Año 4, Nº 101, viernes 24 de marzo de 2006

Con qué vara medir a Bachelet



Cuando Michelle Bachelet termine su mandato, haga lo que haga, será la mejor y la peor presidenta que ha tenido la historia de Chile. Lo que parece una perogrullada también es una realidad. Y la realidad, aunque nos cueste enfrentarla, nos obliga a plantearnos la pregunta del millón: cuánto más o menos machistas seremos en la crítica respecto a este Presidente de la República.

Y el cuestionamiento no es sólo para los hombres.

En esta edición, la número 100 de la revista El Periodista, hemos marcado una diferencia en nuestra portada. En ella no llevamos una nota de fondo, sino que recogemos opiniones, de nuestros propios columnistas, que analizan el escenario político que enfrentará Chile y algunas medidas emblemáticas tomadas por Bachelet.

Así Holzmann se plantea el tema del estilo versus la estrategia, Liberona nos habla de la herencia que recibe el nuevo Gobierno en materia medioambiental y Pizarro nos recuerda la importancia que tiene para un determinado sector que el subsecretario de aviación sea el capitán retirado Raúl Vergara.

La portada, que trata de condensar esto y otras páginas, la entrevista de Trivelli es una invitación a reflexionar sobre el cambio cultural en marcha por ejemplo, también se presenta como la oportunidad de reflejar lo que piensa un país expectante y que desea que al nuevo gobierno le sucedan los "buenos días y la buena suerte".

Lagos tuvo las dos cosas, para muchos especialmente la última, con un precio del cobre que fue un verdadero premio mayor. Así y todo, la deuda que deja en materia de igualdad de oportunidades e ingresos, vistos los últimos resultados de PSU y Simce, harán que su gobierno quede registrado como el de los TLC, las grandes obras de infraestructura o un millonario superávit. También en que culturalmente Chile se abrió pero no necesariamente por la acción de los principales agentes que el Estado tiene en esa materia, léase medios de comunicación o aportes a la creación. Sentó bases, eso sí. Pero nadie dirá, en un futuro cercano, que durante el sexenio de Lagos Chile avanzó a pasos agigantados contra la pobreza.

Bachelet asume con una vara alta. Lagos le impuso un superávit estructural y un modelo económico aferrado a la venta de materias primas. Puede hacerlo igual, quizá mejor en este campo, pero con ello no cubrirá las expectativas. Su vara es aún mayor y allí, definitivamente, su género sí puede hacer la diferencia. Chile, para resolver sus problemas, requiere de una mano acogedora y cariñosa, que sea capaz de defender a los más débiles y postergar los ímpetus de los poderosos.

De ella se espera, en todos los sectores, que sea capaz de devolver la dignidad al trabajo y al trabajador; que genere un país respetuoso de sus recursos naturales; que disminuya la brecha entre ricos y pobres; que estimule la cultura y que, en definitiva, haga un gran gobierno& el mejor de todos.

Finalmente, no será medida por aquello que lo diferencia de Lagos sino por lo que -precisamente- ha dicho el propio mandatario saliente y que hoy es la vara que ella debe saltar. "El país quiere más de lo posible".

Lagos hizo sólo lo que pudo. Ella debe hacer lo que hoy parece imposible.