Año 5, N° 120, viernes 22 de Diciembre 2006

¿Nicotina o delirium tremens?

“Acepto que nos defendamos del tabaco si me explican por qué no combatimos el alcoholismo”


La campaña antitabaco cierra el debate sobre la casa de orates que en que vivimos.

Tabaquismo es el nombre científico del hábito precolombino que asombró a don Cristóbal. Los aborígenes caribeños aspiraban el humo de cierta hierba "por un cañuto metido en las narices". En menos de veinte años, Europa aspiraba rapé y fumaba los primeros cigarros.

Acepto que nos defendamos del tabaco si me explican por qué no combatimos el alcoholismo. Los chilenos toman más de lo que fuman. Y se mueren y matan más alcohólicos que fumadores. Pero los curados son una institución protegida y celebrada en Chile. No me extraña de una sociedad que ha llegado a creerse "los ingleses de América del Sur". Que se consideró el tigre del hemisferio y se le derrumban no solo los puentes sino los sueños una y otra vez.

Tan chiflados somos, que se hizo un catastro de los indigentes que viven en las calles de Santiago. Resultado: siete mil. Medidos, los dejaron igual que antes, durmiendo bajo los puentes, en las puertas de los edificios, en las tomas de aire del metro, en los bancos de las plazas, donde cayera la noche. Los numerarios de la vagancia ya tienen carné. Son mendigos oficiales y el gobierno está tranquilo. Otros numerarios corren en las noches de Navidad a darles cenas en sus sitios de abandono. Les llevan sanguchitos de pavo, champaña, chocolates, regalos en papel florido, para dejarlos donde mismo y partir de regreso a sus hogares a celebrar. Qué generosidad tan generosa. Qué extraordinaria visión solidaria. Amén.


El alcoholismo se exalta en la publicidad y la vida social de manera inmoral. Las campañas publicitarias apuntan a los adolescentes, que hace años beben como descosidos. Hay que emborracharse para ser bien hombre (y mujer). Dos generaciones atrás los muchachos iban donde la Carlina a perder la virginidad con prostitutas pagadas por el padre o el padrino. Era su regalo de cumpleaños. Hoy beben hasta el delirium tremens gracias a la ayuda solidaria que les prestan las familias, las agencias de publicidad, las viñas y los importadores.

Los obreros de los años 50 recibían su "paga" el viernes y se perdían de sus casas hasta el lunes siguiente. Llegaban sin un peso, dando tumbos, inmundos de dormir en las acequias, con ínfulas de califa a pegarle a la mujer, a los hijos. Regresaban del ritual de la borrachera, que se iniciaba con la "mesa de pílsener". Seguían el chacolí, un vino de tres a siete tiritones, el chuflai, un borgoña y hasta vino con harina tostada. Damajuanas completas entraban por esos güergüeros sedientos. Hubo que pasar una ley para pagar la asignación familiar a la esposa.

En las clases acomodadas destacan en la ingesta de tragos finos. Se estiman catadores. Y beben vino como si fuera de misa, santificado, transubstanciado.

Los adolescentes acomodados se matan en auto los fines de semana en completo estado de ebriedad y arrastran a otros. Los del otro lado de la línea se matan igual, pero a balazos, cuchilladas y hasta a hachazos.

Niñas de quince años se emborrachan, y si en una fiesta sirven ponche, los imberbes corren a comprar pisco, ron o vodka. La cerveza gana: es barata y les venden lo que paguen. No hay ley que valga.

Claro que van a fumar menos. Pero se van a drogar y a beber más. Ser alcohólico es casi normal en Chile.

Las familias llamadas "bien" (¿?) esconden alcohólicos potentes en el árbol genealógico. Defienden el aquí no ha pasado nada, aunque vivan un infierno. Al adicto lo tildan de sufrir trastorno bipolar, o se ríen porque se le pasó la mano.

La diferencia es que el alcohol mata al que lo ingiere y a otros. Atropellos, muertes en buses llenos de pasajeros conducido por un chofer ebrio. Escaramuzas callejeras. El alcohol destruye las neuronas, borra la capacidad afectiva, idiotiza, vidria la realidad, desconecta del bien y del mal. Cierto que el cigarrillo suele matar al fumador. Pero no pulveriza inocentes mientras duermen. Esto tienen en común el vino y la bomba atómica.

El pueblo sufre el sino más trágico. Se toma desaforadamente en la miseria. Pero el problema es transversal, se emborrachan de gerente a junior, hombres y mujeres.

Prohibir el cigarrillo pero incitar a beber sin límite a los jóvenes es señal de mercado, no de responsabilidad. A Chile le basta, pareciera, ser exportador de mostos para hacer la vista gorda.

La revolución permanente (que dejó de serlo cuando llegó al poder) sacó del cuadro el respeto, la tradición y la moderación. Al fortalecer el rol del estado en la vida privada socavaron la autoridad paterna. Se reparten píldoras para proteger a las niñas del embarazo. Post coito, porque en verdad defienden el bolsillo del ministerio de salud. El ahorro fiscal disminuye la posibilidad de más políticas sociales. ¿De qué sociedad futura hablamos? Hasta en Israel el kibutz dividido y el amor libre fracasaron. Nuestros adolescentes alcohólicos, violentos, son producto de la fragilidad de la familia: alcoholismo, salarios bajos, horarios de trabajo extensos, casas inhabitables produjeron la sociedad con la tasa más alta de depresión de América Latina.

¡SOS! Por creernos el Titanic, estamos a punto de chocar con un iceberg.