"Estoy estresada", le dice Catalina a su compañera de trabajo. Sin duda, más de alguna vez ha escuchado esta frase o incluso se ha visto diciéndola. No sería extraño: Uno de cada cuatro chilenos, según un estudio del ministerio de Salud, sufre de estrés y un 13 por ciento de las mujeres, como Catalina, declara estar "siempre" estresada.
El estrés es un conjunto de alteraciones que aparecen en el organismo cuando se exige de este último un rendimiento muy superior al normal, afectando la salud física y mental. Actualmente, según estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 490 millones de personas sufren de este mal que ha copado las páginas y el interés de los medios de comunicación de nuestro siglo.
Marcia Valenzuela, psicóloga de la Clínica Psicológica de la Universidad Diego Portales (UDP), señala que el estrés es "una condición que altera el estado de bienestar de una persona, produciendo un desequilibrio que no te permite adaptarte y actuar de una manera armónica con tu entorno".
A pesar de que este trastorno no discrimina en edades o sexos, afectando por igual a preescolares, adolescentes, adultos y ancianos, Valenzuela afirma que "la temática que gatilla las situaciones de estrés es distinta, depende de la etapa de la vida en la que se esté y de las condiciones del entorno social en las cuales la persona esté inserta".
TRASTORNO VISIBLE
"El estrés siempre produce un desequilibro, un quiebre en tu manera de funcionar", afirma la experta Marcia Valenzuela.
Las manifestaciones iniciales, en adolescentes y adultos, se expresan en molestias físicas: dolores de cabeza persistente, sensación de angustia, opresión en el pecho, taquicardia o cansancio extremo son sólo algunos de ellos. La especialista añade que "después vienen otras manifestaciones en el funcionamiento como dificultad con la memoria, se te pierden las cosas, tienes más problemas para concentrarte, por ejemplo, tratas de leer un libro y no puedes".
La tensión alta o las dolencias cardíacas también son parte de los síntomas del estrés. Los menos peligrosos son el insomnio, una sensación constante de fatiga, erupciones cutáneas, problemas digestivos, úlceras, colitis, falta de apetito, bulimia y calambres. Hay otros como las nauseas, los ahogos o la sequedad en la boca, produciéndose, muchos de ellos, después de un acontecimiento estresante.
Muchos de quienes sufren estrés vuelven a fumar pese a haberlo dejado o se dedican a comer, beber o gastar en exceso como un alivio momentáneo.
Valenzuela agrega que en los infantes los síntomas se expresan en su conducta, "los niños se comportan de manera distinta a lo que lo hacen normalmente, por ejemplo, empiezan a tener problemas para dormir, están mucho más inquietos o rabiosos", ejemplifica.
Alejandro Koppmann, psiquiatra de la Clínica Alemana, señala en la misma página de dicha institución que cerca de un 30 o 40 por ciento de sus pacientes (25-40 años) presentan síntomas que se derivan de su relación con el trabajo. Añade que "lo importante es entender que el estrés no es el problema, sino que es un síntoma del problema, es consecuencia de un estilo de vida".
No sería extraño que con dichas cifras, un tercio de las licencias médicas y el 40 por ciento de la ausencia laboral en nuestro país, respondan a un estrés laboral, el cual puede ser evitado con una alimentación balanceada, horas suficientes de sueño y práctica de ejercicios.
CONVIVIENDO CON EL ESTRÉS
Martín O. (20) sufre estrés hace más de cuatro años. No podía dormir, andaba como él mismo afirma "neurótico y malas pulgas", le costaba concentrarse y no quería hacer nada. Fueron estos indicios los que indicaron que algo no andaba bien.
"En el colegio tenia demasiado estrés porque mi mamá es muy exigente y en tercero medio exploté. Me tomé todas las pastillas que encontré en mi casa porque me dio un bajón y ahí recién cacharon que yo existía". Fue después de este episodio que le diagnosticaron estrés y estuvo en terapia por alrededor de dos años. El psiquiatra le aconsejó que tenía que darse un tiempo para él y dejar de hacer tantas cosas.
A pesar de que Martín dice que no ha podido salir del todo del estrés en el que vive, afirma que la terapia le ayudó para controlar la situación. "Ahora sé en qué periodos me va a venir, entonces me mentalizo, aprendí a establecer prioridades y a dejar de hacer algunas cosas para que otras salgan mejor. Últimamente estoy aprendiendo poco a poco a decir que no".
Actualmente está aprendiendo a vivir con el estrés. "No es algo que me haga bien ni que me deje feliz, es algo que está ahí, que sé manejarlo un poco. Hay momentos en que sé que me van a venir crisis y exploto, como en los términos de semestre, cuando típico que hay el doble de pega en la universidad y en el trabajo también".
Sin duda, para Martín lo más grave de su estrés es el olvido. "Estoy tan cansado que ya el cerebro no me funciona", dice.
LÍBRANOS DE ÉL
Si bien es difícil combatir el estrés en esta época del año en la que las altas temperaturas hacen más agotador el trabajo, Marcia Valenzuela, psicóloga de la UDP y autora del libro"La Intervención Psicoeducativa en la Escuela y el rol del Psicólogo Educacional", recomienda que "lo primordial es la toma de conciencia, que uno se conozca a sí mismo y pueda darse cuenta de cuáles son los indicios que muestran que se está pasando por un periodo distinto". Advierte que es primordial el conocimiento que uno puede ir obteniendo sobre cuáles son los factores que te provocan estrés. "Si tú sabes que siempre a fin de año colapsas, tienes que empezar a hacer antes ciertas cosas para que ese colapso tenga menor intensidad y tengas posibilidades de ir resolviendo algunas situaciones". Por último, la experta aconseja el autocuidado, es decir, "tener vías en las cuales puedas gratificarte, sentirte bien, tener redes sociales que te permitan o te apoyen en estos momentos difíciles".
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Indicios emocionales
Los síntomas emocionales del estrés incluyen una irritabilidad general, ataques agudos de ansiedad, depresión, libido baja, pérdida del sentido del humor e incapacidad para concentrarse en las tareas más sencillas y rutinarias.
1.- Volverse innecesariamente emotivo y agresivo en situaciones de tensión.
2.- Pérdida de interés por el aspecto personal, las actividades sociales y aquellas de las que antes se disfrutaban como algún deporte.
3.- Poca concentración, mala memoria e incapacidad de tomar decisiones.
4.-Tristeza, culpa, fatiga, apatía y una aguda sensación de impotencia o fracaso.
5.-Pérdida de confianza en la propia capacidad, que suele estar asociada a una falta de autoestima.
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Para no estresarse
1.- Aprenda a descubrir las señales del estrés y contrólelas.
2.- No tema hablar de situaciones que considera estresantes.
3.- Si se siente estresado, dé un paseo; recuperará la perspectiva.
4.- Evite la costumbre de llevarse trabajo a casa.
5.- Si padece a menudo dolores de cabeza o insomnio, consulte a un médico.
6.- Intente que su escritorio esté cerca de una ventana.
7.- No se apresure a tomar decisiones importantes.
8.- Aprenda a sincerarse acerca de sus emociones y sentimientos con los amigos íntimos.
Fuente: libro "El estrés bajo mínimos" de Tim Hindle.
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