Año 4, N° 118, viernes 24 de Noviembre 2006

Dialogos de café

La noticia popular

“La televisión, contadas veces, puede generar programas que hagan aportes”


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Escribe Blanca Lewin

Por las miles de razones que he expresado en otras oportunidades, no veo televisión. Incluso hubo un par de semanas que me dio por considerar ver los noticieros centrales televisados. Asunto que dejé de lado por razones académicas, que en estas fechas se comprimen y presionan tanto que me estoy gastando los dientes y las yemas de los dedos, además de cultivar un creciente dolor de espalda nada apropiado para mi edad. Pero en fin, los deberes del estudiante son los deberes, y esa razón me tiene también escribiendo a última hora y lo más veloz posible, así que de antemano, disculpen la redacción.


Pese a esta falta de tiempo para dedicarme a pensar en nada más, durante esas semanas en que vi los noticieros, me llamó la atención las diferencias de "tono" que tienen los distintos canales. Digamos que claro, existe una supuesta línea editorial, que si lo trasladáramos al lenguaje del cine, o de la ficción en general, estaríamos hablando de una autoría.


En segundo lugar, al igual que en la ficción, cada noticiero tiene una cuota de dramatismo, un lugar para la comedia, otro para escenas de acción, etc. Igual que en una producción de ficción, tienen estructura dramática.


Lo gracioso, o terrible, según el punto de vista del que se mire, es que cada uno de estos componentes activadores de la acción dramática, van ampliando o reduciendo sus márgenes de tiempo en pantalla según la popularidad de los segmentos; tal como en las sit-coms, los personajes van obteniendo más o menos escenas en relación a la popularidad obtenida a través de distintos sistemas de medición (tales como el rating, tan controversial).


En resumen, señoras y señores, no estamos viendo noticias. ¡Estamos viendo ficción! Me refiero, por ejemplo, a que si hay un accidente con cantidad de heridos y muertos, no nos están reportando la noticia como tal, no nos muestran un informe con la cantidad de accidentes ocurridos en el país, sino que nos hacen llorar, reír, sorprendernos, enojarnos… y ojo, que esto no tiene que ver en lo absoluto con nuestra capacidad de asombro como espectadores, ni con nuestra capacidad de reflexión frente a un hecho, o nuestra habilidad para sensibilizarnos frente a otro. Lo están haciendo por nosotros, tal como en la ficción, pero de la manera más burda posible.


Entonces, ¿para qué ver las noticias habiendo tanta buena película? Por eso no veo tele. O veo algunas cosas de manera esporádica. Curiosamente la tengo puesta en mi pieza, y jamás la enciendo a menos que sea para ver un DVD, una película que yo elija ver. Yo sé que nadie me cree, pero es cierto.


Entiendo, por supuesto, que la televisión, contadas veces, puede generar programas que hagan aportes, pero como están los noticiarios hoy en día, realmente creo que no vale la pena informarse a través de ese medio. Al menos no únicamente a través de él.
Por eso quería felicitarlo señor lector, señora lectora, porque usted lee El Periodista y se informa mejor, y ya que estamos de aniversario como revista, quería compartir esta celebración con usted e invitarlo a que nos siga acompañando, porque en gran medida es gracias a usted, que un medio independiente como éste tiene la posibilidad de continuar existiendo.