Año 3, N°79, Viernes 11 de Marzo de 2005
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Ramón Griffero, dramaturgo:
"Toda pasión individual también es colectiva"
(Por Francisco Ramírez)Ramón Griffero ha repuesto "Extasis o la senda de la santidad", una controvertida pieza que causó más de una confrontación ideológica hace poco más de 10 años. ¿Por qué esta decisión de reponerla? Porque, según plantea, "como el teatro es efímero, debe remontarse para que vuelva a existir".


Mientras en enero el Festival Internacional de Teatro a Mil pareció "devorar" la cartelera teatral, Ramon Griffero fue por su propio camino y presentó dos obras de su autoría que estrenara en la década de los 90, cuando dieron mucho que hablar: "Río Abajo" y "Extasis o la senda de la santidad", la que sirvió para inaugurar el Centro Cultural Mori; pieza que volverá a la misma sala a partir del 31 de marzo para una nueva temporada.

Conversar con Griffero de éste y otros temas no menos relevantes del arte dramático contemporáneo chileno es un viaje en el que los paisajes y los contextos que les dan vida se renuevan vertiginosamente.

Generoso con las ideas, el autor posibilita que su interlocutor advierta que, en un director de reconocida trayectoria, deferencia y grandeza no tienen por qué ser antagonistas.

Con "Extasis..." usted abordó un tema como la santidad en un mundo en el que más bien se consagran la violencia y el mal. ¿Su reposición fue, por tanto, una reacción a tal tendencia?

Creer en una pasión es un acto de plena vigencia. Un elemento fundamental en "Extasis" era el martirio y basta ver el mundo islámico para advertir su relevancia.

Cuando alguien se mata haciéndose explotar por su religión y sostiene que por ello llegará al Paraíso junto a Alá, incurre en algo semejante al sacrificio del mártir cristiano que muere por su fe y se va a la diestra de Dios Padre.

En base a eso, me parece que una obra teatral no puede pensar sólo en el limitado territorio de Chile sino que debe expresar al ser humano como habitante de un planeta. Una obra de arte no puede reducirse a lo local y cotidiano y, desde ese punto de vista, la pasión religiosa es universal, sea cual sea su particularidad.

¿Quiso usted con el periplo del protagonista dar cuenta de un mundo individualista en que el hombre responde a sus aspiraciones, independientemente de su entorno?

No si consideramos que toda pasión individual es también colectiva y que escribir artísticamente, incluso desde una perspectiva personal, refleja un sentimiento general.

Un artista trabaja a partir del imaginario de la sociedad, y aunque esté aislado habla de temores, miedos y emociones siempre colectivos. Quizás lo particular de hoy sea que, a diferencia del siglo XX, ya no existen utopías políticas colectivas. Sin embargo, el deseo de santidad es de carácter universal pues remite a la trascendencia.

¿De qué manera el protagonista de "Extasis" lucha por alcanzar este anhelo?

El título contiene la palabra "senda" y el personaje precisamente recorre muchos caminos: la búsqueda del amor, la autoflagelación, la lucha contra el demonio, en cuya persecución trata con asaltantes y prostitutos y participa en un crimen. En esta aspiración juega un rol muy fuerte la sexualidad, por lo que si bien busca combatir las células de su cuerpo contaminadas con el deseo, a la vez lo ofrece al castigo, la tortura y el martirio.

La controversia que el montaje suscitó en los 90 no tuvo lugar hoy. ¿Perdió la obra su poder subversivo?

Bueno, pues esa supuesta "subversión" no era producto mío. Se consideró así pues se vio un ataque a la Iglesia cuando esa nunca fue mi intención. "Extasis..." sólo hablaba de nuestra cultura, que es cristiana.

Un ejemplo de lo que resultó chocante fue la escena cuando Andrés, el protagonista, ya en el Infierno, llega al Ejército donde debe violar el mandamiento "No matarás", ejecutando a una persona. Entonces, en 1994, se consideró que aquello atentaba contra la reconciliación nacional.

Ha pasado mucho agua bajo el puente desde el estreno de "Extasis..." ¿Qué pertinencia le otorga a su vuelta a escena en un Chile que se aleja de su pasado más doloroso?

Las obras de teatro forman parte de un repertorio y cuando, de alguna manera, pasan a formar parte de la memoria de un país siempre son remontadas. Nadie, por ejemplo, puede preguntarse por qué "Hamlet" se ha escenificado 20 mil veces.

