Año 4, Nº95, Viernes 25 de Noviembre de 2005

Letras, lentejuelas y un pop de juguete

Gaby Vex

La artista interdisciplinaria argentina Gabriela Bejerman conversó con el poeta Germán Carrasco en Buenos Aires, días antes de su presentación en Chile, el 3 de diciembre próximo, en el Club Bizarre. En esta entrevista hablan de su música, sus libros y el show que nos espera: mezcla de pop, trash y textos de Georg Trakl, entre otras cosas. No se lo pierdan.

Con una voz como de niña, tiene una voz encantadoramente torpe y canta letras que parecen inscripciones en un cuaderno de una liceana calentona, otras son de un lirismo a toda prueba. Su show tiene tanta frescura como desparpajo y tiene una cosa amateur que provoca una inmediata empatía en el público. La verdad es que a estas alturas del partido, la sola mención de la palabra performance asusta un poco, provoca cierta sorna o hace fruncir el ceño, pero esto es más que eso: Gabriela Bejerman baila y hace bailar. Ha publicado algunos libros de poesía y una novela erótico delirante.


Eres poeta, novelista, actriz y cantante. ¿Cómo haces para combinar todas tus actividades? ¿En qué pones el acento?

No veo demasiadas diferencias entre un género y otro, entre una forma y otra. Naturalmente me siento cómoda mezclando las esferas de la vida, del arte, quiero encontrarme en medio del desconcierto, desconcertar, ver las cosas de cerca y de lejos al mismo tiempo. Mi camino hacia la música fue desde la literatura, a través de la performance poética. Bailar, escuchar música y alcanzar la poesía es lo que más feliz me hace. Además, subirme al escenario después de haber cumplido la fantasía intelectual de licenciarme en Letras, fue un placer que me debía y creo que esa felicidad transparente que sudo en el escenario se propaga, ida y vuelta. ¡Con quien lo quiera sentir, claro! Escribir poesía se parece mucho a hacer música, es la sensibilidad ante la emoción del sonido, ante los ecos de las palabras aquello que me lleva, casi a ciegas, hacia la concreción de un poema o una canción. Actualmente pongo el acento en la música mientras decanta sola una novelita que escribí en el verano y que quiero de a poco ir corrigiendo, mientras le doy su tiempo de convertirse en algo que vive por sí mismo.

En tus shows mezclas a Georg Trakl y el pop más trashy, linda mezcla…

No sé lo que es el pop, no sé lo que es el trash. No sé qué estilo de música hago, las respuestas que recibo de los otros son más bien formas de pasar rápido a otro asunto. No intento hacer un estilo porque no podría, simplemente me dejo llevar intuitivamente, como en todo lo que me gusta crear. Hay un camino que no se sabe dónde empieza ni a dónde va a llevar, pero sí existe un cierto sentido de la orientación, un olfato animal y un deseo que acecha desde adentro. En eso confío, en el vértigo de la sensación. De Georg Trakl me enamoré literalmente, soñaba con él, con sus poemas viajaba lejos, y por eso me inspiró para hacer una canción en la que le hablo en alemán. En los shows, cuando canto su canción lo invoco de corazón y a veces se me aparece, viene a habitar como un pájaro negro dentro de mí y aleteo, aleteo y el público queda espantado... ¡Es así! Supongo que el lado pop es aquello que reconozco como respuesta en la gente, un alivio de tonalidad mayor, liberarse vía la identificación. Sí, la gente quiere ser feliz. ¡Ojalá por un segundo lo logremos juntos!

AIRA, OCAMPO Y DI GIORGIO

¿En Chile por estos días se analizan los ochenta desde varios bordes: políticos, estéticos, mediáticos. Te vistes con cat suits y prendas con estampado de leopardo, tu estética es revival, guiño a los ochenta?

No tengo nostalgia de los ochenta, demasiada omnipresencia actual, ¿no? Si tuviera que decir qué época me viene como de otra vida en revival son los años veinte, treinta... Pero sí, seguramente el eco de los años de mi infancia, el fin de la dictadura, el comienzo de la democracia, programas de televisión que destapaban la sexualidad con un humor vulgar muy excitante... Todo eso debe quedar en algún lugar de mi gesto o de mi guardarropa –acumulación eterna–. Por otro lado, el animal print es una buena forma de ponerse en la piel de un animal, quisiera ser tan sutilmente salvaje...

Básicamente estudiaste letras y has sacado varios libros de poesía, fundaste una revista literaria mítica de los noventa y publicaste una novela. Saltaste a la música por desilusión de la literatura... ¿necesitabas más, cómo decirlo, vértigo?

