Año 6, N° 144, viernes 18 de enero 2008
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Benazir Bhutto
Una muerte anunciada
(Por Claudio Fantini)El magnicidio que convirtió a Pakistán en un agujero negro en la explosiva Asia Central.

 


Llamaron "tierra de los puros" al espacio centroasiático donde debían convivir esos pueblos que tenían un profeta en común. Ese profeta que condenaba a ar der eternamente en el infierno al que causara daño a una mujer, pero que no fue atendido por quien se mezcló entre la multitud para despedazar a esa mujer cuyo padre y hermanos habían muerto por Pakistán.

A Benazir Bhutto la aborrecían los fundamentalistas y la despreciaba el régimen del general Pervez Musharraf. Por eso, al abandonar el exilio en Dubai sabía que la muerte estaría siempre agazapada entre las multitudes. Después de todo, caminar entre los viscerales odios de unos y otroses hacerlo acompañado de la muerte; el destino inexorable en esa familia aristocrática que prime ro enterró a Zulficar Alí Bhutto, ese hombre culto y refinado que estudió en Berkeley y se doctoró en Oxford antes de ayudar a Mohamed Jinhá a fundar un país de musulmanes pero no islamista. El país que nació en 1947 con el fin de la dominación británica y la partición de la India, y cuyo surgimiento le costó la vida al Mahatma Gandhi, como si su existencia ocurriera con el signo trágico del magnicidio.

El tablero donde ahora falta una pieza clave, a primera vista resulta simple, pero oculta una complejidad de trama laberíntica. Pakistán tiene sólo cuatro provincias: Sind, Punjab, Baluchistán y la llamada Provincia Fronteriza del Noroeste, que abarca parte de la región del Waziristán. Cada uno de estos estados cuenta con una etnia dominante que refleja el nombre. Los pueblos sindi, baluch, punjabí y pashtún, además de etnias minoritarias como los mohayirs (comunidad de origen indio que compone la alta burguesía urbana en Sind) están unidos por la lengua urdu, aunque se sienten como naciones distintas y albergan fuerzas separatistas, como el Nawabzada Balach Marri (Ejército de Liberación del Baluchistán). Pero la más diferenciada de las etnias es la pashtún (o patán), con casi 27 millones de miembros y mayoría en Waziristán.

LEYES PROPIAS

El pueblo pashtún no reconoce la "línea Durand", porque del lado afgano de esa frontera artificial hay otros 12 millones de pashtunes. Las dos comunidades, que son una, se rigen por un antiguo código que existe desde antes de la islamización. El derecho a la venganza es uno de los cuatro pilares de ese código. Los otros, son el honor, la hospitalidad y la sumisión del vencido hacia el vencedor.

Además de regirse por esa ley propia y no por las del Estado, los pashtunes rechazan la autoridad del gobierno y sólo acatan la de la Loya Jirga (consejo de notables). Tampoco aceptan la lengua urdu ycalifican como artificiales a los estados afgano y paquistaní.

Dentro de esa gran coalición, existen partidos y organizaciones ultraislamistas aliadas de Al Qaeda, como el Jaish e Mohamed y el Harkat Ul Jihad e Islami (que asesinaron al periodista norteamericano Daniel Pearl y atentaron contra Musharraf), además del Jamiat Ulema e Islam, fundado por el maulana Abdulá Ghazi, que fue quien introdujo en Pakistán la doctrina deobandi, la más radical de las vertientes teológicas centroasiáticas.

Los hijos del maulana Ghazi, Abdul Aziz y Abdul Rashid, lideraron a mediados del 2007 la rebelión de Lal Masjid, la Mezquita Roja de Islamabad, que alberga a Jamia Faridia, la primera madraza de mujeres que tuvo Pakistán.

En cada jutba (homilía) de los viernes, Abdul Aziz proclamaba el objetivo de todos los partidos extremistas y organizaciones violentas ultrarreligiosas: moralizar el país

 

Por eso, dentro de esa comunidad indómita que en la Antigüedad rechazó las civilizaciones hindú y persa, la más representativa de las organizaciones político-sociales es la Alianza para la Imposición de la Ley Islámica, liderada por el clérigo integrista Fazlulá y que aboga por la creación del Pashtunistán independiente y coránico. con los preceptos coránicos y el pugtunwalí (código ético pashtún), reemplazar los códigos penal y civil por la Sharía (ley religiosa) y abolir el estado para que rija una teocracia inspirada en la que el emir Omar y su milicia talibán mpusieron a todos los afganos desde su bastión en Kandahar.

