Año 4, N° 119, jueves 7 de Diciembre 2006

Última Palabra

Atención, que viene la basura!

“Que los hijos de Dios se endeuden hasta el pihuelo, se llenen de cosas indeseadas o mueran asfixiados en el tumulto de la escalera mecánica es su consigna”


Suena el teléfono. Una voz aciaga me informa que he sido elegida para llamar a China con precios módicos. Pero nunca llamo a China, explico. Es una oferta, insiste. Resisto: no me interesa, gracias. Apremia: ¡es una oferta! Reitero: no, gracias, buenas noches.


Al día siguiente llama la jefa de telecomunicaciones (¿?). El cuadrillazo dura una semana. Estoy frita, me han tomado de rehén. Si quiero paz, tendré que llamar a China. ¡Pero no conozco ni medio chino! ¿Cómo librarme para escribir, leer, dormir, lavarme el pelo, regar y rascarme en paz?

Días después, nuevo telefonazo. Otra voz me ofrece un lugar de reposo personal e intransferible. Sospecho una terma a punto de quiebra. Señora, es un lugar de lujo, no se arrepentirá. ¿Las del Flaco o las Pitagóricas?, pregunto. Nada de eso, en el Parque del Recuerdo, buen vecindario, a la sombra de un ginko biloba. No compro sepulcros, panteones o mausoleos ni con ginko, contesto acérrima. Debería tomar sus precauciones, dice una voz de ultratumba. Nadie se muere en la víspera, respondo. Nunca se sabe, susurra y percibo el responso. Esa noche velo como un cruzado antes de partir a Jerusalén.

En la oscuridad, ojiabierta y patizámbica, recuerdo a mi abuela espiritista y sospecho un anuncio del Más Allá. Moriré de baratas. No esos insectos repulsivos que invadían las cocinas en los años 50, sino unas liquidaciones con horario nocturno, de bar. La misión de las señoritas inmateriales es diabólica. Que los hijos de Dios se endeuden hasta el pihuelo, se llenen de cosas indeseadas o mueran asfixiados en el tumulto de la escalera mecánica es su consigna.

Advertencia: Si va y siente una atracción fatal por algún artefacto electrónico, cuide su vida. Dueño del aparato, tendrá que descifrar un manual escrito por asiáticos, traducido por puertorriqueños anidados en Nueva York (cuya lengua ya no es castellano y aún no es inglés). El resultado no lo entienden japoneses, taiwaneses o coreanos, puertorriqueños, americanos o piel rojas. Equivale a traducir la piedra Rosetta antes de Champollion. No siga las instrucciones o morirá enchufado.

Falta otra peste del veintiúnico: los medios pollos, hoy "fuerza de trabajo externa". A las ocho de la mañana una cuadrilla se instala frente a mi casa. Abro la puerta. Han cavado un foso profundo. Rehén de nuevo, por la flauta. ¿Qué ocurre? Una nube de polvo anuncia al ejército de ocupación fiscal-empresarial que invadió mi territorio con derecho a picar. Liquidarán el pasto y, mediante un baño químico instalado bajo el pino, harán de la vereda su vespaciana. Mejor cambio de tema.

Aparece en mi cabeza la señorita Tierra, miss Earth. Empinada sobre un metro setenta y cinco, bella como Bambi y delgada como un bambú. Sin que supiéramos ni su nombre, esta ingeniero de 23 años partió a la conquista de un cetro a Vietnam sin pedirle un peso al gobierno ni alharaquear por el traje típico. Regresó coronada de bella universal.

La hermosa señorita Hill es nacida y criada en Chiloé. Todos sabemos que Chiloé es Chile, pero es mucho más Chiloé. Tierra del curanto, guiso de cerdo, vacuno, longaniza y mariscos eminentes, papas y otra cantidad de argumentos terrenales y marítimos que cuecen, envueltos en hojas de nalca, en un hoyo relleno de piedras calientes. Donde se habla el mejor castellano de Chile, hay cien variedades de papas, aún miden por almud y beben Licor de Oro. Archipiélago cristianizado por los jesuitas, de iglesias de tejuela de alerce ensambladas sin un clavo, de ostras de cuello negro y erizos yema de huevo. De gallinas azules que ponen huevos azules. Moteados. Pero azules.

Islas madre del Trauco, la Pincoya, el María Celeste y otro sinfín de mitos enigmáticos y poéticos. Su máximo ciudadano es el escritor Francisco Coloane. Sumamos a la bella Hill. Ambos prueban que la estatura chilota no es (como se rumorea sin acierto) el metro cuarenta y cinco, sino estos seres con altura de cuerpo y de miras, largura de piernas, calavera resistente a los años. De neuronas creativas, alimentadas con mariscos del Pacífico y peces de ese mar frío, último refugio de las ballenas que recibieron a La Pérousse.

Coloane, nacido en Quemchi, se retorcerá en su tumba. Qué no daría el escritor-admirador de mujeres hermosas por asistir a la recepción que dará la isla a su bella hija. Queda demostrado que a Chiloé no le hacía falta el puente que casi le incrustan.

Vuelvo al presente. La cuadrilla hace strip-tease en mi ventana. Pusieron la choca al fuego. Sube olor a marraqueta con mortadela. La perforadora comienza su danza macabra. Se ven contentos de reventarme el tímpano, cortar el timbre, lavarse en la manguera y diseminar bolsos sobre el pasto. Mi casa parece una fiesta de la Cultura en el Forestal.