Año 4, Nº 101, viernes 24 de marzo de 2006

Fumar, ¡hace mal!



Soy fumadora. Antes de que se aprobara la nueva ley anti tabaco, y desconociendo sus reales consecuencias, pensé que podía resultar algo amenazante para la comunidad adicta. En Chile se fuma bastante. Pero una vez aprobada, y leyendo todo lo que apareció en la prensa, me parece bastante lógica e incluso estoy dispuesta a cambiar ciertos hábitos. Tal vez empezaremos a fumar menos. Aunque llevo un par de horas frente a una página en blanco sin saber sobre qué escribir, y me he fumado más cigarrillos de la cuenta y claro, la respuesta estaba en mi cajetilla, nada menos.

En el verano estuve en Brasil y pude comprobar con mis propios ojos lo terrible que es la campaña de fotografías en las cajetillas de cigarros. Medida que muy pronto se adoptará en nuestro país, con la apariencia de un cadáver en la morgue. Sí, es agresivo, pero podría justificarse si eso motivara a nosotros, los adictos, a dejar de fumar. Estamos de acuerdo en que es un problema de salud pública.

En Brasil, las fotos incluidas en las cajetillas son varias: un recién nacido en una incubadora a punto de morir, una niñita asmática con un respirador artificial, un ratón muerto, un enfermo terminal con una manguera conectada a la laringe, unos pulmones repugnantemente negros, una boca a la que le faltan dientes y de la que uno casi puede sentir el olor, etc. Muy alarmante todo. La campaña apunta a que uno se dé cuenta y se informe sobre los riesgos del tabaquismo. Lo que yo me pregunto es& ¿Existe alguien que piense que fumar hace bien?

Conversando con un catalán avecindado en el país de la samba, mientras sacaba un cigarrillo me decía que esto era absurdo. Que el cáncer te da en gran medida por autogestión. Que estas fotos no hacían que dejaras de fumar; hacían que te diera cáncer, porque piensas cada vez que fumas "esto es lo que me va a pasar".

Toda la razón, pensé. De ahí en adelante metí en las cajetillas cualquier recorte de diario a mano, desde la Torre de Eiffel, de Ronaldinho haciendo una chilena, o del propio Keith Richards (guitarrista de los Rolling Stones), un claro ejemplo de un fumador empedernido en regia forma. Y no se me habían quitado las ganas de fumar.

Yo he dejado de fumar un par de veces por largos periodos, y me he sentido muy bien físicamente, he notado cambios en el funcionamiento de mi cuerpo y todo. El problema de la adicción, es que te das cuenta que la tienes porque ya no quieres dejar de fumar.

Lo único penoso, es que una vez que se haga efectiva la nueva ley, y si realmente provoca cambios profundos en los hábitos de fumadores, nuestros pulmones seguirán sin remedio llenándose de toxinas, no va a disminuir la cantidad de niñitos en los consultorios con bronquitis obstructiva, ni vamos a respirar un aire más limpio, mientras no se desarrollen políticas ambientales igualmente drásticas. Entiendo que hay que ser razonables, que los cambios profundos no se hacen en dos días, y que la realidad económica de nuestro país no lo permita. Y qué le vamos a hacer. Fumar menos no va a cambiar la calidad del aire que respiramos al menos en la ciudad de Santiago, pero tal vez nos haga sentir mejor sobre nosotros mismos. Y vaya que autoestima (en vez de autodestrucción) es algo que le falta a nuestra ciudadanía.