Año 5, N° 120, viernes 22 de Diciembre 2006

Entre inflexión y referenciales

La muerte de Pinochet constituye un punto de inflexión relevante en la vida política nacional. Me interesa destacar algunos aspectos desde una perspectiva de análisis.

  1. Es indudable que la ceremonia con honores militares, rigurosamente llevada a cabo por el Ejército, quedó subsumida en la interpretación política de la figura de Pinochet. Esto implica la imposibilidad de separar al Pinochet militar de aquel que cumplió un rol político innegable en la historia de Chile. Más aún, su imagen política es superior a la militar. Tanto la cobertura internacional de la noticia como las expresiones conocidas en el transcurso de sus funerales así lo muestran.
  2. Un efecto importante ha sido el que aquellos que se sentían desplazados de la institución por su participación en el gobierno militar, volvieron a sentirse acogidos por ella, significando entonces un punto de convergencia entre la política y lo militar cuya distinción fue muy clara en la administración de Cheyre.
  3. Pinochet es transversal a todas las Fuerzas Armadas y de Orden, independiente de su estricto apego a la institucionalidad y a la jerarquía política definida en la institucionalidad del Estado.
  4. El funeral permitió, para muchos en la centroderecha, focalizarse en la obra de 17 años de gobierno antes que en la violación de lo derechos humanos y las acusaciones de enriquecimiento ilícito, cuestiones que se encontraban en proceso en la justicia. La muerte y funeral de Pinochet generó una instancia de sinceramiento al interior de la Alianza que abre una oportunidad de cohesión con vistas a plantearse como alternativa creíble de gobierno el 2009.
  5. Pinochet muere sin haber sufrido una derrota política que sellara el juicio histórico acerca de su gestión política. Por esa misma razón, es más probable que la imagen de Pinochet perdure en el tiempo en virtud del recuerdo permanente de la izquierda orientado a plasmar su derrota antes que por los homenajes de la derecha.
  6. Pinochet es y seguirá siendo una figura referencial en la política chilena. Para la Concertación, se constituye en un símbolo dictatorial y antidemocrático cuyo recuerdo permite su diferenciación del autoritarismo, mientras que para la centroderecha es un ejemplo de una labor modernizadora y necesaria en el contexto de la guerra fría.
  7. El hecho de que sólo se permitiera una ceremonia y que en ella prevaleciera la visión política, constituye un hecho cuyas implicancias futuras son variadas y de lento decantamiento. Por ejemplo, el reconocimiento explicito a la calidad de ex gobernante de Pinochet, el respaldo que su gobierno tuvo de las fuerzas armadas, el apoyo de un sector ciudadano, la interpretación internacional de su gobierno, son elementos a considerar en la interpretación acerca de su labor gubernamental.
  8. Para la izquierda más radical, su muerte implica concentrase en los juicios de derechos humanos y en la obtención pronta de sentencias de altos oficiales para configurar, a partir de su entorno, la derrota política de Pinochet.
  9. Finalmente, los 17 años de Pinochet en su calidad de gobernante, dictador o líder será materia de distintas interpretaciones que estarán marcadas por su consideración como el salvador de la patria o como el mayor criminal de la historia de Chile. En otras palabras, no habrá una única interpretación histórica, aún cuando halla un amplio consenso respecto a la condena de las violaciones de los derechos humanos o el rechazo al aprovechamiento de los recursos del Estado en beneficio personal y el uso de la violencia como instrumento de la política.


En otro orden de consideraciones, es oportuno señalar que si bien la Concertación tuvo como uno de los puntos que aglutina a los partidos de la Concertación a Pinochet, el otro que hasta el día de hoy se mantiene como el capital político de ésta es su capacidad de gobernar en democracia. Es justamente la democracia como sistema y valor, el capital que la Concertación ha mantenido en el tiempo. Sin embargo, cada vez que la democracia se justifica con el pasado, da cuenta de una legitimación implícita al régimen anterior como asimismo deja en evidencia las debilidades para avanzar en una construcción democrática más sólida y más creíble para la ciudadanía.

Para la Alianza, el sinceramiento con Pinochet y su gobierno les abre la oportunidad para enfrentar el desafío de mostrar su compromiso democrático y proponer una construcción democrática más eficiente, viable, avanzada y participativa. Para ello es necesario distinguir lo que es el quehacer político asociado a la democracia de las políticas públicas, como una cuestión básica para encantar a quienes necesitan resultados concretos antes que esperanzas sin fundamentos. Eso implica capacidad de negociación, capacidad de no exclusión y propuestas acordes a lo que significa una democracia del siglo XXI.

Puede parecer una cuestión obvia, pero Pinochet es un símbolo del siglo XX. Mas allá de la interpretación que se tenga, su imagen referencial se refiere a un siglo ya pasado, donde derivan instituciones, formas de concebir la política, la economía, las necesidades sociales y los comportamientos políticos. Cada ciudadano ya tiene una opinión formada sobre Pinochet. La sociedad critica las lógicas políticas del siglo XX, aún cuando haya grupos que se mantengan aferrados a ellas. Eso se demuestra en variados estudios donde la participación política y electoral lejos de aumentar tiende a disminuir.

Si el objetivo es derrotar la imagen referencial de Pinochet o, por el contrario, ensalzar su legado, ello debe hacerse bajo las condiciones políticas del siglo XXI. Mientras no se asuma que la construcción democrática de este siglo pasa por otras variables y que la derrota o el legado cae o se supera por el propio peso de la nueva construcción democrática, seguiremos en un conflicto artificial que no motiva a quienes piensan en una democracia inclusiva e integradora, pero a la vez eficiente en la superación del pasado. Es obvio, si los liderazgos se fundamentan en la comparación con el pasado, el espacio para nuevos líderes es limitado y abre puertas que no avanzan exactamente por el camino democrático que muchos dicen defender.