Año 5, N° 121, Viernes 12 de Enero 2007

Chile 73 en los ojos de National Geographic

El año que Chile fue historia

Una de las revistas más importantes del mundo tuvo por meses a uno de sus periodistas y a un destacado fotógrafo investigando el Chile de la Unidad Popular. La mirada imparcial y empática nos puede revelar unas cuantas cosas sobre Chile previo al colapso total. ¿Qué habrá sido de la mujer que ilustró la portada de NG en 1973?


Si hay una foto clásica en el mundo de los retratos es la de esa mujer Afgana de profundos ojos verdes que salió elegida la mejor instantánea en la historia de National Geographic.La foto fue tomada en una zona rural de Afganistán en 1984 e impresionó a cada persona que la vio, tanto, que la imagen dio la vuelta al mundo unas cuantas veces, no sólo en papel imprenta, también en forma de chapitas, tazones y hasta alfombras.

La mujer afgana nunca supo de su popularidad hasta 18 años más tarde –el 2002– cuando el mismo fotógrafo de la National Geographic que la había inmortalizado la encontró después de una larga búsqueda.

Sí, se notaba en los rasgos de la mujer el paso del tiempo, pero esa mirada entre diabólica y angelical que tanta fama le dio a su rostro seguía intacta.

Sin que muchos chilenos lo sepan, nosotros tenemos un caso similar al de la mujer afgana. Fue en 1973 cuando el periodista Gordon Young y el fotógrafo George Mobley –de la revista National Geographic– llegaron hasta Chile para retratar sobre los agitados tiempos de la Unidad Popular. Ambos hicieron un profundo reportaje sobre la situación política, económica y social del país que se coronó con la presencia de una hermosa mujer chilena, nada más ni nada menos, que en la portada misma de la prestigiosa revista. Morena, de rasgos finos y de encantadora expresión, ella sostiene una bandera nacional que hace juego con el rojo de su ceñida polera. Su edad seguramente fluctúa entre el final de su adolescencia y el principio de su juventud. La escueta descripción que hace Geographic de la foto es más o menos la siguiente: "Bella chilena se une a manifestación política".


No se sabe dónde fue tomada la foto, ni menos a qué bando la joven daba su apoyo. Y como en el caso de la mujer afgana, tampoco se conoce su nombre, la única chilena que ha salido en la portada de una de las revistas más importantes del mundo. El asunto no es menor. Sólo queda rogar para que algún gentil lector reconozca a quien ahora –si es que vive– debe ser una señora.

Por ahora debemos conformarnos con revisar el contenido de un número histórico y desconocido, que retrata con visión sorprendentemente imparcial, el Chile de la Unidad Popular.

CHILE EN NATIONAL GEOGRAPHIC

Al hojear la historia de más de 40 páginas y que incluye una docena de fotos a todo color, se aprecia que, aunque el artículo fue publicado un mes después del golpe, la revista fue impresa antes que las fuerzas armadas sacaran los tanques a la calle. Pinochet, por ejemplo, no es nombrado ni una sola una vez, simplemente no existía cuando Gordon Young –el autor de la nota– escribía de sus experiencias en el país para Geographic en abril del 73. Sí existía Allende, Patria y Libertad y el colegio Saint George de Machuca. Y esa es la realidad a la que Young se apega para darle forma a su versión de Chile. La inocencia no se había perdido por completo en un país donde, según el periodista, los grandes, a pesar del enrarecido clima social, mantienen un trato cortés en el diario vivir y los niños hablan de política a la hora de almuerzo.

Cuando Young llegó a Chile a fines del 72, el país parecía estar en la tranquilidad del ojo de un huracán.

"Estaban yéndose de Santiago", parte diciendo Young. "Todos esos corresponsales que habían llegado para cubrir una guerra civil se estaban yendo al aeropuerto por las apacibles calles de la ciudad".


El periodista hace referencia a la elección senatorial de octubre del 72. Con más intensidad que nunca, la clase media salía a las calles para protestar contra el gobierno. "Esa vez, sólo volaron piedras, gas lacrimógeno y epítetos de todo calibre".

"Un periodista francés bautizó el acontecimiento como la revolución de los helados, al ver a un manifestante marchar con un cartel en una mano y con un helado en la otra", describe Young. "La prensa internacional se impresionaba al notar que la policía y los manifestantes hacían una breve tregua a la hora de almuerzo, para continuar sus enfrentamientos una vez comidos".

Aunque las balas llegarían después de que Young terminara de escribir la última palabra, su relato se vería beneficiado por estar libre de las influencias de los sucesos post 11 de septiembre de 1973. Es parcialmente por eso que, si hay un documento que se debería leer en las escuelas chilenas sobre los tiempos de la Unidad Popular libre de inclinaciones partisanas, es precisamente una traducción del artículo de Young para la Geographic.

