Año 5, N° 121, Viernes 12 de Enero 2007

Enchulando el país

“Aunque Discepolo se revuelque en su tumba, en cualquier programa ‘prime time’ de la TV chilena vende más un burro que un gran profesor”

Es cierto que la vulgarización extrema de la oferta televisiva no es un patrimonio de Chile, hay países en los que nunca la TV fue más que eso y otros, como España o Italia, donde se ha abierto una grieta en la pared que nos ha permitido conocer la otra cara de la luna, pero hay algunas diferencias y detalles que vale la pena estudiar, no últimas, las que tienen que ver con que nuestra televisión nació en las Universidades (que en esa época eran otras universidades) y creó un canal nacional de servicio público (que en esa época tenía otra concepción de Nación y de servicio público).

Respecto de nosotros mismos, debemos pues constatar simplemente el rotundo fracaso de esa idea original y lamentar que nada, nada, haya sobrevivido de ella.

Respecto de otras latitudes hay que decir que hasta en los Estados Unidos existe la posibilidad de refugiarse en la red pública de radio y televisión PBS si uno aspira para sus neuronas algo más que "lo que el público exige".

Por otra parte, sea en Europa o en otros países, entre los que incluso podríamos incluir a México, Colombia, Argentina, Brasil y ciertamente a Canadá, la depredación intelectual chula se experimenta en una sociedad que cuenta con algunas defensas sólidas en el campo cultural, amplio público para conciertos, teatro, artes plásticas. Sólidas instituciones culturales como universidades, museos, bibliotecas, exposiciones, academias, etc. En pocas palabras, existen alternativas al monopolio chulo, variedad en el campo de los periódicos, las revistas, un mercado editorial a precios razonables y, lo que es igualmente importante, una sed de lectura por parte del respetable que a veces recibe estímulos desde la propia televisión, por lo menos en el sentido que no sea lo mismo un burro que un gran profesor.

Imaginémonos en el orgulloso país de las estadísticas y el rating, desde luego, aunque Discepolo se revuelque en su tumba, que en cualquier programa "prime time" de Chile vende más un burro que un gran profesor.

El problema nacional no es la farandulización, la banalización que campea en los medios; es el monopolio que este fenómeno tiene sobre el universo comunicacional, es la total ausencia de estructuras alternativas, es el desierto cultural en el que se construye esta ciudad virtual, este castillo de naipes, este castillo de arena… este matrimonio entre la lipoescultura y el futbolista, esta anatomía que sucede tan lejos del cerebro y de los placeres a los que también éste tiene derecho.