Año 5, N° 129, viernes 01 de junio 2007

Miguel Márquez, experto en Energía

“Hay que bajar el consumo”

A días de conocerse una investigación sobre el tema, el Director del Programa de Estudios de la Energía de la Universidad Austral de Chile, adelanta puntos determinantes sobre el problema energético y la inclusión, en el contexto actual de una crisis expresada a través del aumento de sus precios. Destaca además la magra política pública al respecto que, de continuar así, vislumbra un futuro incierto. Invita, también, a pensar en medidas que permitan disminuir el consumo de energía pero “manteniendo el nivel de confort” o mejorando el acceso a ella a vastos sectores que aún no tienen acceso siquiera a la electricidad.


Al momento de realizarse esta entrevista, Márquez, economista con estudios de postgrado en la Sorbonne de Paris y candidato a Doctor de Economía Política de la Energía en la Universidad de Grenoble, Francia, se encontraba en Valdivia, ciudad donde se ubica el centro de investigación que dirige.

Desde ahí se dio el tiempo para conversar sobre su último estudio, "Una estimación de los impactos en los presupuestos familiares derivados del sostenido aumento en los precios de la energía", elaborado en compañía de Rolando Miranda, a través del Programa de Energía de la Universidad Austral y Aserta Consultores, para el Ministerio Secretaría General de la Presidencia.

La investigación contempla en un período de diez años, entre 1996 y 2006, todas las regiones del país, agrupadas según sistema eléctrico abastecedor, considerando los vectores de consumo diferenciado por grupo socioeconómico, de acuerdo a los antecedentes disponibles en las bases de datos de Mideplan e INE. Dentro de sus principales conclusiones destacan, primero, el encarecimiento del presupuesto familiar que conlleva la crisis energética: "si en el 96 la participación de la energía en los presupuestos familiares era de casi un 8 por ciento, en el 2006 supera el 12, alcanzando un 20 por ciento si se considera la leña"; segundo, que "los pobres pagan cada vez más por la energía que los sectores acomodados; y, tercero, que "el energético más usado en los hogares chilenos, sigue siendo la leña: con un porcentaje de 59,2 por ciento".

¿Cómo ve la situación energética chilena actual?

Desde hace treinta años venimos sufriendo dificultades cada vez más profundas en el tema energético, y serias crisis como la última de la suspensión del gas natural. Sin embargo, a pesar de lo repetitivo de los problemas, las soluciones y las opciones que entregan -tanto los responsables de las políticas públicas, como las empresas y algunos consultores-, son siempre las mismas.

Esto se expresa de la siguiente manera: a los problemas de vulnerabilidad de la matriz de dependencia elevada, sumado que Chile es uno de los países mas dependientes del mundo en la materia, más los problemas de contaminación ligados, las opciones que se han seguido, al creciente y sostenido aumento en los precios de la energía para vastos sectores de la población y la pymes fundamentalmente, la respuesta sigue siendo la misma: más oferta.

¿Cómo se interpreta esa oferta y cuáles son sus consecuencias?

La oferta se distingue en el aumento de centrales que dan por resultado, una nula resolución de los problemas, es más, los agravamos, y peor aún, los costos son cada vez mayores tanto en términos económicos como ambientales.

En síntesis, esta falta de soluciones a nuestros problemas perecederos en el tema energético encuentran dos grandes victimas: la primera es la población, los consumidores atomizados y la pymes; la segunda, el medio ambiente, tema por el cual son muy pocos los que hacen algo en este país.

Entiendo que este estudio lo encargó el Ministerio Secretaría General de la Presidencia…

Esto tiene que ver con las distintas sensibilidades que hay al interior del gobierno, porque uno no puede negar que hay cierta preocupación por lo que está pasando en el sector energético. Sin embargo, los aumentos en los precios y en particular la participación que tiene en el presupuesto de los más pobre, sobre todo en las regiones del sur de acuerdo a nuestro estudio, son tan elevadas que socavan las políticas de inclusión de esta administración. Evidentemente si la energía en 1996 no alcanzaba el 8 o el 10 por ciento y hoy supera el 20 por ciento del presupuesto familiar, algo está pasando y mal, en la medida que se trata de un servicio que es regulado. Ahora, que el ministerio haya encargado esto es porque existe en esa repartición una sensibilidad especial por prevenir los problemas que están ocurriendo, e intentar mitigar o solucionar los impactos de estas anomalías y dificultades.

