Año 3, Nº 90, Viernes 16 de septiembre de 2005
InicioPortadaPublicidad¿Quiénes somos?
Historieta chilena 1970-1973
sUPerhéroes
(Por Mauricio Villafaña)La tarea del gobierno de Allende fue impulsar grandes cambios para Chile. Había que cambiarlo todo, incluso algo tan impensado como las revistas de historietas. En la editorial estatal Quimantú se vivió un proceso tan único como poco recordado: la creación de héroes de ficción para Chile, una especie de Hombre Nuevo en viñetas y a todo color.


"Por qué tiene que venir un tipo rubio, musculoso, con superpoderes debajo de la manga y calzoncillos sobre los pantalones a solucionarle el panizo a un país completo. Acaso el arrojo de un carabinero, un poblador o un campesino no califica como modelo a imitar".

Esos eran los cuestionamientos que hace más de 32 años hacían quienes tuvieron en sus manos la tarea de dar un giro a la entonces importante expresión de la industria cultural en Chile: la historieta. Y la sentencia, según cuenta uno de ellos, el sociólogo Mario Salazar, fue: "El gran héroe de Chile debían ser los chilenos".

En plena década de los 70', los estudios sobre comunicación y cultura decían que a un género tan masivo y popular era urgente echarle mano. Fundacional fue el libro "Para Leer el Pato Donald" de Ariel Dorfman y Armand Mattelart, que sembraba la sospecha sobre Disney y su ideología imperialista. Entonces, la amenaza de la alienación ponía en peligro la socialización de valores que el gobierno creía debían ser compartidos y culturalmente dominantes en la sociedad chilena. Una vez en el poder, se debía pasar del análisis a la intervención. La música, la literatura, la poesía, el cine y la gráfica eran parte del patrimonio de la izquierda, pero la industria de la entretención era algo nuevo. Esto, en un entorno mundial marcado por la feroz lucha entre rusos y yanquis. Eran tiempos de confabulación y sospecha, había una Guerra que se decía Fría pero que era tórrida en todos los frentes.

TRANSFORMAR SIN TRANZAR

En ese marco fue que por "tradicionales, burguesas y alienantes", las revistas de historietas debían mutar en expresiones propias, nacionales y alternativas, sin descuidar la calidad en forma y contenido. No era una empresa fácil.

En febrero del 72' Allende saludaba a la naciente Editora Nacional Quimantú. La otrora Zig Zag, devenida en calamidad financiera fue vendida por sus dueños y se convirtió en la factoría cultural más importante que se recuerde en nuestra historia. Quimantú, "El sol del saber" en mapudungún, buscó masificar el acceso a la literatura. El Estado era dueño de una de las imprentas más grandes de Chile y le sacaba provecho para todos. Y si bien las historietas no eran el producto más importante, había ahí un desafío: pelear en el mercado con un género ajeno a la cultura de izquierda.

Y si Investigación & Desarrollo suena a agenda XXI, en Quimantú la idea ya estaba. Al Departamento de Investigación y Evaluación ocupado de la producción en general de la editora; se sumaba el Comité de Análisis de la División de Publicaciones Educativas e Infantiles, mesa que compartían Naín Nómez, Manuel Jofré, Isabel Marshall y el citado Salazar. En sus cabezas estaba la responsabilidad de la "solucionática", práctica algo ajena a la intelectualidad chilena de izquierda. Su "intención era cambiar los códigos del género, pero sin destruirlo", cuenta Jofré, actual académico de la Universidad de Chile.

NO ESTABAN DIBUJADOS

Hasta aquí, la primera pata de la historia: la de los mentores. Pero todo autor intelectual requiere de ejecutores. Heredado de Zig Zag, el equipo humano del Departamento de Historietas tenía años en el negocio y un modo de producir: el trabajo de autor. Los dibujantes y guionistas, que compartían sus amores con la publicidad, producían trabajos que sin ser portentos, se sostenían. Doctor Mortis, Flash Gordon, El Intocable, James Bond, Espía 13, U-2 y otras eran revistas exitosas. Pero para el cambio había un problema. Los hombres habían leído toda su vida y sin cuestionarse revistas y cine norteamericanos. De ahí que no encontraran el porqué de cambiar. Hoy, tan indiferentes como críticos, entrevistados para el portal ergocomics.cl varios de los "pintamonos" de la época, como Max Carvajal, Abel Romero, Santiago Peñailillo y otros, reclaman la "politización exagerada". Y claro, la de ellos era la pega de la fantasía y la ficción y se les negaba de un porrazo. Incluso cercanos al proyecto de la UP, con matices, hoy coinciden: "Creo que se metieron las patas, y hay que reconocerlo hidalgamente", dice el dibujante Palomo desde México: "¿Quiénes eran los propietarios de la verdad y las ideas?: Los sociólogos& y si eran del Mapu, mejor". Y recuerda la queja de Oski, argentino que dibujó en Cabrochico, -revista infantil de Quimantú-: "estos boludos la están cagando, me rechazan una portada porque pinté el pasto rosado, el tronco del árbol verde y el follaje naranja. No entienden un carajo. Están prohibiéndoles a los niños la ficción porque es contrarrevolucionaria". Lapidario. Cabrochico no era propiamente una historieta pero la serie dirigida por Saúl Sckolnick, es un ejemplo de lo que para muchos fue un exceso. Siempre se comenta que no era raro ver a la Caperucita Roja cantando: ¡Venceremos!...

