Año 6, N° 151, viernes 20 de junio 2008
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Berlusconi
¡Un Cavaliere del lavoro!
(Por Mate Guerra)Milanés, 70 años, cinco hijos, dos matrimonios, abogado, empresario, multimillonario, financiado por misteriosas corporaciones, trabajador incansable, político, vinculado a demócratas cristianos, socialistas, derechistas a ultranza, culpable de perjurio, soborno, sospechoso de otros delitos, procesado y condenado, jamás encarcelado, amante de su imagen, de la cirugía plástica y de su sonrisa perfecta. Es sólo parte del extenso historial del jefe del Gobierno italiano, elegido por el pueblo, y por cuarta vez. Un prontuario de frente y de perfil de quien se ha convertido en modelo y sueño de algunos ambiciosos e incautos políticos en Europa… y otros países.

Nacido en el seno de una familia de clase media-alta milanesa, desde muy temprano el mayor de los tres hijos del matrimonio Berlusconi Bossi desató su ambición desbordada. Vendió apuntes escolares a sus compañeros de colegio, electrodomésticos puerta a puerta, fue fotógrafo ocasional en matrimonios, bautizos y funerales e interprete de canciones melódicas en fiestas privadas. En la década de los sesenta, tras estudiar Derecho en la Universidad de Milán y contraer matrimonio en primeras nupcias, creo su primera gran empresa, los cimientos de su emporio.

La Constructora Asociados Milaneses se configuró como su gran primer invento empresarial, de la mano de quien daba trabajo a su padre, el banquero Carlo Rosini, señalado con el dedo acusador de la justicia por administrar bienes y activos de la mafia siciliana. En pocos años, Silvio, el apuesto y joven empresario milanés, se hizo señor y dueño del mundo inmobiliario en Italia, con tentáculos en el exterior.

Su ascenso a los cielos del poder empresarial italiano fue alzado, y financiado, por amigos prestamistas empapelados en Liras hasta los dientes, y sociedades sumergidas en el misterio del oculto y dudoso mundo de las finanzas ítalas.

HAMBRE VORAZ

Pero mientras acrecentaba su fortuna, construía casas por doquier y manejaba los hilos de sociedades mercantiles (legalmente en manos de testaferros de máxima confianza), el Berlusconi ya imparable, no dejaba de mirar de reojo el mundo apasionante, y sobre todo dominante, de los medios de comunicación. Sólo esperaba el momento oportuno y preciso para su asalto. Hasta que llegó la ocasión y dio su golpe certero.

Plagado de escándalos judiciales, el dominio de Berlusconi sobre los medios de comunicación fue absoluto en Italia a partir de 1974. Primero cayó en sus manos el periódico Il Giornale. Sólo seis años después, en el primer lustro de los años 80, ya ejercía como un magnate de los medios de comunicación a través de Mediaset, una televisión de difusión nacional que se echó al saco de la indiferencia la legislación vigente e hizo añicos el monopolio de la cadena estatal RAI.

Desesperada ante tal pérdida de poder, la Radiotelevisiones Italiana pidió auxilio a los tribunales que le dieron la razón y dictaminaron el cierre inmediato de Mediaset por violar la ley reguladora. Sin embargo, por obra y gracia del primer ministro de aquel entonces, el líder máximo de los socialistas, Bettino Craxi, Berlusconi salió a flote en un salvavidas con forma de decreto urgente que convirtió en legal el funcionamiento y difusión del grupo mediático condenado al cierre definitivo.

Este hecho llenó de impulso el hambre voraz del empresario. En los noventa el vital milanés, amante de cantar en alegóricos encuentros de sociedad y casado en segundas nupcias con una actriz veinte años más joven, era el patrón de medios de comunicación en Francia, Alemania, España, Países bajos y Polonia, entre otros destinos.

"NO, NO… YO SOY BUENO"

Pero ya puestos y con una adoración intensa por el espectáculo, pocos años antes, en 1984, como un niño que compra su dulce favorito, Berlusconi adquirió el agonizante club de fútbol A.C Milán. El equipo, que se encontraba con la extremaunción dada y en el camino que va directo a la muerte, resucitó. En los cuatro años siguientes, el Milan consiguió los más importantes títulos nacionales y europeos de fútbol.

Ambicioso en estado puro, en la segunda mitad de los noventa el Berlusconi arrollador era el magnate italiano por excelencia. Su patrimonio engullía todo tipo de negocios como los videoclubes de Blockbuster, todas las salas de exhibición de Cannon, los grandes almacenes Standa, la cadena de supermercados Brianzoli y, cómo no, el primer grupo editorial y periodístico italiano, Mondadori, entre otras muchas entidades.

En aquellos años, el simpático y carismático Silvio Berlusconi masticaba en sus haberes el 40 por ciento de todos los diarios italianos, el 53 de los semanarios y nada menos que el 55 por ciento de toda la publicidad que daba oxígeno para sobrevivir a la prensa, radio y televisión.

Pero no todo era color de rosas para el intrépido magnate. Su nombre apareció en la nómina de los integrantes de la logia masónica Propaganda 2, la "P2". Se trataba de una organización que arrastraba una de las más aterradoras famas sangrientas vinculada a la ultraderecha con actos terroristas incluidos y cuyos hilos eran manejados por un antiguo y anciano miembro de la inteligencia de Mussolini.

