Año 5, N° 120, viernes 22 de Diciembre 2006

El maltrato a la ciudadanía

“Lo que enfrentamos día a día los ciudadanos es que no existen canales reales de participación; en lugar de eso, quedan la frustración y la rabia”


Que la Presidenta Michelle Bachelet es una persona sencilla, agradable y muy cercana a la gente, parece ser algo sobre lo cual muchos están de acuerdo; ella se hizo popular y probablemente concitó apoyo entre los chilenos y chilenas por estas características. Su triunfo en las elecciones presidenciales se debió en gran medida a este perfil de cercanía con la gente. Esta imagen se fue elaborando durante su campaña y transformado en un discurso político, y llegó a prometer que éste seria un "gobierno ciudadano".

Lo que muchos entendimos con esto es que el nuevo gobierno tendría más cercanía con la gente común y corriente y se generarían mayores espacios de participación para la incidencia en la generación de políticas públicas. Pero han pasado los días de campaña y, transcurridos los primeros meses de gobierno, lamentablemente la Presidenta no ha logrado imprimir un sello ciudadano al gobierno.

De hecho, muchos de los personeros que hoy detentan cargos públicos están muy lejos de sentirse y comportarse como ciudadanos. Al analizar su comportamiento queda claro que prefieren buscar acercamientos con aquellos que detentan el poder económico, antes que invertir su tiempo y esfuerzos en generar los espacios de participación comprometidos durante la campaña.

Aún cuando es precisamente esta ciudadanía organizada que ahora eluden, la que puede aportar, participar e intercambiar ideas para hacer de Chile un país más justo y democrático.

Es preocupante ver como la Presidenta ha sido incapaz de cambiar la tónica de los gobiernos precedentes; recibe en La Moneda a los empresarios, los invita a viajar con ella como parte de la comitiva oficial dentro y fuera del país; como consecuencia lógica, los funcionarios públicos nombrados por ella siguen el ejemplo, acentuando la distancia hacia a la ciudadanía.

Tanto es el olvido de las promesas de cercanía a la gente, que las actuales autoridades nombradas por la Presidenta, esto es, ministros, subsecretarios, intendentes y jefes de servicio, son difícilmente asequibles. No responden cartas, no contestan llamadas telefónicas y menos aún, se reúnen con las organizaciones. Pareciera que viven en otro país, en otro espacio, en el que conversan entre ellos y con los representantes de los grandes grupos económicos y sólo se juntan con la gente cuando hay que organizar actos públicos y "sacarse la foto".

No es mi intención ser pesimista, pero resulta lamentable lo que estamos viviendo, pues no se vislumbra una salida para la ciudadanía. Estamos ante un gobierno que generó expectativas de participación y que ahora no es capaz de responder a ellas. Lo que enfrentamos día a día los ciudadanos es que no existen canales reales de participación; en lugar de eso, quedan la frustración y la rabia.

Esto nos lleva a un mal pronóstico, pues comienzan a gestarse tensiones. Tensiones que tienen historia, debido a que muchos ya hemos vivido lo mismo con los anteriores gobiernos de la Concertación. Lamentablemente, si no se generan pronto canales reales de participación, estaremos ante un escenario donde las posiciones resultarán cada vez más irreconciliables.

Los ciudadanos organizados estamos siempre disponibles a conversar, pero eso no significa que dejemos de buscar otras formas de actuar ante un gobierno sordo. Tenemos experiencia y sabemos que si por un lado se bloquea el camino, tendremos que explorar otros espacios que resulten efectivos.

Si esto lo llevamos a los temas ambientales, tenemos una doble carga: por una parte, la deuda histórica que tienen los gobiernos de la Concertación en materia ambiental, junto a los enormes retrocesos que han ocurrido en estos pocos meses de presidencia de Bachelet, y por otro tenemos una ciudadanía cada vez más frustrada pues no encuentra donde expresarse y ser al menos escuchada en forma respetuosa.

Lo peor es sentirse mal tratado y este gobierno, definitivamente, ha entrado en esa tónica.