El diario parisino "Libération", refiriéndose a lo que se ha dado en llamar "boîtes à idées", o "think tanks" para quienes hablan la lengua del imperio, titula: "Fragilizados por el ejercicio del poder los partidos ceden frecuentemente la iniciativa de la reflexión a fundaciones y clubes de todo tipo". Yo no estoy seguro que el fenómeno tenga que ver con el ejercicio del poder. Lo cierto es que se ha difundido por el planeta, como una mala peste, la tendencia a confiarle los destinos de la humanidad a una raza especial, a una clase de individuo que fue inoculada de algún modo con la infalibilidad papal, vacunada con la cualidad intrínseca de entender mejor que nadie la problemática y la solucionática de esto y lo otro amén de lo de más allá, en fin, para hacerla breve, tengo el honor, el placer y la ventaja de presentar a los "expertos".
Hubo una época en la que la sociedad se organizaba en torno a leyes concebidas, aprobadas y aceptadas por el conjunto de los ciudadanos. Esa forma de organización de la sociedad, ¡Oh, cuan lejana!, en la cual cada individuo renuncia a una parte de su propia soberanía para reencontrarla, potenciada, en la república, dio en llamarse "democracia". Parece curioso tener que recordar que la democracia no consiste sólo, ni siquiera esencialmente, en elegir cada cierto número de años a quienes manejan la manija, sino en el ejercicio del poder por la ciudadanía. Un principio básico de ese modo de entender la vida en común estipula que "nadie puede ignorar la ley", visto que se da por entendido que quienes la hacen son los ciudadanos cuya soberanía es la base misma de la democracia. Los chilenos descansamos y nos quitamos de encima esa pesada tarea durante diecisiete años gracias a un puñado de salvadores de la patria que se auto inmoló en beneficio de todos, sácate el sombrero y saluda a los señores. Yo tengo para mí que fue en ese entonces que fue consagrada la misión eminente de los "expertos". Como diría un amigo italiano, "per non fare fatica ai citadini" se le entregó la facultad de pensar y decidir a los que saben, tú, calla la boca y aplaude. Lo malo es que los padres de la patria que sustituyeron a los salvadores de la misma, copiaron el método.
De ahí que los candidatos le confíen sus campañas a empresas, - reales o virtuales eso ya hace parte de la sofisticación del encatrado -, que son "expertas" en hacer elegir a los mejores, nadie pudiese pretender lo contrario o bien estamos todos locos, gracias a lo cual tenemos un Parlamento de lujo y los ciudadanos ya no tienen que darse el trabajo de apoyar a sus preferidos y pueden aprovechar útilmente ese tiempo para enriquecer su cultura mirando la tele. Emulando pues a los salvadores de la patria, y en la tesitura de no fatigar al ciudadano elector con temas complejos como el que tiene que ver con la gestión del patrimonio común, o el qué hacer con el superávit fiscal, o de qué manera arreglar el cagazo de la educación, o cómo recuperar el cobre que se nos llevan, o aun como distribuir el billete destinado a darle trabajo al personal y procurarle pelotas a quienes carecen de ellas (hablo de deporte desde luego), los padres de la patria le han confiado la dura tarea del gasto público a empresas privadas y la aun más fastidiosa ocupación de pensar a los "expertos", concentrados en fundaciones ad hoc. No sé si lo sabías pero un "experto" normalmente constituido no puede vivir solo en la naturaleza. Visto que dedica lo más claro de su tiempo a pensar en nuestro lugar hay que ponerlo en una fundación o "think tank", que es una especie de vivero en el que no le falta nada. Nunca te importe quién paga los viveros. Mira la tele y sonríe. En una de esas te están filmando.
|