Año 6, N° 151, viernes 20 de junio 2008
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La Legua
Más allá del estigma
(Por Marta Inostroza)Desde afuera La Legua se ve como un peligroso foco de delincuencia, donde el narcotráfico, el consumo de drogas y las constantes balaceras entre bandas rivales, parecen no sorprender a nadie. Desde adentro, la comunidad se organiza en redes sociales y la juventud crea, hace cultura y se prepara con la movilizadora esperanza de cambiar la estigmatizadora situación que los ha marcado a fuego durante años.

"La Legua está muerta. Nadie se mueve para nada. Ya se tiene todo lo que se deseaba: agua, luz, teléfono, locomoción. ¿Para qué movilizarse? No hay organización. Yo me siento como un extraño en la población, porque toda la gente de antes que participaba ya no está", dice Don Félix Ramírez, quien a sus 93 años recuerda nítidamente los primeros años de lucha, de organización, que dieron vida más tarde a lo que hoy se conoce como La Legua Nueva.

Con nostalgia, va repasando en su mente la historia que lo traslada a l947 cuando junto a otras 35 familias, todas ellas participantes de la toma del Zanjón de la Aguada, llegó a asentarse en este predio que pertenecía al Seguro Obrero ("y por lo tanto, de todos nosotros).

A este grupo inicial se suman más de mil familias provenientes de la toma de Zañartu en Nuñoa y de las poblaciones El Peral y Sudamericana. Rápidamente se lotea el espacio, entregándose a cada familia un terreno de 20x10 metros, dejándose las áreas necesarias para el consultorio de salud, bomberos, guardería infantil, plaza, centro deportivo, junta de vecinos e iglesia, entre otros.

"La Legua Nueva partió desde un principio planificada con sus calles y espacios públicos", nos cuenta Don Félix cuando conversa con El Periodista en su casa de la calle Alcalde Pedro Alarcón, frente a la plaza. Allí ha vivido desde siempre. Su vivienda se ha ampliado; ha crecido hacia arriba para dar cabida a sus hijos y a sus nietos.

Este es un trozo de la historia de La Legua. De éste amplio territorio que se ubica entre Vicuña Mackenna y Gran Avenida, a sólo un par de kilómetros del centro de Santiago, pero alejado, marginado, apartado socialmente. La visión que entregan sus calles, el diario vivir que cuenta su gente, habla de una realidad que es ajena a la gran mayoría.

A La Legua Nueva, a aquella que nos relata Don Félix, llegamos alrededor de las cinco de la tarde. Ya nos habían advertido que sólo se puede caminar por sus calles acompañado de alguien que conoce el entorno. Precavidos, llamamos a nuestro contacto tan pronto abordamos el bus de cercanía. El paradero de la plaza era el lugar indicado. Dos paraderos más allá de la cita nos bajamos. Sus calles nos acogen sin temor, con la misma tranquilidad que cualquier otro barrio periférico de Santiago. Nos sorprende la aridez, la falta de verde, la carencia de frondosos árboles. Las casas, son en su mayoría de un piso, uniformes en el tamaño de su fachada, descascaradas por el tiempo. ¿Dónde está esa delincuencia demencial, los tiroteos entre familias, la drogadicción abierta, el narcotráfico del que tanto se cuenta en la prensa?

 

 

DURA SOBREVIVENCIA

Nuestro contacto ya está en el punto de la cita. Viene en bicicleta, el principal medio de transporte de los legüinos. Es Gustavo Arias, "Lulo", quien a sus 28 años es una figura emblemática del sector. Creador y director de la "Legua York", uno de los grupos de

hiphop más importante del país, activo integrante de la vida comunitaria y cultural de La Legua, es hoy candidato a concejal por la comuna de San Joaquín. De su mano y su palabra iremos descubriendo la otra historia, el otro rostro que poco se muestra de La Legua.

