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Editorial
Año 3, N°65, Viernes 2 de Julio de 2004
Desempleo: ¡es la estrategia... estúpido!
Francisco Martorell

Finalmente una cifra de este 2004 sorprendió a algunos, y no gratamente.

El desempleo, que en el trimestre marzo-mayo del año anterior se mantuvo bajo el 9 por ciento, trepó en el mismo período, doce meses más tarde, hasta un 9,4, arrojando sobre la cara de los responsables de Hacienda un drama social que afecta a 580 mil trabajadores.

Lo malo es que, como el año pasado se crecía a un 3 por ciento y éste al 5, se esperaba que la tasa de desocupación sería inversamente proporcional y que, por ende, del 8,8 del 2003 se pasaría a un número más bajo y, para algunos, sustancialmente más bajo.

Ello no ocurrió.

Esta cifra, que para muchos de nuestros lectores puede no decir nada y que para la clase política gobernante, me refiero tanto al oficialismo como a la oposición, puede responder a mil razones, desde estacionales hasta internacionales (excusas siempre hay), para nosotros significa que se acabó en Chile el crecimiento con empleo. Esta es una verdad que, tanto los economistas del stablishment, los grandes empresarios como el Gobierno, se niegan a reconocer.

Si Chile crece al 5 y el desempleo sube al 9,4, en igual trimestre que el año anterior donde la tasa de cesantes era del 8,8, es decir un 0,6 menos, es porque existen razones estructurales que limitan el aumento de la ocupación bajo la actual estrategia de crecimiento. Lo dijimos en esta revista hace algún tiempo y ahora lo volvemos a afirmar.

No se quiere reconocer el agotamiento de la estrategia vigente, aunque ésta haga agua por los cuatro costados. Ello explica que el ministro Nicolás Eyzaguirre se haya equivocado sistemáticamente en sus pronósticos de crecimiento y ahora en los de empleo.

Los empresarios, sobrepolitizados y desesperados por aumentar sus utilidades apelan a la disminución salarial, insistiendo majaderamente que el desempleo se debe a la rigidez en el mercado de trabajo.

El ex ministro de Hacienda, ahora senador Alejandro Foxley, uno de los sorprendidos con la reciente cifra de 9,4 por ciento, en lugar de intentar alguna propuesta original, al conocer el aumento, no se le ocurrió nada mejor que apoyar la visión empresarial, insistiendo en el proyecto de flexibilidad laboral ya rechazado por los trabajadores.

El ciclo expansivo 1984-1997 de la economía se basó en el sector forestal, la pesca, frutas, vino y cobre. Sin embargo, la mayor parte de estos recursos naturales de exportación se enfrentan hoy día con nuevos exportadores que provienen de variadas latitudes, en particular de los propios vecinos así como de países del Pacífico y del este de Europa. Por ello, y más allá de situaciones de coyuntura, los empresarios se han visto obligados a esfuerzos tecnológicos para mejorar la productividad en un mercado internacional altamente competitivo en los sectores de exportación que caracterizan a nuestro país.

La consecuencia ha sido una sistemática disminución de la mano de obra en relación al capital invertido, la que lamentablemente no encuentra facil ocupación dada la escasa diversificación productiva de nuestra economía.

La banca, en el marco de la apertura chilena, se ha concentrado aceleradamente. Así, se observa en los últimos años una agresiva compra de entidades financieras tanto por el capital nacional como el internacional, en particular el español. Las consecuencias naturales del proceso de concentración de la banca, con escasas regulaciones, han sido tres: un control oligopólico del mercado, que les ha permitido altas ganancias; la no trasmisión de las reducciones de la baja de la tasa de instancia monetaria del Banco Central en favor de las Pymes, lo que ha golpeado duramente a los pequeños empresarios, fuente principal del empleo en Chile; y la generación de un alto desempleo en los trabajadores del sector.

En el ítem servicios, principalmente telecomunicaciones y energía, los empresarios nacionales, gracias a las privatizaciones y escasas regulaciones, hicieron una gran acumulación a fines de los ochenta y comienzos de los noventa. Cuando detectaron la atenuación del ritmo de crecimiento económico y un mayor grado de regulación, que les impedía continuar con sus ganancias extraordinarias, optaron por vender sus activos a capitales españoles. En éstas se produjo un doble fenómeno: por una parte, incorporación de tecnologías sofisticadas y, por la otra, "racionalizaciones" en los procesos productivos, sinónimo de expulsión de trabajadores..

Como la banca, los servicios y los sectores de producción-exportación tradicionales han acelerado su concentración y están incorporando mejoras tecnológicas para ser más competitivas y aumentar sus ganancias. Escasamente se puede esperar de ellos una mayor oferta de empleos, aun con un PIB del 5 por ciento.

Esta es la realidad actual y tendencial en una economía que se centra en la producción de recursos naturales sin iniciativa para potenciar nuevos sectores de actividad que generen mayor valor agregado nacional y consecuentemente más empleo.

Por otra parte, con la profunda apertura a los Estados Unidos, Corea y la Unión Europea y con nulo apoyo estatal a los pequeños empresarios, la quiebra sistemática de éstos es otra realidad insoslayable del actual patrón de crecimiento..

En suma, si no se modifica la estrategia económica vigente, el alto desempleo persistirá con un crecimiento que además nunca alcanzará los niveles del período 1984-1997. Si, por el contrario, el Gobierno hace un viraje, impulsando nuevas actividades de transformación y de servicios para recuperar la actividad y el empleo, el futuro de Chile puede ser auspicioso. Esto es posible si se reconoce en el Estado un agente orientador del desarrollo y si, además, se adopta una política económica activa.

Una nueva estrategia debiera colocar el empleo y la equidad en el centro delas preocupaciones gubernamentalesy no las opiniones de las agencias de riesgo de Wall Street.

Si no entendiste, esta vez no es la prensa, estúpido... ¡es la estrategia!

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