 11 de la noche.

"Llevamos bastante tiempo con esta rutina en la que nos agarramos de las mechas y pegamos charchazos. Pero terminado el show, todo cambia ya que nosotros de verdad nos queremos", reflexiona Painequeo. Su marido agrega: "A la gente le gusta ver el conflicto y las peleas de otros. Incluso nos han llegado ofrecimientos de personas que nos han dicho que si nos ven tirarnos el pelo nos dejan más propina. Pero nosotros no somos así: con mi esposa nunca peleamos. Lo que hacemos es contar historias de la vida real".

Antes de trabajar con su mujer, Moraga formaba parte del dúo "Los grosos del humor", compartiendo créditos con Julio Monsalves, conocido ahora como "Peñeteñe". Pero la fama no le quita el sueño y ha optado, a diferencia de otros colegas, por mantenerse fuera de las pantallas. "Soy un guerrero, pero de la calle, no de la televisión", apunta. "Además, en la vida diaria la gente es nuestro desafío, pues es un público difícil. A veces uno no sabe cómo engancharla para hacerla reír. Eso sí, algo es claro: a comienzos de mes, después del pago, todos andan más relajados y predispuestos a pasarlo bien. Lo contrario es a fin de mes, cuando cada cual tiene sus preocupaciones", dice mientras atisba hacia el Paseo Puente y exhala el humo de uncigarrillo.


"Palito Show" lleva 45 años haciendo trucos de prestidigitación e ilusionismo. Vende sus "magias", pero su mayor fuente de ingresos es actuar en cumpleaños infantiles. Trabaja por las tardes en el centro santiaguino. Es presidente de la "Corporación Cultural de Artistas Peatonales", entidad que con 60 miembros lucha para que los artistas callejeros trabajen libremente, sin exigencia de permisos municipales.

"En mi acto yo ilusiono con el verso. Le doy vida a los trucos", explica René Alvárez, de 67 años, añadiendo que su particular vestimenta es parte de una presentación humorística que a menudo incluye un singular informe meteorológico: "Para mañana la temperatura mínima será la más baja", vaticina, entre miradas sorprendidas. Exhibiendo un amplio repertorio de trucos, aborda a una niña espectadora: "Esta magia está como sacada del cuento de Aladino y la lámpara maravillosa". De pronto, los padres parecen querer irse, sin comprarle un truco. "No llore, mijita. Estoy todos los días acá... hasta cuando su papá encuentre trabajo", se despide. "Y ahora otra magia", dice al auditorio.

Recuerdos de su vida artística le emocionan. "He visto a niños que fueron `pelusitas de la calle' que vienen a verme, aprovechando sus salidas dominicales de prisión".

"Palito Show" conoce el aplauso. Ha actuado en Noche de Gigantes, Sábados Gigantes, Éxito, Hágase Famoso, ¿Cuánto vale el show? y Ciudad Gótica. Su magia ha transitado por Chile y países sudamericanos. Tal es su reconocimiento en las calles que en 1992 el partido Unión de Centro Centro lo presentó como candidato a alcalde por Santiago. "Saqué poco más de 1000 votos, contando el de mi señora y el mío", comenta.

El mago animó un cumpleaños de Pinochet, del que conserva una fotografía en la que se observa un General complacido. "Está imagen me salvó muchas veces. Cuando en los 80 me detenían por trabajar sin permiso, lo que sucedía a menudo, pedía hablar con el jefe de policía y le mostraba la foto. El hombre se ponía nervioso, y me soltaba de inmediato".


Fernando Villablanca (trompeta), Carlos Barrios (saxofón), Juan San Martín (tambor), Domingo Ayar (timbal) y Jorge Reyes (trombón) son los integrantes de la Poli Jazz Band, cultores de jazz instrumental en su vertiente "Dixieland", nacida en New Orleans, y que les permite improvisar en base a melodías reconocibles. Louis Armstrong, Glenn Miller y Cole Porter son algunas luminarias que incluyen en su repertorio.

Su permiso municipal les permite tocar en Huérfanos con Estado, de lunes a viernes entre 19 y 21 horas, y los sábados y domingo, de 11 a 15. Si bien hay artistas que para actuar en horarios ventajosos infringen las normativas, estos músicos saben que su show les hace particularmente identificables por la policía. "Hace dos años nos llevaron presos. Teníamos un permiso de actuación ampliado, pero sólo transitorio. El carabinero no lo entendió así, tuvimos que pagar el parte tras cinco horas detenidos junto a delincuentes de todo tipo", añade.

Estos músicos profesionales advierten que tocar en la calle tiene sus pro y sus contra. Señala Ayar: "lo bueno es la gran variedad de gente que transita a la que si le das un espectáculo que le guste, te retribuye bien. Lo malo es que cuando te ofrecen tocar en locales y lo hacen con ofertas mezquinas, a precio de `artista de la calle'".

Estos jazzistas se reúnen cada día para actuar y juntar algo de dinero, pues corren malos tiempos para músicos como ellos. Si bien en el pasado actuaron en diferentes orquestas, ya con la implementación del "toque de queda" por la dictadura comenzaron las estrecheces, dado el cierre de locales. Hoy deben actuar hasta en eventos, de tarde a madrugada, en que les pagan 10 mil pesos por músico. "Antes existía vida bohemia", hace memoria Reyes. "Pero esa vida nocturna se acabó y hoy la gente tiene otros gustos. Ya no va a ver una orquesta, sino que paga 3 mil pesos para entrar a una salsoteca. Y ahí los dueños ponen un CD que les sale más barato que contratar músicos. Así es que como ya no nos ofrecen contratos, no nos queda más que salir a tocar a la calle".

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