Año 5, N° 127, viernes 4 de mayo 2007

Expo Disney

De la cultura popular al museo

Luego de una exitosa presentación en el Grand Palais de París, “Érase una vez Walt Disney” llegó al Museo de Bellas Artes de Montreal. Concebida en París, la exhibición es el reconocimiento a uno de los íconos de la cultura popular, no sólo de EEUU, sino del mundo. De paso, la exposición sirve para dejar en claro la relación de continuidad entre la tradición literaria europea, el cine contemporáneo y la obra del creador del Ratón Mickey.


Cuando "Fantasía" fue estrenada en 1940, algunos críticos afirmaron con cierta condescendencia, que las ilustraciones de célebres piezas de música clásica con dibujos animados "revelaban la visión de un hombre sin mayor educación" sobre esa música. Más allá de cierto elitismo que la crítica denotaba, lo cierto es que ella además no era del todo exacta. Si bien Disney –criado en un medio rural en Marceline, estado de Missouri, viviendo su adolescencia en Kansas City donde asistió a las clases sabatinas del Instituto de Arte– no tenía gran educación formal y nunca fue a la universidad, por otro lado durante su carrera tuvo el buen criterio de rodearse de artistas del dibujo animado que poseían gran experiencia y conocimiento artístico, como Albert Hurter, Claude Coats, Mary Blair, Joe Grant y muchos más. Disney mismo, desarrolló de un modo autodidacta un gran sentido estético y más aún, una notable habilidad para comprender las tendencias plásticas y cinematográficas del momento y aplicarlas creativamente a sus propias obras.


"Il était une fois Walt Disney / Once Upon a Time Walt Disney" ("Érase una vez Walt Disney") apunta justamente a establecer ese nexo entre la obra de Disney y la de sus fuentes inspiradoras. En lo fundamental, esas fuentes son obras literarias que van desde las fábulas de Esopo y Lafontaine, pasando por las narraciones de los hermanos Grimm y de Perrault, hasta los autores victorianos Lewis Carroll y J.M. Barrie. Pero no sólo la literatura estuvo en la inspiración de las obras de Disney; cuando viajó a Europa junto a su hermano Roy en 1935, asimiló la influencia de las artes plásticas del Viejo Mundo, desde los grabados medioevales hasta el surrealismo, también se interesó en la arquitectura (el castillo de Ludwig II de Bavaria inspiró los que Disney colocó en sus versiones de "Cenicienta" y de "La bella durmiente"), por último, y como era de esperar dado que su oficio era el de la creación fílmica, el arte cinematográfico de ese período también sería esencial en la formación de su estilo de animación: el expresionismo alemán, presente en filmes como "El gabinete del Dr. Caligari" con sus juegos de luces y sombras y sus originales distorsiones de los espacios los tomaría Disney en "Blancanieves y los siete enanitos" y en algunas de las secuencias de "Fantasía" como la más célebre: "El aprendiz de hechicero".

La exposición que estará en esta ciudad canadiense hasta junio, organizó el material de manera que el espectador puede comparar las fuentes literarias y pictóricas con dibujos originales de los filmes de Disney, en cuanto al cine, las comparaciones pueden hacerse de modo más explícito en pantallas donde trozos de las películas originales y las de Disney se muestran lado a lado.

EL ANTROPOMORFISMO

Posiblemente la más clara influencia de la tradición de la fábula europea en Disney sea el antropomorfismo de sus personajes (animales y a veces árboles y objetos, con apariencia y personalidades humanas). "Todo empezó con un ratón", afirmó una vez Disney en referencia a su personaje más emblemático, creado por él mismo, aunque con rasgos un tanto crudos que más tarde Ub Iwerks, su primer socio, se encargó de darle formas más armónicas. Mickey debutó en las "Silly Simphonies" en 1928, cortos de animación sin mayor historia, que en ese entonces eran en blanco y negro. Estos cortos bien pueden considerarse como antecesores de los music videos de hoy.

A Mickey se agregarían luego otros celebrados personajes como el Pato Donald, Tribilín, el perro Pluto, las respectivas compañeras de sus personajes centrales, Minnie y Daisy, y sus sobrinos.

Mientras los animales humanizados en general adquirían rasgos benevolentes (con algunas excepciones, como el Lobo Feroz), los árboles así tratados adquirían rasgos más bien terroríficos.


