Año 5, N° 124, Viernes 23 de Marzo 2007

“Me gusta reír, no temo arrugarme”

Destacada actriz y guionista. Reconocida pacifista y feminista, la doble ganadora del Óscar, Emma Thompson reveló para Revista Noticias de Argentina, sus principales afecciones. Sencilla y segura de su talento innato, la actriz inglesa desdeña las convenciones.


Si el humor es una de las medidas de la inteligencia, Emma Thompson califica con sobresaliente. Pruebas al canto: guarda los dos Óscar que ganó, en el baño de su casa:

"Todo el mundo va allí, tarde o temprano. Así evito que me pidan que se los muestre", argumenta con menos vanidad que un integrante de la comunidad amish.

Al recibir la estatuilla en 1996 como guionista del film "Sensatez y sentimientos", el clásico de Jane Austen, mostró su habitual desparpajo: "Estuve en su tumba. Fui a presentarle mis respetos y a contarle sobre los ingresos de taquilla".

Los velorios suelen provocarle ataques de risa, costumbre que le viene de familia.

Y cuando nació su hija, hasta que eligió el nombre, estuvo dos semanas llamándola Jane.com. La chica fue bautizada, finalmente, Gaia, en alusión a la diosa de la mitología griega, que significa Tierra. Su blindaje contra las convenciones no se detiene ahí: se prolonga a su imagen, ajena a modas y artificios. El temido diseñador Blackwell fue lapidario al respecto: la incluyó en la lista de las diez peores vestidas del mundo.

Una mujer de este calibre nunca viviría -mejor dicho: sobreviviría- en Los Ángeles, la meca de los divos del cine: "Podría ponerme a dieta, hacerme cirugías o botox y circular en fiestas glamorosas. Adoran el éxito y te tratan como a una estrella, pero me gusta volver a Londres, ponerme mi campera de duvet y gesticular o reír sin temor a arrugarme. Es la combinación perfecta".

Emma avanza a su aire y pisando firme, aunque vivió toda su vida en la misma calle de Hampstead Heath. Hija de la actriz Phyllida Law y el director Eric Thompson -su hermana menor Sophie también es actriz- el gran James Ivory la catapultó a la fama en "Regreso a Howards End", junto a Anthony Hopkins. Temerosa por su hija, Phyllida envió una nota al actor, suplicándole: "Por favor, no te la comas". Vana inquietud de madre: en el papel de Margaret Wilcox -mujer de exquisitos modales, que arbitra en conflictos familiares mientras escala posiciones sociales-, Emma impactó en el Festival de Cannes, y se alzó con el Globo de Oro y el codiciado Óscar.

Graduada en Filología Inglesa en Cambridge en 1980, la BBC le señaló el camino al contratarla para el programa televisivo de humor "Alfresco", con Stephen Fry y Hugh Laurie, su ex novio en la universidad. Su protagónico teatral en "Me and My Girl", en el West End londinense, llamó la atención de la BBC, que le ofreció un papel en la serie "Fortune of War", y en el rodaje se enamoró de otro actor, Kenneth Branagh.

Arrodillado en pleno Central Park, Kenneth le pidió que se casara con él, y el golpe de efecto dio su fruto. Hasta 1995, cuando le fue infiel con Elena Bonham Carter. Emma zanjó la cuestión con un irrevocable: "Kenneth, eres constitucionalmente incapaz para el matrimonio".


Feminista, lleva décadas militando en organizaciones de ayuda a refugiados políticos y se opuso a la Guerra del Golfo, como haría una década después con la guerra de Irak, decepcionada con Tony Blair. Su carrera tomó mayor impulso, primero con la dupla Ivory-Hopkins en "Lo que queda del día" -aquella conmovedora ama de llaves, Miss Kenton, secretamente enamorada del árido mayordomo y frustrada por su indecisión-. Luego, con "En el nombre del Padre", con Daniel Day Lewis, y al rodar la adaptación cinematográfica de "Mucho ruido y pocas nueces". Durante la filmación en la Toscana, escribió el guión de "Sensatez y Sentimientos", film que la consagró como guionista.