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Un año, nuevos 365 días, se nos viene por delante con sus temas, algunos previsibles, con asuntos de temporada o noticias fabricadas. Ni hablar de marzo, época escolar y ahora de asunción presidencial. Lo mismo mayo y su 21 o la primavera, con las alergias y el 18 de septiembre incluido.
El año que se fue, sin embargo, nos dejó un tema que, sin duda, será recurrente: la desigualdad. La palabra, manoseada en discursos políticos, debe haber sido la más nombrada en el 2005.
Pero, al igual que el royalty o la ley de divorcio, el país suele actuar así. Surge el problema, se resiste al cambio, luego se acuerda que es necesario, hay consenso y sale una solución en la medida de lo posible. No deja conforme a nadie. Pero todos la aceptan.
Así estamos hoy respecto a la desigualdad. El tema nació hace años con algunos que majaderamente decían que en Chile la distribución era menos equitativa que en Burkina Faso, un país pobre de la región subsahariana de Africa.
Luego aparecieron documentos, planes y programas para combatirla. Poco se hacía desde las esferas públicas pero menos desde la actividad privada porque ella -además- se resistía a cualquier acción del Estado.
Finalmente, al igual que cuando la mina La Disputada generó indignación porque tras años de no pagar impuestos y arrojar pérdidas se vendió en mil 200 millones de dólares, y con ello se fortalecieron los que desde hacía años decían que había que gravar la actividad con un royalty, el tema de la desigualdad se impuso.
El año que se va nos mostró cuán no iguales somos. No fueron los candidatos presidenciales, como alguno dice por ahí, sino el entorno el que lo hizo. Contribuyó un 2005 lleno de tragedias que permanecerán en el recuerdo de los chilenos: Antuco, Maihue, el sismo del norte, etc.
A ellos, sin duda, contribuyeron luego las palabras del cardenal Errázuriz y las declaraciones de un ex pope de la empresa, Felipe Lamarca. También la campaña electoral. Comenzó el 2006 y estamos en la etapa en que todos saben que debe hacerse algo, algunos más y otros menos, pero que la situación como está no puede continuar.
Este año, entonces, cualquiera sea el ganador del 15 de enero tendrá el compromiso de disminuir la brecha, abrir esperanzas para miles de chilenos y generar las condiciones de una sociedad más justa. Usted, en su fueron interno, es el que debe decidir quién lo hará mejor desde La Moneda.
Pero, el hombre de la portada de esta revista, que vive, sufre, come, sufre, duerme, sufre, confía en que nosotros haremos algo por él. Aunque hoy sólo nos pide una moneda.
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