El antropomorfismo de los árboles en "Blancanieves y los siete enanitos" (1937), que hasta hoy induce terror en el público infantil cuando la muchacha se pierde en el bosque, encuentra su claro antecedente en los grabados del francés Gustave Doré para el "Inferno" de Dante (edición de 1861), y más recientemente, uno puede acotar que a su vez ha influido la versión cinematográfica de "El señor de los anillos".

 

LICENCIA ARTÍSTICA


A menudo se ha mencionado que Disney se tomó ciertas libertades con los textos en los cuales se ha basado, algo que él nunca negó. Los ratones Gus y Jaq en "Cenicienta" (1950) no estaban en el original, y a Campanita, el hada en "Peter Pan" (1953) le dio un rasgo sexy que recordaba a las pinup girls, las chicas que los soldados colgaban en sus barracas durante la guerra.

Estos deliberados desvíos del texto original, sin embargo, eran justificados al trasladar la historia desde el género literario a la pantalla y hoy es una práctica corriente en todas las adaptaciones de novelas u obras teatrales. En algunos casos ello resultó en un mejoramiento de adaptaciones anteriores, por ejemplo el personaje central de "Peter Pan" en representaciones teatrales lo encarnaba una actriz, reflejando el deseo del autor de darle a Peter un carácter andrógino, Disney, que quiso hacer una historia primeramente para niños, abandonó esa idea y lo presentó como un personaje netamente masculino, lo que además le permitía jugar con una latente atracción pre-púber de Wendy por él. Ciertamente la idea de la androginia no sería entendida por los niños y probablemente no por muchos adultos tampoco, en este caso concreto uno puede decir que Disney "mejoró" el original.


La exposición ha sido una ocasión también para acercar la cultura popular a la llamada "alta cultura" o cultura de elites, en cierto modo reafirmando que el límite entre ambas es a veces más artificial que real. Una muestra de esto es el film "Destino", una poco conocida película de 1946, en que Disney y Salvador Dalí colaboraron, completada sólo en 2003.

DISNEY: EL REACCIONARIO

En toda honestidad, la exposición para ser válida no podía eludir el aspecto político de Disney, y en esto el juicio es claro: el genial creador fue un furibundo anti-comunista que apoyó al senador McCarthy en su "caza de brujas" de comienzos de los años 50. Incluso se afirma que Disney ayudó a la confección de listas negras de presuntos comunistas en Hollywood.

Sólo una fugaz referencia se hace en la exposición, haciéndose eco de la versión de algunos historiadores que sostienen que la posición anticomunista y antisindical de Disney se produjo a raíz de una huelga que afectó a sus estudios en 1941.

Sin embargo es discutible que ese simple incidente haya motivado su posición, es probable que se tratara también de una mentalidad generalizada en la población estadounidense que veía el comunismo como una amenaza. Disney siempre fue muy patriotero, durante la Segunda Guerra hizo dibujos animados de propaganda y durante la guerra fría sus personajes se alineaban con el "mundo libre". La división editorial que producía las historietas – con menos intervención directa de Disney, más preocupado del cine, de los programas televisivos y de los parques temáticos –fue agudamente criticada en el libro "Para leer al Pato Donald" de Armand Mattelart y Ariel Dorffman, de 1971. El análisis de los dos autores apuntaba a aspectos variados, desde un afán de eludir la reproducción sexual, al presentar a sus personajes como tíos y sobrinos, pero no como padres e hijos; hasta evidentes muestras de combate ideológico situando a Donald frente a villanos que semejaban guerrilleros en junglas fácilmente comparables con las de América Latina. Se remarcaba incluso que en una historieta el perro de Donald se llamara Bolívar, una evidente desconsideración hacia los latinoamericanos (aunque en toda justicia, algún analista estadounidense podría protestar que el perro de nuestro Condorito se llame Washington…)

Uno siempre puede preguntarse cómo un hombre de la sensibilidad y genialidad de Disney pudo haber abrazado una concepción política tan reaccionaria y llegar al extremo de apoyar el McCarthysmo, pero en eso no está solo, recuérdese a Borges recibiendo una condecoración de Pinochet.

En parte considerable quizás el Disney empresario también primó en este aspecto por sobre el Disney artista. Un equitativo juicio de su obra, sin duda, debe considerar todas sus actuaciones y fijar también al hombre en su contexto histórico. Lo que nadie puede discutir es que al margen de su posición política, niños y mayores se emocionaron con "Bambi" o "Blancanieves", rieron con Mickey y Donald, y aprendieron con Peter Pan que "si tú quieres volar, piensa en algo encantador…".