Año 6, N° 147, viernes 11 de abril 2008

Argentina

El conflicto menos esperado y peor atendido

El gobierno de Cristina Fernández vivió su primera crisis poco después de los primeros cien días de gestión y a partir de sus propios errores políticos. Los embates provinieron del agro, uno de los sectores más dinámicos de la economía, el que mayor crecimiento ha registrado en los últimos años y cuyas exportaciones gozan de un precio internacional sumamente favorable.


La pelea estalló a mediados de marzo, luego de que la autoridad económica aumentó los impuestos a la exportación, llamados "retenciones".La medida despertó los peores humores del interior argentino y derivó en una serie de cortes de ruta organizados en las principales zonas agrícola-ganaderas en reclamo de la reducción de este tributo o su eliminación. La prolongación de la protesta revivió los fantasmas del abastecimiento, mar de fondo de las peores crisis en la historia del país. El "lock out" patronal se extendió por toda la pampa húmeda del país, y con el correr de los días, se cortaron las principales vías de abastecimiento de carne, leche, verduras y otras mercaderías de primera necesidad cuya ausencia alimentó la suba de precios, y con ella una feroz discusión sobre el nivel de inflación.

El conflicto generó una polarización que impactó muy fuerte en la capital y catalizó algunos desacuerdos de la clase media bonaerense con el kirchnerismo. Los porteños, se plegaron al reclamo del campo sin conocer la naturaleza del problema. Y en ese contexto sucedió el mayor desacierto político de la administración K desde sus comienzos en mayo de 2003, cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia para luego entregársela a su esposa Cristina Fernández el 10 de diciembre de 2007. Luego de la espectacular alza del precio internacional de las comodities durante el año pasado, se esperaba un aumento en las retenciones, pero especialmente dirigido a los sectores más concentrados del sector agropecuario. Argentina es uno de los principales exportadores mundiales de soja, pero la composición de sus productores es muy desigual. En el país hay 78 mil 589 explotaciones sojeras, pero sólo el 5 por ciento del total (unos 4 mil 100 grandes establecimientos) acapara el 56 por ciento de la producción. Mientras tanto, el 80 por ciento de los productores, representan un quinto de la producción, pero se trata de 61 mil 300 pequeños y medianos productores. A pesar de los números que muestran este modelo desigual, cuya desproporción se multiplicó durante el menemismo, la Casa Rosada implementó feroces aumentos de las retenciones sin distinguir entre pequeños productores, grandes pool de siembra y tradicionales terratenientes.

El proceso de recuperación argentino se caracterizó por mantener una tasa anual de crecimiento cercana al 10 por ciento anual desde 2004. Uno de sus pilares es la actividad agraria. Gracias a los altos precios internacionales, en la temporada 2006/2007 la ganancia neta del sector fue de 7 mil 500 millones de dólares y el fisco argentino espera que las retenciones le provean unos 15 mil millones de dólares.

Dentro de la heterogénea composición del campo argentino, el sector más poderoso está compuesto por los exportadores y las multinacionales del cereal. Estos mayores concentradores de capital están reunidos en la Sociedad Rural Argentina, una de las asociaciones más tradicionales y conservadoras del país. Muchos historiadores señalan en su sede el origen de varios derrocamientos a lo largo del siglo XX y este primer encontronazo del siglo XXI les permitió arremeter contra su principal enemigo: las retenciones.

A pesar de los enormes niveles de ganancia que acumulan, siempre consideraron que las retenciones nunca tendrían que haber sucedido, ni en este, ni durante los gobiernos anteriores que la aplicaron, aunque para la mayoría de los economistas argentinos se trata de una medida necesaria y lógica con un tipo de cambio favorable para el incremento de las exportaciones desde suelo nacional. Sin embargo, el conflicto desatado con estas retenciones a la renta agraria dejó de lado a estos principales protagonistas de la crisis. Cargill, Dreyfus, Bunge y Born y otras grandes corporaciones fijan el precio y concentran una millonaria renta que ha llegado hasta un tercio del total. En medio de la discusión pública, son pocos los que han señalado este detalle. Pero uno de ellos, el cineasta Fernando "Pino" Solanas, ex candidato presidencial de centro izquierda, resume el cuadro con claridad: " La Argentina es la hija de la pavota: de los cinco grandes países exportadores de granos, EEUU y la Comunidad Europea subsidian la exportación cerealera e intervienen directamente en apoyo de sus productores; los otros dos países –Australia y Canadá– mantienen el monopolio estatal sobre el comercio agrícola".