Esta reposición tiene lugar en medio de cambios a nivel nacional y mundial. Cuando se estrenó "Extasis..." en 1994 estábamos en "transición", con Pinochet como comandante en Jefe del Ejército y un Informe Rettig no del todo creíble. En ese contexto, esta obra se consideró subversiva, amoral y fue censurada. Hoy ya puede ser vista como una visión artística sobre el imaginario de alguien que quiere ser santo y héroe. Personalmente, también sentía una suerte de deuda porque en su momento no tuvo la difusión que debió haber tenido y el teatro, como es efímero, debe remontarse para que vuelva a existir.

HOMBRE DEL NUEVO SIGLO

La impronta de Ramón Griffero suena, y fuerte.

Destacados directores y actores de la generación actual ensalzan sus méritos, sin soberbia, incluso con humildad. Una razón: dos décadas innovando en el arte teatral generan respeto y admiración. Súmese a ello su trabajo como artista de vanguardia crítico durante la dictadura -en los 80 fundó el "Teatro Fin de Siglo" y "El Trolley", galpón donde se darán cita creadores de la resistencia cultural de esos años y además escenario de la trilogía de Griffero "Historias de un Galpón abandonado", "Cinema-Utoppia" y "99-La Morgue" - y el resultado es un hombre cuya experiencia no puede sino ser valiosa para creadores que se la juegan por concebir espacios de luz en el día a día de un mundo inmerso en angustiosas preguntas.

"Extasis..." fue elegida por los conocidos actores Benjamín Vicuña y Gonzalo Valenzuela para inaugurar el Centro Cultural Mori. Su legado también ha sido destacado por jóvenes directores como Manuela Infante ("Juana"), entre otros. ¿A qué atribuye esta valoración de su arte?

En los 80 el trabajo desarrollado por compañías como "Teatro de Fin de Siglo" y otras fue de resistencia política a la dictadura, pero también buscó generar un lenguaje artístico "autoral" que no fuera "fotocopia" del arte teatral francés, inglés, etc.

Para la actual generación de directores es posible encontrar referentes en esos trabajos, en su propio país y sin tener que conocer los últimos estrenos de Europa. Esa es una de las características positivas del teatro actual: la autoría. Una muestra de ello es que el público constató que en el último Festival de Teatro a Mil hubo obras nacionales superiores a las europeas. En todo caso y viendo la "historia chica" uno puede ser referente, pero Chile tiene una tradición teatral de mucho más largo aliento.

¿No remitirá esta búsqueda a una cierta orfandad de la nueva generación frente al predominio de un arte de consumo masivo en desmedro de opciones más transgresoras?

El único problema del teatro artístico es que ha perdido su libertad de expresión al no tener acceso a la difusión. Hoy da lo mismo haber recuperado esa libertad si no existe promoción. ¿De qué sirve escribir un libro o una obra teatral si nadie sabe que existe?

Chile tiene una creación teatral variada y muy buena, pero ése no es tema para la televisión que sí habla del arte de mercado. También es cierto que esto forma parte de un espíritu de época en que la farándula, que si bien puede existir, abarca todo el espectro impidiendo que la creación teatral se dé a conocer. Un afiche publicitario no basta si es que un producto artístico sólo se hace conocido si aparece en televisión.

¿Qué implicancias tiene estar impedido de esta promoción?

Los medios de comunicación censuran la difusión y, por lo tanto, restringen la libertad de expresión y el pluralismo: esa es nuestra censura actual. Lo preocupante es que ésta no es siquiera premeditada sino que se origina en el nivel de ignorancia de los portavoces y encargados de los medios masivos. ¿En qué espacio voy yo, con más de 20 años de trayectoria y premios en el extranjero, para ir a hablar de una obra de teatro? Y si yo, con tales antecedentes, no tengo acceso a la televisión ¿cómo la generación emergente podrá transmitir su imaginario al país?

¿Eso le motiva en sus gestiones para concretar la adaptación cinematográfica de "Extasis..."?

Es que el cine es una industria con capacidad de divulgación, no como el teatro, y dado su actual auge y el fomento con que cuenta tras la vigencia de la Ley del Cine y el Audiovisual es posible llevar una obra así a su formato. Para su estreno nada de esto existía y pensar en una película era imposible. En muchos países occidentales su teatro inspira grandes películas, como en Inglaterra donde ¿cuántas películas se ha hecho de su dramaturgia? ¡Miles! En cambio, nosotros... Creo que, aunque atrasadamente, debemos ingresar en esa tradición. Además, que el cine es otro género que instaura la memoria de un país.

 

 

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