Año 5, N° 125, Jueves 5 de Abril 2007

Luis Albornoz

El señor de los colores

Hizo del diseño un arte mayor. Sus dibujos han marcados diversos períodos de la historia reciente del país y van desde el desarrollo de la estética del afiche de izquierda hasta la concepción de diferentes logos para el Chile corporativo. Su trabajo ha marcado a las nuevas generaciones de diseñadores, pero es poco conocido para el público en general. Una injusticia que El Periodista trata de rectificar.


Hay imágenes que quedan atrapadas en algún rincón de la memoria, trazos y colores que, se quiera a no, le van dando una identidad a un país entero. Uno ve un afiche o un cartel y sabe que está en Chile porque el diseño impreso en el papel es tan delator como el olor a sopaipillas en las calles en invierno.

A veces cuesta entender por qué ese legado pasa tan desapercibido.

Quizás algo tiene que ver el hecho de que un diseñador se considera un dibujante a pedido, al igual como un periodista podría llamarse un mercenario de las historias instantáneas. Claro que poco importa la razón. El trabajo está hecho y la herencia está tatuada en las paredes y murallas del país.

Y Luis Albornoz, un hombre modesto y talentoso, es uno de los grandes responsables de que este imaginario colectivo exista. Sus afiches y logos han penetrado nuestras mentes en forma silenciosa y sistemática por más de 35 años y han ido mutando según el periodo histórico del país.

Fueron 35 años trabajando para y con los hermanos Antonio y Vicente Larrea, sus grandes cómplices en que el color tomara un protagonismo inusitado a principios de los setenta.


Recién salido de la Universidad de Chile, Albornoz se integró a la oficina de los Larrea, mientras en su tiempo libre ayudaba a la brigada Ramona Parra a decorar las murallas de la ciudad. Era el año 70 y el inicio de la presidencia de Salvador Allende.

"Fue un tiempo propicio para darle un giro a nuestro trabajo", recuerda Albornoz. "Estaban los Beatles, Allende empezaba, ya había pasado la revolución de los estudiantes en Francia el 68, el hombre llegaba a la luna y el gringo que venía a Chile con sombrerito y pelo corto daba paso a un gringo más desordenado. Como diseñador uno está atento a lo que está pasando en el mundo e íbamos metiendo todo eso en la juguera".

En ese sentido el afiche cubano y polaco, además del mural mexicano también ayudaban a dar forma a lo que hacía Albornoz junto a los hermanos Larrea. Y si el momento histórico daba una mano para reinventar algunas formas, el factor suerte igualmente estaba de su lado. Uno de los integrantes de Quilapayún había sido compañero de Vicente Larrea en la Escuela de Artes Aplicadas. Ese fue el nexo del estudio con Dicap, el sello vinculado a la UP fue fundamental para que la labor de Albornoz y los hermanos marcara toda una época. Entre los tres hicieron carátulas para Víctor Jara, Inti Illimani, Quílapayún, Ángel Parra y otros artistas vinculados con la izquierda. De ese período viene el nacimiento de la estética que hasta el día de hoy se asocia a la izquierda más radical y que hace a Albornoz uno de los grandes del diseño en Chile.

"Me ha tocado más de alguna vez escuchar a gente que se fue al exilio decir que han visto algún afiche mío en Holanda o Suecia y que se han puesto a llorar por las memorias que les traen de Chile", grafica el diseñador, casi como pidiendo disculpas.


Así como todo gran artista tiene un trabajo que sobresale del resto, de los tiempos de la UP hay un diseño de Albornoz que ha quedado grabado por el poder visual de la imagen. Se trata del afiche de la película de Aldo Francia "Ya no basta con rezar", film en que Marcelo Romo hacía de un cura del puerto que pasaba por una crisis vocacional profunda. En el afiche -en el cual Vicente Larrea ayudó con los primeros bocetos- se ve a Romo vestido con sotana y en evidente gesto de estar lanzando una piedra en alguna protesta. "No sé por qué ese afiche destaca sobre los demás", acota Albornoz con sencillez. Y agrega: "Probablemente es por lo fuerte que es ver a un cura lanzando un objeto contundente. Hace poco me llamaron para preguntarme por él y de vez en cuando alguien lo trae a colación".

