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Quien le escribe estas líneas es un oralitor mapuche, a tiempo incompleto e inconstante en la escritura mas no en la mirada, mas no en la diaria manera de vivir; en la dualidad de la vida, pero –me parece– no en la contradicción en la que han intentado sumirnos concertadamente algunos partidos que sostienen también hoy día su gobierno compañera Michelle. Partidos que desde hace ya más de una década, y cada año, se adscriben con entusiasmo y ceguera al sistema neoliberal.
Quien le escribe estas líneas, compañera Michelle, previo a su primer discurso como presidenta en uno de los balcones de La Moneda, leyó un poema en un proscenio instalado junto a una de las puertas principales del edificio (y en pocas palabras –teniendo en mente su promesa programática– le pidió cumplimiento de consideración real para con los pueblos indígenas). Usted, es probable, ni se habrá enterado de ello. Pero no importa. Mi motivación no era ni es alcanzar un nombramiento en algún cargo público. Debo sí decirle que en vicisitudes anteriores, y por poco tiempo, acepté ser integrante –ad honorem, claro– de la Comisión Bicentenario, en el gobierno de Ricardo Lagos, con el fin de aceptar allí la conmemoración de la innegable instalación del Estado chileno pero no la celebración, pues los indígenas –como usted sabrá– no tenemos nada que celebrar entonces. Con el fin también de fustigar la declaración de blanquidad surgida a raíz de la celebración del Centenario, y que en breves líneas he reiterado en esta columna (y no me cansaré de reiterar en todas partes porque me parece un punto central en la negación de su morenidad –todavía hoy– de la sociedad chilena, y de la no aceptación de otras formas de desarrollo económico y social por el Estado y la mayoría de sus gobiernos que la han regido). Me parece que el sistema neoliberal otorga todas las herramientas para que el Estado cumpla su aspiración de blanquizamiento chileno, por eso su arraigo quizás. Así, cuando se iniciaron los juicios a nuestros Lonko, renuncié, exponiendo mis razones en una carta pública.
En definitiva, mi motivación para acompañarla fue la porfiada confianza y esperanza –heredada de mis Mayores– en la Palabra, más si es proveniente de una mujer. La mujer, hija y hermana de la Mapu Ñuke / Madre Tierra, poseedora por ende de su fuerza y sabiduría (los varones, que somos advenedizos en este mundo y tardamos más en alcanzar profundidad en nuestros conocimientos, debemos aliarnos con las mujeres, nos dijeron y nos están diciendo nuestros Ancianos). Usted, como sabemos, una mujer que sufrió en carne y espíritu propios todo el oprobio de los nefastos días de la dictadura militar; Usted, que incluso con el poder máximo en el gobierno chileno expresa toda su feminidad y sencillez. Usted representaba el renuevo de nuestra confianza y esperanza (aunque la vivencia cotidiana de más de un siglo bajo el mandato del Estado chileno nos ha demostrado que los mapuche nunca hemos sido parte de sus "democracias"). ¿Pero qué sucedió? ¿Su voluntad no ha podido con la arrogancia (el olvido de las normas de la naturaleza) muchos de los señores que la rodean? Como tantos / tantas, quedo a la espera de Su Palabra que reafirme y reivindique –ahora sí– con energía su decisión de cumplir con lo prometido en su programa de gobierno.
Por último, quiero decirle que en estos días de modernizada dictadura de los adinerados tan protegidos por los tribunales de "justicia" (entre ellos los dueños de las forestales que –como Usted sabrá– están destruyendo de modo prepotente y desvergonzado el territorio de todas / todos quienes vivimos en este país), me parece que somos cada vez más los que nos despertamos y nos dormimos con la emoción, la impotencia, de ver –como en la ignominiosa época de la dictadura del innombrable– que nuestra gente más preclara es condenada y encarcelada u obligada a sumergirse en la clandestinidad sólo por el "delito" de luchar –por Ternura– en defensa de nuestra Madre Tierra.