PERO, ¿QUÉ HICIERON?


Lo que hicieron fue evaluar para eliminar, transformar y crear. En este proceso, una poda con sabor a sacrilegio fue la eliminación de Doctor Mortis de Juan Marino. "Puede haber sido un error, pero en un momento lleno de vida, para qué meternos con el morbo de la muerte", dice Mario Salazar. Y aquí es donde nos reconectamos con el inicio de esta crónica. La idea de resignificar al héroe fue fundamental. Ejemplo de transformación puede ser El Intocable. Su protagonista, un clon de Tarzán llamado Mizomba, poco a poco fue mutando hasta ser reemplazado por su hijo nacido de una mujer negra (y no con la Jane de turno). Entonces de un héroe blanco que protege paternalistamente a los congoleños, pasa a ser un líder anticolonialista.

Otro personaje que se gana un lugar destacado en el recuerdo es El Manque. Campesino trashumante que recorría los fundos como trabajador temporero y que se veía envuelto en problemas y conflictos que hablaban de la injusticia patronal. Manque ayudaba a resolverlos, pero actuaba desde la mesura, la ecuanimidad y sobretodo el respeto. Un caballero que lejos de impartir justicia por su mano, en más de algún episodio, esperó a Carabineros para detener a los que habían provocado el entuerto. Todo un emblema de la época.

La historia de Chile no estaba ausente de la historieta. Para eso uno de los imperdibles de la época fue "Guerrillero", serie que narraba las "aventuras" de Manuel Rodríguez, un dolor de cabeza constante para Vicente San Bruno y los Talavera. Como "su mercé" o "Manolito" era llamado Rodríguez por los patriotas, humildes ayudistas en las aventuras cordilleranas del audaz guerrillero definido como un agente secreto de San Martín. Otro clásico.

Y si había que cotidianizar, un ejemplo fue "El Gásfiter Espacial". Un sencillo gásfiter llamado Chago Kompón o Santiago Componedor, hombre de apariencia nada espacial; sí muy especial porque en cada una de sus aventuras que comenzaban con una simple fuga en una cañería, terminaba enfrentando complejos problemas tecnológicos y humanos que resolvía con maestría y sentido común.

Otras series destacadas de la época fueron las de la revista Delito como "Archivos S", "Suspenso" y otras entre las que destaca la primera protagonizada por Santana, un agente de investigaciones de condición ética intachable contra el delito de "cuello blanco" que poco se mostraba en el Chile de esos años. Santana posteriormente sería el protagonista de otra serie llamada "Los Juveniles de Santana" en la que el policía encabezaba un grupo de jóvenes que luchaban contra un emergente delito: el tráfico de drogas.

En la misma revista un ejemplo cargado de paradoja son las historietas dedicadas a destacar el trabajo de carabineros y las fuerzas armadas formadas por hombres con un gran espíritu de servicio a la comunidad. "Chile era orgulloso de sus instituciones armadas y eso había que destacarlo", apunta Mario Salazar. De esta forma destacaba la Policías en Acción, Patrullera 205, CONU, series construidas a partir de relatos de hechos reales vividos por uniformados que colaboraban en l construcción de los guiones.

A eso se llegó. Si bien ante el proyecto mismo de la UP las evaluaciones definitivas pasan por un juicio histórico que no termina de construirse, menos puede hacerse de un proceso cultural de escaso tiempo de duración. Como a una revista a la que le son arrancadas sus páginas, nunca se pudo conocer las viñetas que traía la segunda parte de la historia. De golpe y porrazo echadas a la hoguera, las imágenes de los héroes chilenos desaparecieron. Y menos pudieron salir a defender al Presidente en el Palacio.

*Este reportaje debe su título y contenido a la investigación "SUPerhéroes, la imagen del héroe en la historieta chilena en tiempos de la Unidad Popular", que Mauricio Villafaña realiza junto a la periodista Mónica Díaz, gracias al financiamiento del Fondo del Libro 2005.

 

 

Sala de Diálogo
Casos
A 30 años del golpe
Rabie
Cuba
Brasil
Buscador

Ingrese una palabra
Ediciones Anteriores
Columnistas
Redactores
Regístrese

Reciba en su correo a "El Periodista"

Director: Francisco Martorell
Dirección: José Manuel Infante 1960 - Ñuñoa
Teléfonos: 2046958 - 2046953
director@elperiodista.cl

Sitio desarrollado con Newtenberg Engine