Año 3, N°79, Viernes 11 de Marzo de 2005

Gabriela Mistral y Chile:

"Pude no volver y he vuelto"

El 15 de noviembre próximo habrán transcurrido sesenta años desde que se le otorgara a Gabriela Mistral el Premio Nobel de Literatura. La conmemoración permitirá volver sobre su obra y su vida, pero será insuficiente para explicar la dimensión de su patria y el porqué de su autoexilio.


Desde que dejara Chile, a los 33 años e invitada por el gobierno mexicano, Gabriela Mistral regresó a nuestro país sólo en tres ocasiones: en 1925, en 1938, y en septiembre de 1954, tres años antes de su muerte en Nueva York.

En este último viaje, y según nos lo relata pormenorizadamente la guatemalteca Magdalena Spínola, se evidencian dos actitudes en relación con esa "visita" oficial: de una parte, la de un país representado por sus organismos políticos y culturales que quiere homenajear a Mistral en su calidad de mujer chilena ejemplar y, del otro, la de una Gabriela que no calza absolutamente con el tono que van adquiriendo aquellos festejos y que, en algún momento, parecen distanciarla aún más de Chile, pues el exceso de celebraciones no le permite cumplir su principal cometido, el que, según declaró a unos periodistas en Nueva York, era recorrer las aldeas y provincias de su país "como un fantasma llevado de la mano por un niño".

"LA DESASIDA"

En ese septiembre de 1954, durante las numerosas ceremonias que se realizan en su honor, Mistral inicia sus discursos leyendo algo previamente escrito para la ocasión, para muy pronto interrumpir esa formalidad confundiendo sus papeles, pidiendo excusas por el error, e improvisando sobre la marcha algunas palabras, las que son en general duras críticas al país y a sus representantes.

Ese gesto acentúa en Mistral una actitud de distancia crítica con respecto al exceso de formalidad grandilocuente y a los discursos "artificiosos" de la identidad nacional que la petrifican a ella como monumento, encubriéndola más que reconociéndola.

Los siguientes gestos tienen lugar en el agasajo multitudinario que le ofrece la Federación Chilena de Instituciones Femeninas, en donde los discursos exaltan su "alma excepcional", sin definir claramente en qué consiste aquello. "Usted misma "le dijo la presidenta de la Federación" ha adquirido la calidad de madre, y así se ha multiplicado el número de sus hijos. Y es por eso que Chile la recibe hoy con tan fervorosa ternura".

¿Por qué se la lee bajo esta figura? El filósofo chileno Patricio Marchant nos explica el asunto de manera descarnada, pero certera: "Pasividad ante la madre sin falta, la Madre buena, la Madre por excelencia que expresa la pasividad fundamental que domina el carácter chileno".

Luego de las palabras de la presidenta de la Federación, irrumpe una Gabriela muy lúcida y concreta, pidiéndoles que se lean dos poemas de Lagar : "La desasida" y "La abandonada". Ya los títulos parecen anunciar a una mujer distinta de la que estas "instituciones" homenajean. Se queja en "La desasida": "Y yo decía como ebria:/ ¡Patria mía, Patria, la Patria!/(&)/ Pude no volver y he vuelto./ De nuevo hay muro a mi espalda,/ y he de oír y responder/ y, voceando pregones,/ ser otra vez buhonera./(&)/ Pero me iré cualquier día/ sin llantos y sin abrazos,/ barca que parte de noche/ sin que la sigan las otras,/ la ojeen los faros rojos/ ni se la oigan sus costas".

La patria se balbucea "ebriamente" pues describe más bien la no pertenencia de Mistral a los lugares. Como en "País de la ausencia" de Tala, donde declara que morirá en "país sin nombre". Ella, pudiendo elegir otro camino, ha decidido volver, a un lugar donde, contra la pared, tendrá que responder preguntas y transformarse, a partir del voceo público, en "vendedora de baratijas".

La segunda estrofa transcrita, con la cual concluye el poema, anuncia una muerte que tendrá lugar en medio de la ataraxia ("sin llantos y sin abrazos"), el desarraigo y la indiferencia total. El elegir este poema, algo encifrado para el público que asiste a este tipo de ceremonias, implica que el mensaje apuesta a su no-decodificación. Pero entonces, ¿Por qué elige dar a conocer justamente este poema en un encuentro que se supone fraterno y de gratitud? ¿Por qué optar por la forma oblicua de denuncia, interfiriendo la comunicación y violentando la codificación más llana y simple, propia de estos eventos masivos y de festejo?

El discurso dice sin decir, pero es el momento para hacer públicos sus dolores y resentimientos. Rememora entonces el llamado que se le hiciera desde México treinta y dos años antes, en el preciso momento en que en Chile era víctima de la desafortunada medida por la cual se le solicitaba abandonar la dirección del Liceo de Niñas Nº 6: "Aquello me dolió profundamente, y me sentí inmensamente sola". Por lo que el "llamado de México", según ella declaró a sus interlocutoras, le llegó en la mejor ocasión. La asamblea de mujeres que escucha su discurso estalla en una completa y cerrada ovación, sólo por ser ella quien es y no por el contenido mismo de lo comunicado. El público, era lo que ella esperaba, no reacciona ante tan graves acusaciones. La indiferencia y la pusilanimidad serán aspectos del carácter nacional que Mistral combatirá persistente e infructuosamente.

