Año 5, N° 121, Viernes 12 de Enero 2007

Análisis Político

Democracia: suma negativa

Una de las cuestiones que no merece duda en Chile es que hay sectores minoritarios, que se autodefinen de derecha e izquierda, que no transan ni transaran sus principios ni visión política. Para ellos, la política sigue girando en torno al Estado y alrededor del conflicto de clases, para algunos, y la propiedad privada, para otros, en la idea de un Estado mínimo v/s un Estado máximo. Por otra parte, y conforme la última encuesta del CEP, un porcentaje cercano al 41 por ciento no adhiere ni simpatiza con partido político alguno, mientras que un 11 por ciento se declara de centro.


Tanto la Concertación como la Alianza se disputan en cada elección porcentajes que no adhiriendo a ningún partido, están dispuesto a votar por las figuras que mejor representen sus intereses y que ya han dejado de ser ideológicos o confrontacionales.

Al efecto, si la Concertación es el resultado del rechazo al gobierno de Pinochet y la búsqueda de retorno a la democracia, la Alianza, por su lado, es el resultado justamente de ese gobierno y de la existencia de la Concertación. En este esquema, el mayor valor de la Concertación es su sentido democrático en una expresión no confrontacional, mientras que para la alianza está dado por su capacidad de generar un equilibrio de poder en el sistema político. Cada uno de ellos intenta por tanto identificarse con un ciudadano que cree en la democracia, la transparencia, la eficiencia y que posee una alta expectativa respecto a la posibilidad de alcanzar niveles de desarrollo social, económico y político.

Sin embargo, en la actual situación, donde la corrupción se ha apropiado de los espacios, dejando ver las fórmulas utilizadas para financiar campañas electorales y partidos, no sólo quedan en evidencia las carencias del sistema democrático que no permite una efectiva fiscalización ni control de una actividad fundamental para su funcionamiento como es su financiamiento, sino que muestra una arista de mayor complejidad definida por el hecho de que la Concertación ha ido derivando a un mero mecanismo de distribución de poder, donde todos aquellos que afirman que eso es inaceptable no han tenido ni la fuerza ni voluntad suficiente para impedirlo.

El equilibrio de poderes en democracia tiene una variedad de expresiones. Una de ellas es que los vicios a los que puede llevar el juego democrático, considerando la naturaleza del ser humano, deben ser prevenidos y controlados, mediante mecanismos autoimpuestos por los actores del sistema.

En el caso de Chile, los controles y las condiciones para un eficaz y eficiente funcionamiento del sistema han sido insuficientes e inadecuados. Ello supone que lo que ha pasado con grupos dentro de la Concertación no sería muy diferente respecto a lo que podría haber sucedido si la Alianza estuviese gobernando. El interés natural de mantenerse en el poder y aspirar a mayores cuotas dentro de éste no es una cuestión ideológica sino que consustancial al ejercicio del poder.

En estas circunstancias, la crisis de la Concertación no sólo pasa por establecer una fundamentación ideológica que defina su identidad política para el siglo XXI, sino que tiene un trasfondo de mayor relevancia asociado a una democracia que en 17 años no ha logrado avanzar en un perfeccionamiento que ya no depende de lo heredado o no, sino que de la forma en que se desea funcione el sistema. En otras palabras, pretender decir que la herencia autoritaria es el argumento que explica los actuales hechos, constituye una manera de señalar que quienes tienen la responsabilidad de fortalecer la democracia lo que hacen es justamente debilitarla.

Este debilitamiento se consigue rápidamente al personalizar la situación de corrupción de manera exagerada y al aislarla o focalizarla como una cuestión de un partido, dejando de lado su origen e impacto sistémico. A su vez, el debilitamiento se consolida cuando los medios de comunicación son refractantes a los impulsos de las redes de poder y prefieren quedarse sólo en los dimes y diretes antes que asumir en plenitud la función de watchdog que precisa el sistema democrático. Todo lo anterior, toma un cariz aún mas preocupante si se considera la actitud y posición del ciudadano, para quien todo esto es prácticamente inevitable y la única forma sería reformando completamente el Estado (Encuesta CEP, dic. 2006).

Así y todo, la concentración en el manejo de la agenda logra los resultados esperados, en el sentido de que el silencio empieza a cobijar todas aquellas debilidades de nuestra democracia.

En este escenario, la renuncia del senador Flores al PPD creando un referente al interior de la Concertación y manteniendo su lealtad política a ella, viene a ser una respuesta a la crisis evidente de los partidos para enfrentar los desafíos democráticos y deja claro que la actual estructura de éstos no será el canal de expresión de las opciones políticas de muchos ciudadanos.

Para la Alianza, mientras se focalice sólo en plantear una oposición estructural al Gobierno, y mientras éste se descuelga de los conflictos políticos de la concertación, su rol será insuficiente para generar una credibilidad respecto a la gestión de un sistema democrático que hoy día no se define sólo en términos de la defensa de valores capitalista, sino que se inserta en la gestión de los procesos democráticos para tener la adhesión ciudadana. Aspectos propositivos que muestren y demuestren su manejo de instrumentos democráticos eficientes constituyen una exigencia básica para que logre repuntar los puntos porcentuales que le han faltado para alcanzar el poder. Si la Alianza no avanza en estos elementos la credibilidad respecto a una Concertación con un mayor compromiso democrático, a pesar de todo, se logrará imponer independiente de la correlación de fuerzas internas que existan.

La corrupción política no puede ser considerad una oportunidad para lograr mayores espacios de poder. En la medida que la oposición y la Concertación así lo planteen están cavando una tumba para el real perfeccionamiento democrático que exige la sociedad. Cada vez que la ello ha sucedido, la tendencia a la concentración del poder y a un mayor autoritarismo es mayor.