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No han sido buenos días para la prensa nacional.
En pocas semanas, destacados periodistas, de las más diversas trincheras, pensamientos y especialidades, han fallecido, generando gran impacto en la opinión pública y demostrando que la gente, sin importar lo que señalen encuestas y estudios de opinión, valora el trabajo que realizan los reporteros.
Somos, sin lugar a dudas, una conexión fundamental entre los hechos y la ciudadanía y es difícil pensar un mundo sin periódicos, radios o canales de TV. Mucho menos, hoy, sin la inmediatez participativa de internet y el aporte que hacen a nuestro trabajo millones de cibernautas, verdaderos auxiliares del quehacer reporteril.
Los periodistas que nos dejaron, quizá, pertenecieron a otra generación, con distinta preparación e inquietudes, pero que –especialmente en el caso de Patricia Verdugo–, mantuvieron el espíritu inquisitivo y la necesidad urgente y casi física del golpe periodístico.
A ellos vaya un homenaje. Por lo que nos entregaron, más allá de sus errores. Porque hoy valoramos sus aciertos.
Sus muertes, se producen justamente cuando en el gremio de los trabajadores de la Prensa se discute si fue pertinente o no una campaña del Colegio de Periodistas dando cuenta de una sobresaturación del mercado profesional, en el que existen hoy más de 12 mil hombres y mujeres con un título universitario y que, cada año, promete aumentar un 10 por ciento.
No se trata de desincentivar a aquellos jóvenes que tienen una verdadera vocación sino introducir una variable al mercado, la única posible en las actuales circunstancias, que es la información.
Llama la atención que, destacados periodistas que hoy ocupan puestos directivos en escuelas donde se enseña la noble tarea de las comunicaciones, cuestionen el elemento vital del periodismo: información y transparencia.
Se entiende que muchos jóvenes puedan desistir de estudiar periodismo, al saber que los sueldos son bajos, precarias las condiciones laborales y que, en general, la situación podría empeorar en los próximos años. No se comprende, sin embargo, que esa información no esté disponible y que su divulgación agreda en vez de que genere un debate necesario, donde cada uno añada al mismo y contribuya al pensamiento crítico.
Hoy, en medio de todo esto, nosotros hacemos los cambios necesarios como revista para enfrentar un nuevo año. No se trata de nuestro propio segundo tiempo, primero porque no tenemos fecha de expiración y, además, lo hacemos cuando ya cumplimos seis años de vida y creemos que debemos contar con más páginas, mejor calidad de papel, nuevos colaboradores, para demostrar una vez más que sí es posible hacer periodismo con independencia.
El Periodista, entonces, quiere aportar con sus contenidos al debate nacional y para ello abre sus páginas a lectores y colaboradores, columnistas y todos aquellos que quieran hacer un mundo mejor.
Esta nueva etapa no significa cambios editoriales ni renuncia al golpe periodístico y, mucho menos, sacrificar nuestra independencia. Por el contrario, transcurridos 144 números desde nuestra aparición en noviembre de 2001, estamos ciertos que la sociedad chilena ha madurado, ampliado su mirada y, tanto lectores como avisadores, entienden que la credibilidad se basa en el ejercicio de un periodismo de verdad.
Son muchos los desafíos que tenemos como sociedad y queremos ser un espacio pluralista para los debates que la construcción de ella requiere. Esa es nuestra meta.
NOTA
El Periodista, como es tradicional, no circulará en febrero por lo tanto su próxima edición será el viernes 14 de marzo.
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