Por eso, ni los propios funcionarios argentinos consultados por El Periodista, pudieron explicar por qué el gobierno de CFK aplicó el mismo aumento para todos. Aunque luego lo aceptó, los 20 duros días de desgaste y erosión han generado un costo muy alto para la Casa Rosada. El último sondeo de imagen realizado por el sociólogo Manuel Mora y Araujo registró una caída de 8 puntos en la imagen positiva de la presidenta y una notable pérdida de votantes en el interior argentino, especialmente en las localidades del campo que la votaron en masa durante las últimas elecciones presidenciales.

El periodista Maximiliano Montenegro sintetizó una de las principales preguntas que el gobierno aún no ha contestado: ¿por qué no se impone una carga tributaria mucho mayor al pequeño club de terratenientes y grandes capitalistas del agro? ¿El matrimonio presidencial temerá cortes de ruta y piquetes si enfrenta en serio a los grandes jugadores del agro? Al cierre de esta edición se supo que la Federación Agraria Argentina (la asociación que nuclea a los pequeños y medianos productores) le había presentado al gobierno un proyecto que fijaba retenciones del 50 por ciento para los establecimientos de más de mil o mil 500 hectáreas en la Pampa Húmeda. La propuesta fue archivada a fines del año pasado.

La pelea en Argentina por las retenciones, no sólo es una polémica coyuntural, sino que ha puesto sobre el tapete qué modelo de país se puede construir y quiénes están a favor o en contra. Semejante proceso ha provocado un altísimo nivel de debate en todo el país. Mientras duraron los cortes, fue con un grave desabastecimiento como telón de fondo, y luego de que negociara una tregua de 30 días, la discusión ha perdido virulencia, pero no contenido. En la polémica del gobierno con el campo se sintetiza buena parte de la historia argentina. Por eso esta nueva puja ha despertado la atención internacional y la evaluación reiterada de un sinnúmero de analistas. La presencia intermitente de breves cacerolazos a favor del campo en la Capital Federal, despertaron preocupaciones en el kircherismo acerca de la estabilidad institucional de su gobierno y en dos oportunidades movilizaron su estructura para dar un fuerte espaldarazo a la presidenta en la Plaza de Mayo. La primera ocurrió de manera inorgánica y con algunos hechos de violencia que sólo atizaron el sensacionalismo mediático acerca de una posible confrontación en las calles de Buenos Aires. La segunda significó una multitudinaria concentración de buena parte del aparato partidario del peronismo junto a una considerable presencia de independientes. "La gente suelta", como le llaman los medios argentinos, fue más que la esperada y todos los consultados explicaron su participación con un "porque saben lo que no quieren".

Muchos de los apoyos recibidos se amontonaron en defensa de la democracia y frente al temor que genera ver crecer del otro lado a un enemigo alimentado por una derecha que añora retornar al pasado. Porque a pesar de la sobreactuación que protagonizó la Casa Rosada acerca de un presunto golpe organizado contra el gobierno, lo cierto es que muchos lo creyeron y otros tantos evalúan que este primer embate del gobierno K2 podría derivar en una salida por derecha. Algo que para muchos otros es difícil de entender, ya que creen que el gobierno no ha impulsado la serie de reformas necesarias para consolidar un estado benefactor y "cumplir con una agenda que redistribuya los ingresos". Este punto, confirma la trascendencia de este conflicto al interior de la opinión pública argentina. Su final, por ahora, es abierto.