YOUNG TREPA POR CHILE


Inspirado por la calidez de la gente y los grandes contrastes de su geografía, el periodista de National Geographic recorre Chile recogiendo todo tipo de impresiones. Va al norte y habla con un científico que quiere llenar el desierto de tamarugos para alimentar grandes cantidades de ganado. En el sur, se encuentra con un chileno-alemán al que le expropiaron la mayor parte de su lechería. "Antes producíamos 400 toneladas de leche al año", le explica a Young. "Con la expropiación ahora se producen 40. Al principio, los campesinos tienen la impresión que trabajarán su pequeño pedazo de tierra. Después se dan cuenta de que trabajan para alguien más: el gobierno".

Luego se encuentra con Patricio Rettig, en ese momento director de INDAP en la Patagonia (tras el golpe estuvo detenido en Dawson), quien le explica en terreno de los planes de expropiación y producción en el sector agropecuario. La versión de un mismo hecho se contrapone radicalmente a la del chileno alemán de la región de Los Lagos: "Bajo el gobierno del presidente Allende hemos nacionalizado más fundos y campos durante estos primeros tres años que la administración anterior hizo en seis", cuenta Rettig. "En las cooperativas trabaja el doble de gente que antes", completa Manuel Fajardo, encargado de una de ellas. "Hay planes para hacer un gran invernadero que proteja las plantaciones del viento".

Así, Young se mueve con soltura por un Chile inmerso en un período de profundos cambios estructurales, manteniendo una asombrosa y casi total ambigüedad política. Por ejemplo, en Chuquicamata se sorprende con el trato deferente y amable de su gente en un momento en que la ciudad estaba empapelada con consignas "antiyanquis" producto de las demandas de empresas norteamericanas que buscaban recuperar el capital perdido a raíz de la nacionalización del cobre. "Los políticos podrán atacar Kennecott Copper Corporation en sus discursos, pero un norteamericano viajando por el país es tratado como un huésped", dice Young dejando una sensación de alivio en sus palabras.

Y es que a pesar del complicado momento político y social del país, el periodista se da el gusto de dar a conocer las cosas buenas que el país tenía treinta y tantos años atrás, dejando en claro que Chile es una nación orgullosa de su larga tradición democrática, en ese momento una excepción en el largo historial de dictaduras latinoamericanas: "¿Las políticas de un gobierno marxista legalmente elegido atacadas por slogans y rocas en lugar de balas?, se pregunta Young algo confundido. "Suena raro, pero Chile no es una nación típicamente revolucionaria. Su clase media es grande, su tasa de alfabetización es de un 90 por ciento (...) y por décadas ha habido estabilidad política".


Es por eso que Young subraya el hecho de que el gobierno de la Unidad Popular sea el único marxista en el mundo elegido en las urnas en un contexto de violencia relativa. De hecho, cita a Thomas Greer, un doctor en humanidades de la universidad del estado de Michigan, quien se encontraba en Santiago para las parlamentarias de Octubre del 72. "Muchos de los trece diarios de la capital están llenos con virulentos mensajes contra el gobierno", dice Greer. "Ningún otro gobierno marxista permitiría tal libertad de expresión a la prensa".

Su relato escapa al típico discurso condescendiente y paternalista sobre el país que se han encargado de divulgar muchos periodistas e historiadores norteamericanos por el mundo, sobre todo después de la caída de Allende. Young deja en claro, eso sí, que las colas, el desabastecimiento y las protestas son parte del diario vivir en el Chile de la Unidad Popular. "Si necesito un repuesto para el motor," un taxista le dice a Young, "voy y visito al esposo de la peluquera de mi señora…". "Los zapatos y la mantequilla los consigo con un mecánico de por ahí", anota.

La situación es realmente tragicómica. Pero Young no le echa totalmente la culpa a la administración de Allende de los extraños entuertos que se dan cuando prevalece un fuerte mercado negro por sobre un mercado formal. El reportero atribuye la existencia de este fenómeno al nuevo poder adquisitivo de la clase baja –que es capaz de competir por productos a los que antes no tenía acceso– y a la disminución de la producción de las empresas que durante la Unidad Popular pasaron a manos de inexpertos gerentes estatales. O sea, fusiona las versiones de la izquierda y la derecha para explicar la supremacía del mercado negro en Chile, algo que parece mucho más sensato que quedarse con la posición de uno de los dos bloques políticos.

Pero lo más destacable del artículo es que Young se encarga de divulgar internacionalmente la noción de que a pesar de la profunda división política y social reinante en el gobierno de la UP, a pesar de las colas y los problemas de abastecimiento, la gente de Chile destaca ante todo por su perfil eminentemente humano. "Después de todo", dice Young, "estabilidad, hospitalidad y justicia son parte de la naturaleza del chileno". Y remata el artículo diciendo que, "Chile es una tierra de gente sincera que –independiente de su apoyo o rechazo al gobierno– trabaja duramente para construir un país mejor".