 (Escribe: Guillermo Holzmann) La democracia, como todo sistema, evoluciona en virtud de los impulsos e incentivos provenientes del medio en que se encuentra como de aquellos externos que le permiten su proyección. De esta forma, la idea de perfección constituye un incentivo y no un logro alcanzable por sí mismo, si no que en la medida de que quienes estén encargados de hacerlo lo sepan hacer y proyectar adecuadamente.
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