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Credibilidad
Francisco Martorell“Las acciones comunicativas, curiosamente, a Bachelet no le resultan”


Jaqueada nacional e internacionalmente, la imagen de la Presidente de la República, Michelle Bachelet, cae vertiginosamente.
Cumplido poco más de un año de su mandato, al que llegó catapultada por la ciudadanía y prometiendo un gobierno centrado en la resolución de las injusticias, la primera mujer que manda en La Moneda sabe que ronda el desconcierto a su alrededor.


Ella misma dijo, en el 2006, que su período era corto. No se equivocó. El 2008 hay elecciones de alcaldes y concejales. Las cifras de esos comicios dirán cuándo se inicia la transición y hacia donde se inclinará ésta.

Si bien en política no puede asegurarse un pronóstico, sí tendencias y ellas, de no mediar hechos excepcionales, se mantienen inalterables. Por eso Frei sucedió a Aylwin y Lagos antecedió a Bachelet.

El cambio de gabinete, tras la crisis vivida en el país desde que algunos irresponsablemente pusieron en marcha un sistema de transporte urbano que estaba crudo, era una oportunidad inmejorable para revertir los signos negativos, dar confianza a la ciudadanía y recuperar la credibilidad.

Pero nada de ello ocurrió.

La imagen de la mandataria, luego de los cambios, ha ido disminuyendo y hasta la prestigiosa revista The Economist se permite un análisis que eran impensado en el 2006.

El personalismo en la Concertación, la presencia de los familiares en el debate político, el escaso vuelo (talento, dirán otros) de algunos dirigentes oficialistas, convirtieron la salida de los ministros Blanlot, Espejo, Veloso y Solís, en un corso de lagrimas, cartas a los diarios y comentarios desafortunados. Cortazar y Viera Gallo, las dos nuevas figuras, gozarán de su "veranito de San Juan" pero las expectativas sobre ellos tienen fecha de vencimiento y deben apurar el tranco y mostrar que son algo más que un par de nombres con experiencia.

Lagos supo aprovechar su imagen y más allá de los errores, que los tuvo y muchos, logró cohesionar a los suyos y sacarle partido a su habilidad comunicativa y política.

Existía un respeto a sus asesores que hoy no tienen los que le hablan al oído a Bachelet.

El ex presidente, entre otras cosas, era propio su vocero. Y eso que estaba flanqueado por Francisco Vidal y José Miguel Insulza. Ambos golpeaban la mesa en sus partidos. Su canciller, Soledad Alvear, hoy comanda los destinos de la DC.

Ni Lagos Weber ni Belisario Velasco pesan en sus tiendas. El ministro de Hacienda, cuestionado como pocos y ahora técnicamente, ni siquiera pertenece a un partido de la Concertación.

Las acciones comunicativas, curiosamente, a Bachelet no le resultan.

¿Quién le dijo a la Presidenta, cuando se cuestionó la designación de Loreto Ditzel, que le señalara al país que lo único que no revisaron fue la prensa? ¿Se sabe quién es el responsable de los 700 millones de dólares extras que costará el Transantiago? ¿No fue negligente el subsecretario Harboe cuando convocó a una conferencia de prensa para mostrar machetes de un grupo folclórico como un arsenal de grupos violentistas? ¿No era Veloso la ministra más influyente, según los parlamentarios? ¿Por qué llegamos al record de 9 meses sin contralor? ¿Viera Gallo representa el Gobierno ciudadano? ¿Por qué buscaban un zar del transporte el día antes de cambiar el gabinete? ¿Y por qué se fueron cuatro ministros si Bachelet dijo que ello no arreglaba el problema ni aumentaba la frecuencia de las micros? ¿Y los aplausos a Espejo?

Ni con el fútbol ni con los cambios al binominal se recupera el manejo de la agenda.

Antes, debieran saberlo los asesores, se debe reconquistar la credibilidad perdida.



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