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El último informe del Programa para el Desarrollo Humano de las Naciones Unidas (PNUD) hizo que muchas voces se alzaran para mirar con mejores ojos a los medios de comunicación.
No faltó aquel intelectual desprevenido que, al conocer los resultados de "El poder: para qué o para quién", se apresurara en aplaudir a los periodistas como si el logro que reflejó el "poderómetro" fuera exclusivo de una profesión que por años ha debido soportar al Poder. Reconozco, incluso, que fui felicitado por más de alguno. El titular, una vez más, tapó el problema.
¿Qué entregó el PNUD?
Un informe que, entre otras cosas, señala que un grupo de 222 personas representativas de la "elite chilena", mayoritariamente cree que "los medios de comunicación están a la cabeza del Poder en Chile".
Tal aseveración se construye, dice un comunicado de la entidad internacional, por "su capacidad para crear condiciones de mayor transparencia en la sociedad".
Ello, a raíz del papel que ha jugado el periodismo, no está lejos de la realidad. Pero no necesariamente los medios de comunicación reflejan todo aquello que ocurre en una sociedad. Por el contrario, decenas de conflictos e ideas, así como personajes e iniciativas, quedan fuera de la realidad, precisamente, por el ninguneo que de ellos hace la Prensa.
Una cifra, emanada de este estudio, señala que en Chile aumentó el porcentaje de gente que cree que es bueno que "se muestren los conflictos para que aparezcan los problemas" y que el guarismo subió de 28 a 42 por ciento en tres años. Ello, sin duda, muestra una sociedad más abierta y tolerante a la crítica.
Lo que el estudio no puede decir, porque no es para eso, es que los conflictos que más se muestran en la Prensa son los que menos importancia tienen para el diario vivir de los chilenos.
Lo negativo de los resultados que arroja el informe del organismo internacional, son las instituciones que aparecen detrás de la Prensa. Según el PNUD, "siguieron los ministerios del área económica y los grandes grupos económicos". En cambio, dice el comunicado de la entidad, "los sindicatos, los colegios profesionales y las ONG se situaron en los últimos puestos, de lo cual se desprende que la menos poderosa sería la sociedad civil que aquellos representan".
Si se analiza la concentración de los medios de comunicación, y como éstos, especialmente los diarios que son los que hacen la agenda, aunque el impacto lo produzca la TV, cada vez están más asociados a los grupos económicos, se infiere que el poder en la sociedad lo tiene el dinero. Si esta forma de pensar, que es de la elite, es compartida por el resto, la situación es preocupante.
Pero, incluso ante el caso que no lo sea, también es importante considerar que la elite, finalmente la que toma las decisiones, se doblega ante aquellos que manejan la fuerza de las finanzas.
Llama la atención, sin duda, la escasa importancia que le da la elite a la sociedad civil, quizá por desconocimiento de lo que está ocurriendo en el Chile de hoy. Este estudio muestra a un grupo temeroso de los medios de comunicación, del poder del ministerio de Hacienda y de los grupos económicos, pero ignorante de qué son las ONG, las organizaciones civiles, la gente de a pié, en definitiva, la que está motorizando a la sociedad. Un hecho concreto, tal vez sin precedentes, es que la Corema haya decidido suspender las faenas de la Celulosa Arauco, produciendo un dolor de cabeza a Eyzaguirre, una caída en la Bolsa de Comercio y una pataleta en uno de los principales grupos económicos del país. El poder de la irritación de la gente, por lo que le ocurrió a un medioambiente protegido, obligó a la autoridad a tomar medidas contra lo que la elite considera las instituciones más influyentes del país. Por ende intocables. Este último caso, sin duda, explicita el por qué la elite le teme a los medios. Piensa, según el PNUD, que estaría "emergiendo una opinión pública que, en una alianza con los medios de comunicación, demanda más explicaciones a quienes ejercen la conducción de la sociedad, sin importar lo duras que puedan ser las respuestas ya que está más dispuesta a asumir y procesar los conflictos que ellas puedan acarrear". Pero, además, está consciente que no ha perdido la batalla. "La elite no deja de reconocer que estos mismos medios de comunicación que los ponen en jaque son también un recurso de poder disponible para ellos. Concientes de eso, la elite busca aprovechar deliberadamente los medios de comunicación con el objeto de influir eficazmente en las conversaciones públicas", concluye el informe. De allí la necesidad de que la Prensa no sea una y dependiente de los grupos económicos.
Para el PNUD, en un análisis que hace de su estudio, el grupo encuestado "ostenta un déficit en su apertura al resto de la sociedad, tanto en lo ideológico como en el reclutamiento de sus miembros".
Destaca también que "la elite chilena presenta un cierto déficit de integración `vertical', es decir, con el resto de la sociedad". Allí se establece por qué dentro de ella no se manifiesta la diversidad de la sociedad.
"La elite en Chile-, dice el PNUD-, debe enfrentar su tendencia a cerrarse sobre sí misma".
Según el organismo, desde la óptica del Desarrollo Humano, "se requieren elites poderosas, permeables a la sociedad y que estén concientes de su accionar y de su responsabilidad. Es de esta manera como la sociedad puede potenciar su autodeterminación colectiva".
El trabajo del PNUD, sin lugar a dudas, entrega una herramienta fundamental para entender qué pasa en Chile, hoy, convirtiéndose en algo más que en una fotografía del desarrollo humano y en la prueba concreta de una sociedad en pugna con una elite que se ha enquistado y que se resistirá a democratizarse.
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