Año 4, Nº95, Viernes 25 de Noviembre de 2005

José Ortega y Gasset: Medio Siglo


Señor Director:

Al finalizar 1955 -apenas matriculado en el Campus Macul de la Casa de Bello- me informo del deceso del notable pensador ibérico. Quizás un lustro más tarde, ya de regreso del pudridero sovietista y rescatando vertientes criollas de innovación política como el aprismo, el justicialismo y el fidelismo mi generación se hace devota de "España invertebrada". No fuimos, por cierto orteguianos como los académicos Millas, Soler y otros. Apenas analistas apasionados del texto señalado. Allí se asimilan las nociones de aglutinamiento y dispersión de la Hispanidad en torno a Castilla. En esas páginas venerables supimos de los particularismos disolventes sobre los cuales no cabía sino aplicar "la fuerza que es la ineludible cirugía histórica". También valorizamos la importancia de la clase militar y la necesidad de "un proyecto sugestivo de vida en común". Quizás ese fervor por la España una y no pulverizada es lo que impulsa -en los 30- al mozuelo José Antonio a admirarlo. Hoy ese enfoque está en nuestra inquietud ante la ETA y el catalanismo... Después convertimos en texto de cabecera "Misión de la Universidad". Aprendemos, en aquellas enjundiosas páginas, más pedagogía que todos aquellos mediocres mamotretos que manejaban nuestras siúticas catedráticas de... Ciencias de la Educación. Hoy a medio siglo de distancia, comprendemos su afán no por esquivar, sino por superar el quiebre entre republicanos y "nacionales" en la Guerra Civil (1936-1939). A propósito del cincuentenario de su ausencia física lo evocamos como insigne maestro. Continúa enseñando a través de su obra y sus discípulos mapochinos -de modo simbólico- depositamos un copihue sobre su tumba madrileña.

Prof. Pedro Godoy P.

Centro de Estudios Chilenos