Por otro lado, hay una visión distinta también, pero que no se expresa muy claramente, en la evaluación que hace el Estado del funcionamiento de los mercados energéticos y cómo se han estado resolviendo sus problemas.

¿Qué opina del funcionamiento actual de los mercados energéticos?

Hay que recordar que en el caso del sector eléctrico, el marco regulatorio es relativamente limitado y está basado en ventas-utilidades, por lo tanto, en la medida en que no se rompa ese círculo vicioso vamos a tener muchísimas dificultades para meter el ahorro eléctrico dentro de las costumbres de los consumidores.

En el caso del petróleo y de los derivados del gas natural no existe ese marco, lo que hace inviable la posibilidad de ahorrar, salvo por el precio, pero eso no es suficiente. Y respecto a la leña que es uno de los grandes aciertos de nuestro estudio, se requiere una política pública que todavía no existe, lo que me parece inaceptable, puesto ella es una de los principales contaminantes de las ciudades del sur, pero a la vez no se puede olvidar que representa cerca del 20 por ciento del consumo energético de nuestra matriz.

En el sector residencial el 59,2 de todo el consumo de energía de los usos finales que realizan las viviendas viene de la leña. Entonces, el gobierno debiera urgentemente adoptar una política que permita enfrentar los problemas derivados de su mala combustión, pero a la vez desarrollar todas las potencialidades que significa un recurso renovable que nos da tantas posibilidades de disminuir nuestra tendencia y vulnerabilidad.

¿Cuáles serían las vías para solucionar la crisis?

En el mediano y largo plazo no hay otra solución que hacer gestión de la demanda energética. Y ahí está la clave.

El conjunto de las soluciones para resolver los problemas críticos energéticos en Chile es cada vez más oferta. Yo resumo en una artículo señalando lo siguiente: "Chile para crecer, para agregar o añadir un punto de PIB o un punto de nuestro producto requiere 1.2 ó 1.5 de energía, eso no es sustentable, significa que nosotros necesitamos cada vez más energía en circunstancia que en los países desarrollados es lo contrario, para poder crecer, aunque más modestamente, requieren cada vez menos energía por unidad de producto de bien o servicio en general".

Nuestra tarea fundamental junto al de las autoridades responsables de las políticas públicas, en el sector energético, es la de comenzar a pensar la posibilidad de implementar medidas de cómo disminuir el consumo de energía manteniendo el nivel de confort, o mejorando el acceso a ella en vastos sectores que aún no tienen acceso siquiera a la electricidad.

¿Qué opina de la Ley de fomento a las renovables?

Esa ley es casi un saludo a la bandera, no constituye un sustancial apoyo al fomento e implementación de fuentes de energías renovables. En el mejor de los casos y en las propias palabras de los responsables, del ministro Marcelo Tokman por ejemplo, con suerte podrían llegar a representar 900 megas de aquí al 2020, lo que es muy probable no sea ni siquiera el 2 o el 3 por ciento de nuestra matriz energética, es decir, nada en comparación a lo que han avanzado los países desarrollados.

¿Qué acciones se deberían realizar para generar un verdadero cambio?

Pasa por hacer gestión de la demanda, lo que significa la creación del diseño y la adopción de planes y programas de uso eficiente de energía por sectores. A aquellas empresas voraces en energía, por ejemplo, hacerlas realizar propuestas para que disminuyan año a año su consumo y el Estado, por su parte, comprometerse a proveer los instrumentos económicos financieros que le permitan adoptar estos planes.

Se requiere de un verdadero programa y presupuestos especiales para el fomento de fuentes renovables de energía. Mirar mucho más de cerca como funcionan los mercados en Chile.

Bastante oscuro es entonces el panorama que pronostica.

De continuar por la misma senda, de adoptar solamente soluciones de ofertas, instalando mayores fuentes de calor, de electricidad y estimulando el consumo, vamos a tener problemas a la vuelta de la esquina y cada vez mayores.