Año 4, Nº 96, Viernes 9 de diciembre de 2005

La comezón de fin de año

“Alguna vez escuché que en algún país desarrollado, no se iba al colegio de un tirón en un año”


Cuando entré a trabajar a Radio Concierto había algo que no lograba entender. Esa "choreza" de que las medias horas no eran medias horas si no cuartos de hora. Me explico: En esta radio, en vez de pasar publicidad a las 13.00, 13.30, 14.00 horas y así sucesivamente, la pasan a las 13.15, 13.45, 14.15 horas y así. Me hacía sentido desde el punto de vista que a la hora en que todos estaban en comerciales, acá se podía escuchar música. Gran poroto, punto a favor. Lo que me extrañó fue que al planificar por primera vez mi programa de radio, yo tenía estructurados mentalmente tres bloques (segmentos, cada uno con su tema propio) de media hora cada uno: Uno de las 18.15 a las 18.45, otro hasta las 19.15 y otro hasta las 19.45. Hasta ahí todo bien. Mi estructurado pensamiento funcionaba. Estuve toda una tarde tratando de comprender por qué además de eso se me estaba pidiendo que no dividiera los segmentos con un tema cada uno. Es decir, querían que partiera hablando de una cosa a la mitad de un bloque, y terminar ese tema a la mitad del siguiente y comenzara otro por ahí, cuando pudiera, relajadamente. ¡Qué desorden! pensé. Sin embargo, me he dado cuenta con el tiempo que aquello que se me estaba pidiendo era lejos la manera más "PRO" de pensar. Nunca tuve que echar a un entrevistado porque se acababa la media hora, podíamos irnos a comerciales y seguir hablando a la vuelta. Yo sé que esta historia puede resultar poco familiar para usted, pero es para que se haga una idea de cómo, al trabajar en radio, el tiempo puede apremiarle o no. En este caso, esta flexibilidad me ayudó a hacer un mejor programa. Buenísima idea.

Alguna vez escuché que en algún país desarrollado, no se iba al colegio de un tirón en un año. Los niños tenían períodos de vacaciones largas entre medio de cada trimestre. Cuando lo oí por primera vez tampoco entendí. Era como si el año escolar no se acabara nunca. Pensé en la época en que uno esperaba marzo y la entrada a clases con un nivel de angustia demasiado abrumador para un menor de edad. Claro, si uno tuviera que ir al colegio permanentemente y pudiera descansar realmente bien entre períodos escolares más pequeños, ir al colegio sería realmente algo que forma parte del cotidiano, no sería una tragedia que se acabaran las vacaciones porque no habría que esperar todo un año para salir de nuevo.

Pienso en todo esto porque como que llega Diciembre y con él la angustia colectiva de fin de año, que la PSU, que la Navidad, que las elecciones, que el año nuevo, que los exámenes y se junta tanta cosa innecesariamente, porque quizás está todo realmente determinado por nuestra estructura de pensamiento, y si fuéramos capaces de pensar de otra manera, de distribuirnos de otra manera, tal vez no estaríamos tan enfermos mentalmente y nos ahorraríamos un mes entero de crisis. Que en realidad son dos, porque decorados navideños anunciando la cuenta regresiva había por todos lados antes del 1º de noviembre.

Voto por la vida flexible. ¿Será posible?