Año 3, N°76, Viernes 03 de Diciembre de 2004
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El inglés macarrónico de Lagos
( Escribe Louis Casado )


Patético. Pa-té-tico. Ya no me gustaba verlo oficiando de chamorro de circo pobre, recibiendo una y otra vez al paquete de claveles que vino a la APEC. Aun menos verle soportar estoicamente las condescendientes palmaditas en la espalda de Dobeliú. Y la demasiado familiar cogidilla por el cuello que le dio el jefe del imperio al entrar en La Moneda. Para qué decir la cena de la Estación Mapocho, apenas acabada de secar después de la inundación del domingo anterior: algún vecino prestó las sillas, los platos y cubiertos que faltaban, y alguien compuso un menú con pretensiones de gastronomía pero se estaba lejos de Versalles. A pesar de los rizitos y el amaneramiento de Sommerville. Todo eso, me dije, es el precio que hay que pagar para celebrar el advenimiento del mercado sobre la tierra. Pero oírle hablar inglés... fue un pelín demasié. Patético te digo. Sobre todo que en el imperio están empezando a demoler la mediagua. Al parecer la globalización ya no es "top". En un artículo publicado en el último número de BusinessWeek, revista poco sospechosa de izquierdismo, se ponen seriamente en duda no sólo los pretendidos beneficios del libre mercado, sino también los fundamentos en que reposan todos los TLC. ¡David Ricardo a las rejas! La teoría de las ventajas comparativas, que pretende que los países ganan comerciando entre ellos, se nos va a las pailas. Señores muy serios están empezando a dudar del dogma. Entre ellos Paul A. Samuelson, premio Nóbel de economía. El dinámico crecimiento de China y la India le hacen pensar a Samuelson que los EEUU saldrán perdiendo en un sistema de libre mercado. Y ése es todo el problema. Porque en el pragmatismo yanqui se es libremercadista sólo mientras gana el imperio. El subtítulo del artículo firmado por Aaron Bernstein lo dice todo: "Durante décadas los economistas han insistido en que los EEUU ganan con la globalización. Ahora ya no están tan seguros". Como consecuencia de la globalización un país podría crecer y ser más pobre al mismo tiempo. Un tigre llamado Jagdish N. Bhagwati, de la Universidad de Columbia, lo había demostrado en un artículo publicado en 1968 y bautizó el fenómeno: "enmiseriarse". Por oposición a enriquecerse. Cuando lo digo yo no pasa nada.(1). Pero cuando lo dicen los "expertos" del imperio vienen como diarreas. A pesar del patético esfuerzo de Lagos por hablar el idioma de los mercaderes, todo el edificio de la economía neoliberal se está derrumbando. Otra de las consecuencias de la exposición del imperio a la libre competencia se traducirá por la masiva destrucción de empleos calificados. Lawrence F. Katz, profesor en Harvard, dice que los profesionales yanquis "tienen el derecho de estar asustados". Normal cuando se enteran de que China y la India están graduando más ingenieros, técnicos y profesionales que los EEUU, y que las multinacionales deslocalizan hasta las tareas más sofisticadas gracias a Internet y la puñeta de las comunicaciones. El almácigo de distinguidos economistas citados por BusinessWeek termina concluyendo en que los beneficios de la globalización irán a las multinacionales y al riquerío, y que los asalariados y los consumidores se tendrán que chupar el dedo. Por mi parte, modestamente, siempre he dicho que para llegar a esa conclusión no hace falta ser economista. Basta con haber nacido pobre. ¡La que te ahorras en estudios caros! Otra consecuencia inesperada de los sesudos estudios de los economistas yanquis podría ser la reedición de El Capital de Karl Marx. Es sabido que la primera edición tuvo su más grande éxito en New York, y más precisamente entre la "comunidad financiera" neoyorquina. En dicha obrilla publicada en 1867, Karlchen ya comentaba, para solaz de la "comunidad financiera", que ellos serían los grandes ganadores de la globalización que tanto le gusta a nuestro practicante del inglés macarrónico. Y que, dicho sea de paso, para sobrellevar su dificultoso poliglotismo, podría haberse facilitado la tarea aprendiendo simplemente cómo se dice en inglés: "¡ Salve Bush, los que te llevan el botijo te saludan...!

1.- Vete a leer mi libro «No hay vacantes». Ed. El Periodista. En toda buena librería.

2.- «Carlitos», en alemán... no me digas que no lo sabías...

«El inglés macarrónico de Lagos» - Luis CASADO - para El Periodista - 30/11/2004

 

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