LA DINASTÍA

En las antípodas ideológicas se encontraba la familia Butto. Zulfikar Alí se identificaba con el egipcio Nasser y el indonesio Sukarno, por tanto defendía el modelo secular de estado que crearon Mohamed Jinhá y la Liga de los Musulmanes.

A los gobiernos que encabezó en las décadas del 60 y 70, le tocó lidiar con situaciones traumáticas, como la violenta separación del Pakistán Oriental para convertirse en el estado independiente de Bangladesh. Por eso aborrecía hasta la náusea a la primera ministra india Indira Gandhi y apoyaba a los separatistas cachemires. Pero en el plano interno, Zulficar Alí Bhutto defendía a capa y espada el secularismo, una de las razones por las que los ultrarreligiosos apoyaron el golpe de estado de Zía Ul Haq.

En compensación, la dictadura del general Zía ejecutó en lahorca a Zulficar y favoreció a las organizaciones y a los partidos fundamentalistas; así permitió –entre otras cosas– que desde Quetta hasta Peshawar, y desde Karachi hasta Lahore, las madrazas se multiplicaran como hongos. La mayoría de estas escuelas donde sólo se aprende a memorizar los versículos del Corán y a comprometerse con la jihad (guerra santa), se encuentran en las tierras de la etnia pashtún. Por eso esta comunidad apoyó ayoritariamente ma la dictadura, curiosamente consensuada por los Estados Unidos con el argumento de que frenaba el comunismo. Y en ese giro hacia el extremismo religioso, la capital se mudó a Islamabad, una suerte de Brasilia centroasiática cuyo nombre significa ciudad "habitada por el Islam".

Benazir Bhutto heredó el liderazgo que dejó huérfano su padre y las banderas por las que también murieron acribillados sus hermanos, participando en forma activa del proceso de democratización iniciado al finalizar, en 1988, la dictadura de Zia Ul Haq.

Los gobiernos que encabezó la única mujer que Según Pervez Musharraf, la democracia allanaba el camino a sus sepultureros ultraislamistas y sólo un liderazgo autoritario y , oncentrados en Estados Unidos y Europa presionaron al régimen para que descentralice el poder concentrado en sus manos, en un proceso de reinstitucionalización que sólo sería posible con la participación de los dos líderes de la oposición democrática. Por eso , cuando Musharraf llegó al poder, además del derrocado Nawaz Sharif, también Benazir Bhutto debió partir al exilio.

Por eso Nawaz Sharif y Benazir Bhutto volvieron del destierro. El pacto implicaba elecciones libres que pondría la mayoría parlamentaria y el cargo de primer ministro en manos de la oposición democrática, al tiempo que legitimaría a Musharraf como presidente, pero con un poder nstitucionalmente acotado y sin la jefatura Emilia Bhutto.

La realidad demostró que bajo el régimen de Musharraf, además de la insólita venta de secretos nucleares a los norcoreanos que realizó el científico Abdel Karim Khan, crecieron las organizaciones pashtunes que engendraron al talibán afgano y protegen al liderazgo de Al Qaeda.

Por esas razones, la política norteamericana –siempre errática en esos rincones turbulentos de Asia Central– empezó a desconfiar del general que supuestamente colaboraba con la OTAN en el escenario afgano y en las tierras pashtunes de Waziristán y Baluchistán.de las Fuerzas Armadas.

Muchos oscuros personajes de su régimen rechazaban esa transición democrática y la saboteaban con frecuencia, principalmente el ambiguo ministro de Asuntos Religiosos, Ejaz Ul-Haq, hijo del general que derrocó y ahorcó al padre de la bella Benazir.

Por eso hubo algo de suicidio en su regreso a Pakistán. Ella se sabía en la mira de los ultrarreligiosos y también sabía que ni la Mujabarat ni el ISI, los siniestros servicios de inteligencia, se desvivirían por protegerla. Incluso, resultaba verosímil que conspiraran para empujar a los fanáticos concentrados en eliminarla.

En todo caso, después que dos kamikazes se detonaran entre la multitud que la aclamaba en Karachi, estaba claro que seguir encabezando actos público, equivalía a jugar a la ruleta rusa. Ella lo sabía cuando decidió volver a la "tierra de los puros" y la bala quedó frente al percutor, en Rawalpindi.

*Periodista y politólogo (revista Noticias)

 

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