El período de oro del trabajo de Albornoz con los hermanos Larrea, terminaría con el fin del gobierno de la UP. Dicap tuvo que prescindir de sus servicios y los trabajos que hacían para el gobierno concluyeron. Había que reinventarse y ajustarse a los tiempos. Ser profesional. Y para poder seguir en carrera, había que esconder todo el trabajo previo.

Después del golpe

Cuando terminó el gobierno de Salvador Allende, el escenario en el que Luis Albornoz diseñaba cambió completamente. Además de esconder todos los trabajos que habían hecho durante los tres años de la unidad popular, en las oficinas de los hermanos Larrea tuvieron que abrirse a lo que pudiera ofrecer el mercado en ese momento.


Así fue como Luis Albornoz empezó a diseñar una serie de logos que también se han convertido en parte del imaginario colectivo nacional. Un imaginario menos comprometido, pero definitivamente más pop. "Por años vivimos con miedo, pero quizás por la propia ignorancia de los militares, nunca se nos asoció con lo que hicimos durante la UP. De hecho, a veces nos llegaban pegas de gente vinculada a la junta. Cuando el canal 9 de la Universidad de Chile, por ejemplo, pasó a ser el canal 11 para homenajear el día del golpe, se me encargó a mí hacer el logo. Y lo hice porque con los hermanos Larrea siempre nos consideramos unos profesionales del diseño. Nunca me cuestioné demasiado el pasar del diseño de izquierda al diseño más corporativo", dice Albornoz. "No voy a negar que por un tema de afinidad política me sentía más cómodo en la primera etapa, pero uno diseña a pedido y lo que se pide es lo que hay que diseñar. Creo que en ambas etapas fuimos absolutamente profesionales".

En las oficinas de Larrea se han hecho más de 300 logos. Aunque Albornoz dice que ningún trabajo es 100 por ciento de alguien, su fórmula para los créditos es decir que cualquier diseño en que su mano sobrepase más de la mitad del trabajo es para contarlo entre los suyos, lo que cuenta para su trabajo pre y post golpe. Dentro de los logos atribuibles a él se encuentran los de Parque Arauco, Endesa, Hotel Carrera, Canal 11, Radio Portales y Cecinas La Preferida. Todos ellos un éxito desde el punto de vista de penetración visual de las marcas que representan.

"El fin de hacer el logo de una marca es que se le meta en la cabeza a la gente. El ideal es que se transforme en un icono".

Son las palabras medidas y mesuradas de Luis Albornoz, un tipo amante de su trabajo y dado a quitarle el piso al impacto de su prolífica y silenciosa obra. Sí, quizás pudo beneficiarlo la historia y el haber caído en el estudio de los hermanos Larrea. Pero su humildad a veces raya en los extremos. Para muestra un botón: "El tipo de diseño que hicimos durante la UP, fue bueno pero no fue extraordinario. Creo que quedó como el símbolo de una época por una cuestión sentimental que prevalece por sobre lo demás. El exceso de color y el tratar de que lo se hacía fuese una especio de sello de lo que era Chile también ayudó, sobre todo porque Vicente Larrea marketeaba lo que hacíamos con gran fuerza. Por eso el diseño agarró una fuerza que antes no tuvo". Y este otro: "Nosotros los diseñadores no somos artistas. El artista hace cosas que se le ocurren en el momento, mientras nosotros hacemos nuestro trabajo para un fin determinado. Lo nuestro es más práctico y funcional".


Ese es Lucho Albornoz. Un verdadero moldeador de la conciencia visual de Chile, un hechor que hizo del talento en el bajo perfil un estilo de vivir.