Año 5, N° 121, Viernes 12 de Enero 2007

Esquizofrenia

La complejidad de un enigma

Por décadas ha sido considerada uno de los trastornos mentales más graves en el campo de la salud mental. Los síntomas se presentan en la juventud o principio de la adultez, lo que dificulta su detección y prevención, pero es la falta de evidencias para determinar su origen, lo que la ha convertido en todo un misterio para la comunidad científica.


Parece contradictorio que la medicina, ciencia exacta por esencia, se vea sin evidencias sólidas para determinar los orígenes de una de las enfermedades mentales más graves que afecta a la salud de las personas. Ya que, aunque la esquizofrenia es una de las patologías más estudiadas en el espectro de la psiquiatría, por décadas ha sido tema discordante en las comunidades científicas del orbe.

Mientras algunos aseguran que correspondería a una enfermedad del cerebro y como tal debería ser tratada con fármacos, otros afirman que responde más bien a procesos sicológicos mal procesados y que con una terapia sistémica, sería suficiente para contener los episodios de la enfermedad.

Pero lo cierto es, que si bien aún no está claro su origen, sus causas y tampoco existe consenso en un tratamiento único, sí está claro que es un trastorno mental que afecta a más del uno por ciento de la población mundial, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Por definición, la esquizofrenia es un trastorno mental en el que el sujeto no diferencia entre experiencias reales e irreales, no piensa de manera lógica, no tiene respuestas emocionales socialmente normales ante los demás y muchas veces, los procesos mentales básicos, como el desarrollo intelectual, emocional o la misma voluntad, no están bajo su control. Por otra parte, tenemos la definición de la OMS que nos dice que es "un disturbio fundamental de la personalidad, una distorsión del pensamiento, delusiones bizarras, percepciones alteradas, respuestas emocionales inapropiadas y que presenta un grado de autismo. Estos síntomas son experimentados en presencia de conciencia clara y generalmente, con una capacidad intelectual conservada".

En ambas definiciones podemos evidenciar que hay una descripción de la patología a través de los síntomas, sin embargo no hay consenso en determinar si su origen es biológico o psíquico, y es aquí donde comienzan los primeros desacuerdos en la comunidad científica mundial.

Por años, se estableció que aquel que padecía esquizofrenia, estaba predestinado por antecedentes familiares, en otras palabras, que era una enfermedad hereditaria. Con el correr de los años y con ellos el acopio de estudios e investigaciones al respecto, arrojaron otros datos que no hicieron más que aportar nuevos antecedentes para continuar con el desconcierto médico.

Según un reciente estudio del Centro Psiquiátrico de la Universidad de Texas, los factores genéticos serían importantes para el desarrollo de la patología e incluso las personas con familiares esquizofrénicos podrían ser más propensas a presentar la enfermedad, pero también habrían sucesos en el ambiente del sujeto que podrían desencadenarla, por ejemplo complicaciones durante el desarrollo intrauterino o en el parto e incluso algunos episodios sociales traumáticos que podrían favorecer la aparición de esta afección.

Un ambiente familiar tenso, con fuertes quiebres emocionales, con escasa compresión y sucesos estresantes como fracasos amorosos, familiares, profesionales e incluso la perdida de un familiar cercano, podrían influir en la aparición de la esquizofrenia.

Sin embargo, la descripción de los síntomas no son del todo ajenos a una severa depresión: suele aparecer en la adolescencia o al comienzo de la edad adulta y es progresiva. Afecta a la personalidad en su conjunto, el individuo va perdiendo interés por las cosas, su vivacidad disminuye, también su emotividad. Lo que finalmente lo lleva a un aislamiento progresivo de su entorno. Hasta aquí, pareciera ser el detalle de un fuerte cuadro depresivo común, pero el diagnóstico esquizofrénico nunca es uniforme y tampoco lo es su curso y aunque, en sentido estricto, no se han identificado los síntomas exclusivos, sí hay ciertos fenómenos psicopatológicos que al presentarse asociados, tendrían una significación especial para el diagnóstico de la afección: la difusión del pensamiento, la idea de que se está siendo controlado (paranoia), pasividad del cuerpo, movimientos acciones o sensaciones concretas, percepciones delirantes, voces alucinatorias que comentan la propia actividad, delirio persistente, alucinaciones de cualquier modalidad, interpolaciones o bloqueos del pensamiento, lenguaje divagante, disgregado, incoherente, manifestaciones catatónicas, apatía, empobrecimiento del lenguaje, bloqueo o incongruencia de la respuesta emocional, cambios consistentes y significativos de algunos aspectos de la conducta personal, como pérdida de interés, falta de objetivos, ociosidad y aislamiento social. Todo esto, según los sistemas estándares de diagnóstico de la OMS.

Frente a estos datos, lo claro es que el diagnóstico final debe ser hecho por un psiquiatra, quien debe realizar una extensa entrevista de la persona y de los miembros de la familia, ya que tampoco existen exámenes médicos definidos para la esquizofrenia. Así las cosas, la esquizofrenia sigue siendo uno de los trastornos mentales mejor guardados por el cerebro humano.