En su defensa, a pies juntitos, Berlusconi proclamó su inocencia a los cuatro vientos. Sin embargo, su tono de súplica no le sirvió y las pruebas en su contra resultaron categóricas. Estas fueron su carné número 1.816 y un aporte sacado de sus caudales de más de 100 mil Liras (unos 8 mil dólares).

Berlusconi fue encontrado culpable de perjurio. Pero una insólita amnistía general lo salvó de cumplir la condena impuesta por un Tribunal veneciano.

BERLUSCONI, EL POLÍTICO…

Con el advenimiento del nuevo siglo, Berlusconi parecía más sediento de poder y aún quedaba un apetitoso pastel que faltaba por saborear: el ejercicio de la política. Con una fortuna en los bolsillos superior a los 8 mil millones de dólares según la revista Forbes y considerado uno de los hombres más ricos de Italia, y dentro de los diez más acaudalados del mundo, Silvio aprovechó sin el menor titubeo el fracaso de la clase política italiana a manos de democratacristianos y socialistas, hundidos en la ineptitud y el brazo estrangulador de la corrupción.

Los viejos mandamases de la política italiana fueron arrasados por el llamado movimiento de investigación Manos Limpias. Ante el clamor de una ciudadanía harta hasta la médula de una cúpula llena de políticos anquilosados en sus barullos internos, Berlusconi se presentó ante los escépticos electores como el salvador de todos los males.

Como pez en el agua, el empresario-político formó la Forza Italia, una alianza integrada por duros líderes de la derecha más ultra y conservadora de la Italia contemporánea.

Aferrado a un discurso salvador de la posible asunción al poder de ex comunistas añejos, Silvio Berlusconi ofreció en las elecciones de 1994 sacar al país con una política basada en la defensa de las libertades individuales, y empresariales, la reducción del déficit público, creación de empleo y, con acento muy marcado, una guerra frontal a la corrupción y a la mafia.

En su primera campaña electoral encandiló a los italianos. Con el estiramiento de una que otra arruga por aquí y otra por allá, una sonrisa vigorosa y permanente, con traje impecable para cada ocasión, Berlusconi sacó todas sus armas publicitarias. Acostumbrado a ganar en todo lo propuesto, esta vez no fue la excepción para Il Cavalieri, que se convirtió en el nuevo Primer Ministro tras una holgada victoria, en mayo de 1994.

La gestión en su primer Gobierno no fue fácil. Atacado por una casta empresarial trémula de envidia y enemigos políticos surgidos como la mala hierba en su jardín, Berlusconi se vio obligado a devolver favores a través un decreto firmado por su puño y letra. El llamado "decreto salva-Craxi" causó estragos en la Italia de los noventa.

Además tuvo que lidiar en las disputas internas de Forza Italia, pero, sobre todo, despejar conflictos de intereses que ponían seriamente en duda su gestión y conocer la humillación pública internacional cuando ejercía de anfitrión en una Cumbre de la ONU, en Nápoles y fue notificado de la apertura de un proceso en su contra por financiación ilegal de partidos políticos. Dos años más tarde fue condenado a 28 meses de prisión que no cumplió por prescripción de los delitos.

En sus tres primeros mandatos (1994-1995/ 2001-2005 /2005-2006), Berlusconi recibió de lleno en su rostro una violenta ola de procesos judiciales que casi le dejan sin oxígeno. Ha sido el primer y más publicitado blanco de la abolición de la inmunidad parlamentaria decretada en la reforma constitucional italiana de 1993. Berlusconi se ha visto involucrado en casos de corrupción de jueces, en 1995 la fiscalía de Milán lo acusó de cohecho, también fue acusado del delito de soborno a la Guardia de Finanzas, entre otros no pocos cargos.

Poseedor del título Cavaliere del lavoro, conoce muy bien como pararse y dar la cara ante la fiscalía.

Aunque no siempre ha ganado los procesos, nunca ha puesto un pie en la cárcel, por lo menos tras las rejas. Cautivado por las causas difíciles, en estos años se las ha arreglado para desprenderse oficialmente de sus mayores haberes y así poder ejercer más libremente su práctica preferida, la política desde el poder máximo. Parte de su emporio está hoy en día en manos de sus familiares más queridos y sus colaboradores de lealtad probada.

En la actualidad ejerce su cuarto ejercicio como Primer Ministro, dispuesto a luchar contra la inmigración con mano dura –empezando por los gitanos–, admirando a su amigo George Bush, al que apoyó con la guerra de Irak, guiñando un ojo a los conservadores Sarkozy y Merkel en la Unión Europea, criticando la participación de la mujer en el Gobierno español que califica de "demasiado rosada" y proponiendo leyes a su medida para hacer el quite a las acusaciones que le amargan la vida y entorpecen su gesto ganador imperturbable.

Es el Silvio Berlusconi cantante y autor de frases célebres para algunos y denigrantes para otros, como el polémico consejo público que le dio a una joven trabajadora italiana con un salario precario: "Como padre el consejo que le doy es casarse con el hijo de Berlusconi o algún otro que no tenga esos problemas" o aquella igual polémica frase suya sobre el Duce: "Mussolini no mató a nadie, sólo mandaba a los opositores al exilio".

A pesar de los numerosos procesos judiciales en su contra, el abandono de aliados políticos, como los de Forza Italia, el desgaste de una imagen que esculpe día a día, Berlusconi representa para muchos italianos, el resurgimiento del Ave Fénix, que renace de sus propias cenizas.

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