DOCTOR HONORIS CAUSA

En otro momento, ya célebre y registrado con el justo ingrediente de "novelería" en el libro de Teitelboim "tono que dicho sea de paso, molestaba bastante a Mistral ", la poeta irrumpe con un discurso reivindicacionista campesino en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, mientras recibe el Doctor Honoris Causa otorgado por la Casa de Bello.

En esa ocasión también "olvidó" sus papeles e hizo un largo recorrido por un país donde todavía se debía mucho al campesino y a la maestra rural. Agradeció a los ahí presentes - incluido el entonces Presidente de la República Carlos Ibáñez del Campo- el que se hubiese finalmente implementado la Reforma Agraria en su país, en circunstancias que ello no había ocurrido.

Luego de que Mistral deja Chile, la maledicencia señala que la única explicación posible para el equívoco son sus trastornos mentales. Pero el equívoco verdadero proviene de otra parte: del hecho de que una de las medidas del Programa de Gobierno de Carlos Ibáñez del Campo fuese la Reforma Agraria y que ella nunca llegase a implementarse durante su mandato.

Este gesto, uno más entre muchos de naturaleza similar, dan cuenta de una relación algo errática entre la poeta y el país.

Pero esa ambigüedad no proviene de Mistral. Si se analiza detenidamente la forma en que ella elabora y realiza esa relación en su obra y en su vida, la manera en que la conceptualiza en su prosa y la "metaforiza" en su poesía, la imagen es bastante coherente.

Tanto Alone como Scarpa y Jaime Concha como Grínor Rojo piensan que ella no amó a Chile así, en general; el Chile que ella amó es uno íntimo y local, natural, campesino e indígena.

Por eso el año 1954 es clave para entender las relaciones de Mistral con la nación y su postura personal frente a los nacionalismos de la época.

Su postura se puede definir en términos gruesos como de un nacionalismo "popularista", que está por la recuperación de la cultura popular, campesina y folklórica, y sobre todo, por la Reforma Agraria.

Se la recibe e inscribe como mujer ejemplar de la patria, y el país entero se vuelca con banderas e himnos a las calles a recibirla, pero parece haber un fallo en la comunicación. Nadie la escucha del todo, aunque sea la "huésped" de honor y las multitudes la aclamen en la "plaza pública".

¿La explicación? Mistral ingresa a Chile en 1954 como el fantasma que ya era para esos años, como el fantasma que había escrito buena parte del Poema de Chile, con sus fantasmas que ya no estaban físicamente para alentarla: su madre, Magallanes Moure y Yin.

Ella ingresa al país en un plano existencial que nadie más que ella y sus recuerdos entienden y comparten. Los homenajes son a una persona que el propio país ha construido a la medida de sus necesidades, pero que no existe en la realidad. Por eso los silencios e incomunicaciones reiterativas.

EN LA VIDA Y EN LA MUERTE

Con ocasión de sus funerales, "el fantasma-Mistral" no corre mejor suerte.

En 1957 Gabriela muere en los Estados Unidos y sus funerales se realizan en la iglesia de San Patrick. Rápidamente se disponen los preparativos para trasladar su cuerpo embalsamado a Chile y realizar sus funerales oficiales. Con ellos se la catapulta casi definitivamente como "reina" y "santa" y así la procesión pública sigue funcionando, aun después de su muerte, bajo la lógica de la "comunidad imaginada" de la nación.

Pero en ese cuerpo embalsamado no está Mistral. Sí está en el Poema de Chile, pues esta obra póstuma (1967) es la única manera, dice con lucidez Grínor Rojo, que tiene Gabriela Mistral de regresar al país. Era esta la forma que cumplía con su deseo de volver imperceptiblemente, sin que la llamen, sin publicar el libro, sólo para ella misma: acompañada de Yin, en medio de la Gea, de su Valle de Elqui, con el niño-indio, los campesinos, los animales y en huertas y rincones habitables.

La existencia más grata y posible es la que se realiza a medio camino entre la vida y la muerte, en calidad de fantasma, "sin llamado, y con llamada/ por la fuerza del deseo".

Así, tanto viva como muerta, su pueblo construye sobre ella los sentidos que más necesita, lo que no es malo en sí, pero que no necesariamente reconoce en toda su profundidad y sentido, el real aporte de esta intelectual al espacio público del siglo XX, pues desaprovecha su legado poético y político, pedagógico y filosófico, desviando la atención hacia su calidad de símbolo y figura nacional.

Cuando esto ocurre, cuando una artista o cualquier persona son monumentalizas a ese extremo, entonces dejan de importar sus obras y sus vidas, pues ellas valen en calidad de símbolos incuestionables y gratificantes en su mera materialidad sígnica. Se dejan utilizar, tocar, apreciar, y no importa ya lo que ellos digan, dijeron o dejaron de decir.

Circula su rostro en los billetes de cinco mil pesos en Chile, pero no importa escarbar en sus poemas ni menos en su prosa, bastante más crítica y frente a la cual muchos saldrían con cierta sensación de perplejidad, parecida a la decepción o a la incomprensión. Coherentemente con lo anterior, el sujeto Mistral que se configura con mayor plenitud para sí mismo, habita en el lugar del Poema de Chile, publicado todavía con muchos errores editoriales y prácticamente desconocido para este "público" del que hemos venido hablando.

 


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