Nada alcanza por supuesto, pero la literatura me sigue nutriendo tanto como la música. Nada mejor que enamorarse de un escritor o de una escritora leyéndolos. (Por ejemplo, este año Nabokov fue devorado por mí mientras él me devoraba). El vértigo está en la incesante búsqueda que es componer un tema, un texto. Sí, de tu pregunta me encanta la palabra vértigo, que tal vez sea la forma de eludir la siempre posible desilusión. En todo caso, creo plenamente en el entusiasmo como forma de vivir. Cuando no lo tengo, no vivo. Cuando aparece, enseguida prolifera. Empezar a jugar con el lenguaje de la música fue una gran liberación de la palabra, en torno a la cual tengo tantos prejuicios que a veces me siento muda. En cambio, volcarme a los sonidos es como estar tocando algo en el vacío, como palpar directamente la médula de la emoción, sin el filtro conceptual del imperfecto lenguaje. Y en cuanto al salto: salté de la poesía a la performance y de ahí a la música. Pero tal vez no sólo salté a la música sino al escenario, donde hay que ganarse al público, al contrario de las lecturas y performances de poesía, en donde el ámbito es de respetuoso silencio y quieta atención, y tal vez un encubierto aburrimiento...

¿Cuál es tu tipo de audiencia, es sólo para gente de cierto circuito o podría invitar a tu show a cualquiera, gente más grande, gente de trabajo, etc?

Uno se arma una idea del propio público, pero muy pronto la realidad la amplía y desarma. Tengo una anécdota: una vez canté para un público de psicoanalistas de cuarenta años. Entre ellos había algunos niños, sus hijos. Cuando los vi, pensé que el show podría abrumarlos.

Pero al terminar, una nena de nueve años se me acercó y me abrazó diciéndome que le había encantado. Si bien supuestamente el público que más disfruta mis shows es el del circuito under y/o gay, me encanta enfrentarme a cualquier clase de gente, especialmente la que no tiene idea de qué es aquello con lo que se va a topar. El factor sorpresa me anima, se produce una chispa de feedback que potencia la entrega y la sensación de estar viviendo algo único.

Háblame de algunas influencias, Gertrude Stein, Peaches, César Aira, no sé, Ocampo, di Giorgio

Cuando leí a Marosa di Giorgio entendí por primera vez que el poema no necesita transmitir una "idea". Se abrieron las puertas de la percepción, vislumbré la poesía como la construcción de un mundo que se visita en sueños y que en la vigilia añoramos. César Aira me dio otra vuelta de tuerca, narrativa. Todo puede ocurrir en la literatura, los virajes son infinitos, el verosímil es un muñeco al que podemos vestir con cualquier traje, en cualquier momento. Para quedarme sólo con estos dos escritores, por ser breve, diría que ellos apadrinaron mi sentimiento iconoclasta. No busco moda, ni legitimación, ni una línea de filiación, sino que me hundo más y más adentro del corazón de la cosa, a ver qué hay más allá. Luego está la gran influencia de la música, la de los cuerpos celestes, la del amor. Quiero entrar en un ritmo continuo; la música, la literatura son el umbral.

LA VEDETTE


¿Presentaste tu novela vestida de vedette, qué te dijeron los otros escritores?

¡Ja! Sí, fui vedette y escritora al mismo tiempo,

¡y realmente me sentía yo! El lanzamiento de Presente perfecto fue una performance junto a Fernando Noy, leímos a dúo gran parte de una de las dos nouvelles que componen el libro, y que es muy teatral en su polifonía de tonos. Él y yo llevábamos esa ropa de diva descabellada con que nos dimos el gusto de "montarnos". Creo que la novela tiene una escritura llena de "humor sexy", el candor y la ironía conviven, así como lo hacen el cuerpo palpitante y la palabra abstracta sobre un escenario de luces móviles.

Estás por editar tu primer disco. ¿Cómo fue el proceso de creación? ¿Lo hiciste todo con computadoras?¿Aprendiste a usar los programas tú sola?

Tomé un par de clases para aprender un programa

–Reason. Con pocas herramientas y mucho juego e intuición, encontré pronto un nuevo mundo en la música, donde llegaba a dar forma a una emoción intangible. Trabajo con la computadora, tengo un controlador midi, y así hago mis canciones. Lo que más me cuesta, aunque parezca raro, es escribir las letras. Ahora estoy cerrando los temas para el disco, ajustando detalles en los que me intereso mucho. Porque para mí la música no es sólo un fondo sobre el que cantar, quiero transmitir y sentir la música en toda su conmovedora profundidad, incluso cuando coquetea con la superficie del pop, incluso cuando se esfuma en el tiempo escénico del show.

Es la tercera vez que vienes a Santiago… ¿Qué te parece el público?

Nos encanta ver artistas de otros países, los imaginamos especiales, como si hablaran otro idioma y vieran el mundo de otra manera. Hay bastante intercambio musical entre Santiago, Montevideo y Buenos Aires. La escena tiene escenarios limítrofes y públicos sin fronteras. En mi caso, adoro venir a Santiago, donde me siento distinta a mí misma, vista desde ojos llenos de altísima montaña.