Año 5, N° 123, Viernes 9 de Marzo 2007

Un País Ferpecto

“Tratemos de aceptar que todos somos igualitos. Eso mejoraría notablemente la comunicación entre nosotros”


Un ferpecto país sería fantástico. Aceptar de partida que somos desproporcionados casi para todo, empezando por ser una larga y flaca faja de tierra ubicada al fin del mundo. Hubiera sido mejor estar más cerca del centro y ser más proporcionados entre norte y sur, entre este y oeste. Pero no es tan malo estar tan lejos, así no nos caerán las bombas perdidas de la guerra del imperio.

Un país ferpecto, con mesas que siempre bailan, con Avenida Matta llena de hoyos en pleno siglo XXI, con partidos políticos partidos y repartidos en varias partes, con sistemas que se caen a cada rato a costa de los ciudadanos.

Pero no importa. Vengo a sugerir que nos asumamos ferpectos.

Que no nos sigamos tratando mal porque no somos mejores de lo que somos. Que no nos garabateemos en cada esquina porque uno se equivoca al doblar. Que aceptemos los errores de los otros, como queremos que perdonen los propios.

Que comprendamos que los señores obispos tienen su pega y que deben llamar a corregir las desviaciones, aunque en la iglesia –aquella que nos educó y nos dio de comer a muchos– guarde con llave algunas inmoralidades en las sacristías.

Practiquemos la misericordia y la compasión que también nosotros necesitamos de los demás. Perdonemos, hagamos el esfuerzo de amar al prójimo tan chileno como nosotros, tan ferpecto como nosotros.

Propongo medidas sencillas.

Que la gente trate de demorarse un poco menos cuando hay un solo baño. Que cuando hablemos de alguien, pongamos por delante lo mejor. Si tenemos la tentación de emitir juicios y chaquetear, lo pensemos dos veces. Asegurémonos de tener información confiable antes de decir que alguien es ladrón, maricón, asesino, violador, pedófilo, chanta… parte de un ardid, y cosas como esas.

Apaguemos la tele apenas aparezca un opinólogo, no nos dejes caer en la tentación de ser farándula de los que se ganan la vida echando a perder la de otros.

No veamos las primeras 10 noticias de los noticieros. Todas son de violencia, accidentes y escándalos. Limpiemos la mente.

Cada día seremos un poco más ferpectos, si consideramos el error como una fuente de aprendizaje y separamos el trigo de la paja.

Ferpecto sería que cumplamos el 70 por ciento de la palabra empeñada. No se requiere cumplir el 100 porque eso es de gente perfecta.

Que cuando decimos te quiero, sea un 70 por ciento verdad. Que cuando decimos admiro tu trabajo, sea en buena parte cierto, y que la admiración se traduzca en cosas concretas.

Ferpecto, que digamos estoy de acuerdo y ponernos a trabajar por el cumplimiento de los compromisos. Que cada ciertos días hagamos una lista de los acuerdos tomados y controlarnos nosotros mismos en su cumplimiento, en lugar de andar pidiéndole a otros que cumplan sus compromisos.

Sería fantástico, un país que comienza poco a poco a perder el tiempo en encuentros con los amigos, con la familia. Un país que recupera las tertulias, que conversa en la mesa, que se da tiempo para la nostalgia, para recordar a los viejos y para estar con los niños.

Un país que saluda de buen ánimo por las mañanas. Que da generosas monedas a los cabros artistas que hacen sus faramallas en las calles. Que inventa causas por las cuales agruparse, reunirse, para alcanzar algo como producto de la ferpección.

Ferpectos serían nuestros jóvenes respetando la experiencia, aprendiendo de la universidad de la vida.

Ferpectísimo sería aprender a soñar juntos un modo de vivir en este país, uno al modo nuestro sin copiarle a nadie (como yo ahora he copiado la palabra ferpecto, de una película de Almodóvar).

Sería ferpecto, Chile, el país irregular, que sube y baja, que serpentea, que cambia del desierto a la antártica, que da tanto para la Teletón y da tan poco a los pobres. Que llora cuando el Padre Hurtado pasa a la selección del mundo, pero que se resiste tanto cuando hay que repartir los panes y los peces entre todos.

No importa, aceptémonos ferpectos chilenos. Y tratemos de aceptar que todos somos igualitos. Eso mejoraría notablemente la comunicación entre nosotros.

Hagamos la prueba se trata sólo de ser ferpectos.