Punta Arenas es mucho más que esa foto gigantesca publicada alguna vez en el diario francés Liberation, que mostraba a una pareja en pleno costalazo debido al viento en la Plaza de Armas de la capital de la Patagonia.
En sus dominios ocurre el desmembramiento de la Cordillera de Los Andes, lo que da origen a múltiples canales y mares interiores, todos de gran belleza escénica, como el Golfo Almirante Montt, entre otros.
Punta Arenas -antes llamada Punta Arenosa, traducción del muy inglés Sandy Point, su nombre original- se ubica 3 mil 90 kilómetros al sur de Santiago, a orillas del Estrecho de Magallanes, en la llamada Península de Brunswich. Es la ciudad continental más austral del mundo, y también es la capital de la XII Región. Cuenta con 115 mil habitantes, que cotidianamente pueden gozar de sus múltiples atractivos turísticos, como el mismo estrecho, la reserva nacional Pali Aike, el cerro La Cruz o la pingüinera del Seno de Otway, entre varios otros.
Y pese a su clima muy especial y a la necesidad de protegerse con gorros, cremas bloqueadoras y anteojos oscuros para resistir los embates de hasta los 800 UV que imperan en la región -por el deterioro de la capa de ozono-, sigue siendo un lugar predilecto para 140 mil turistas anuales.
POSIBILIDADES
Los destinos son múltiples: desde un oneroso vuelo hacia la Antártica, a otro menos costoso sobre Tierra del Fuego. Desde excursiones a Puerto Natales hasta viajes desde ahí a las Torres del Paine y a sus célebres cuernos, entre otras muchas opciones.
Ya dentro de la ciudad, se puede visitar el Museo Salesiano Mayorino Borgatello, el famoso monumento al ovejero, el Teatro Municipal, el cementerio o dar ese ya tradicional paseo por la Plaza Muñoz Gamero, donde la escultura de Hernando de Magallanes mira hacia su gran descubrimiento.
También valen la pena visitas al palacio Sara Braun, a los museos (el regional fue donado por los Braun Menéndez, una de las familias más tradicionales de la zona), o al histórico Fuerte Bulnes.
Pero claro, las opiniones de los turistas siempre están divididas: "Lo mejor son las caminatas hacia los fiordos, partiendo de Puerto Natales", dice Mariela Lara Navarrete, una habitué de la región. "Yo sólo conocía los chungungos, los coipos, los ñandú (SIC) y al puma por fotos. Otra cosa es verlos salir al paso", opina el estadounidense John Hodges, amante de la flora y fauna. El argentino Carlos Sotoveccia, en cambio, se fascina con la arqueología y prefiere, por tanto, visitar los remanentes líticos presentes en Pali Aique o en las cuevas de Fell, a sólo 45 kilómetros de la ciudad.
Por supuesto, el imán turístico que ejercen las Torres se entiende por la variedad de paisajes presentes en la zona, pues van desde una especie de desierto andino, hasta bosques espesos que parecen junglas brasileñas, pero con frío. Mucho frío.
Para los coleccionistas de flora, la hierba de la cuncuna, el botón de oro -o kiel, como le decían en la lengua ona- y la orquídea porcelana resultan asombrosas.
Sobre los costos, se puede hacer un turismo humilde viajando en bus y alojando en pensiones económicas, pero impecables. Y caminar mucho. En pocas palabras, existe un turismo de 20 mil pesos diarios y otro de un millón.
Pero hay algo que el resto de Chile ignora y que pudo constatar in situ El Periodista: la temporada de esquí es larga y abundante. Hay centros maravillosos con los andariveles más largos de Chile, incluso unos casi horizontales, que llevan a acceder a los que se empinan por las laderas.
Pero claro, esa es materia para otro reportaje.
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