-"Mira, esta es la plaza, el principal lugar de encuentro público de la Legua Nueva". Miramos a nuestro alrededor y sólo vemos cemento, árboles que han sobrevivido al tiempo y a la falta de cuidados. En un rincón, juegos infantiles, al lado de unas sillas y mesas de metal, con tableros de ajedrez que apenas se ven entre la mugre y la corrosión. ¿Dónde están las flores, el césped? "No, eso no existe acá. Lo único nuevo es este pino que trajo el padre Mariano Puga de Tierra Santa cuando viajó hasta allá acompañado de pobladores de La Legua y el monumento a la memoria de las víctimas de la dictadura". Erguida en el costado sur de la plaza se alza este monumento constituido por tres elementos: la piedra base inicial que fue colocada a principios de los 90 y que tiene un poema de Neruda; la escultura central, de cinco metros construidos en hormigón y que lleva inscrito los nombres de las 77 personas que cayeron durante los enfrentamientos, o que fueron asesinadas posteriormente, y una escultura menor, de dos metros y medio, que representa a una mujer que tiene su centro vacío. "Este monumento habla de la ausencia, la presencia y la memoria no sólo de los pobladores de La Legua que cayeron luchando aquí, sino también de otros combatientes, miembros del GAP, de Sumar, de otras poblaciones que llegaron a defender La Legua", nos cuenta Víctor Salamanca, profesor de historia, también legüino y quien fue un activo impulsor de esta obra.

Hacia el otro costado de la Plaza, cruzando la calle, está la Iglesia San Cayetano. "Este es un punto principal de encuentro, no sólo de los católicos, sino de todos", nos dice a modo de introducción nuestro anfitrión. Las sombras de la tarde hace rato que se han dejado caer, la temperatura baja rápidamente, pero en el interior del recinto se percibe el calor humano. "Éste es un lugar no sólo de recogimiento, de labor pastoral, sino de esperanza y de mucha, mucha labor social". Los ojos del padre Gerard Ouisse, de la orden diocesana y desde hace seis años párroco de La Legua, brillan en una mezcla de emoción y entusiasmo cuando parte hablando de los logros en los más de 60 años de vida de la iglesia. "Tenemos una fuerte inserción en la comunidad. Y no podría ser de otra manera. Tenemos que escuchar y dar respuesta a las necesidades de la gente; entregarles esperanza, no resignación, esperanza de que hay posibilidades de cambio, de que podemos lograr un lugar de paz".

La Legua".

La labor hacia la comunidad extiende sus tentáculos de diversas maneras: cuatro veces a la semana se entrega almuerzo a 200 personas, y 36 familias reciben periódicamente alimentos; se mantiene un centro de rehabilitación y de atención sicológica y otro de atención a niños con deficiencia mental; se imparten clases de yoga y de medicina alternativa, y la chochera del padre Ouisse: el grupo folklórico Raipillán. "Son chicas y chicos que periódicamente se concentran en la iglesia, que vienen en compañía de sus padres. Ha sido un largo y arduo trabajo, pero hoy tenemos el grupo que funciona y que se presenta aquí y fuera de

¿Cómo se mantiene todo esto? Según el párroco es vital el voluntariado y el apoyo externo, "aquí unimos a dos mundos. Por un lado, están nuestros beneficiarios de Vitacura y Las Condes, que llegan con su aporte en dinero, alimentos, ropa, y en algunos casos, también en activa participación, y por el otro, los vecinos de La Legua que entienden estos gestos solidarios".

 

ESPERANZADA JUVENTUD

La noche ya está instalada cuando abandonamos al padre Gerad Ouisse. Las calles están silenciosas, vacías. Caminamos por ellas sin asomo de temor hasta llegar a la sede del Partido Comunista. "Este es el único partido que ha mantenido su sede. Los otros no sé si es que no se atreven o no quieren, pero lo cierto es que nadie ha intentado tener un local aquí", nos aclara "Lulo" antes de ingresar a un cuarto posterior donde esperan Rubén, Sol, Katia y Víctor, todos ellos pertenecientes a la brigada cultural Pedro Rojas. Son jóvenes, estudiantes, trabajadores y legüinos, integrados y participantes del quehacer de la comunidad. "Tenemos la esperanza que vamos a cambiar la imagen que hoy se proyecta en los medios. Volver a juntar al ganado. Revertir la situación de división y dispersión que se vive hoy, para recuperar el trabajo comunitario, la organización, la participación", nos dice Katia. Tras esta esperanza motivadora, está no sólo el recuperar la memoria sino también el volver a transformar a La Legua en lo que fue en sus comienzos, cuando el interés colectivo estaba por sobre el individual.

Sol viene de La Legua Emergencia. Allí, las necesidades se agudizan en medio del hacinamiento y la miseria, enmarcadas en un clima de violencia que pareciera no tener fin. "Sí, es verdad que hay violencia en sus calles, que la droga asesina a los jóvenes, que los niños son parte de ella. Pero también es verdad que hay solidaridad, hay cariño, hay vida colectiva". Y es esta vida colectiva la que se hace cargo de los niños cuando sus padres son apresados; es el vecindario el que soporta el dolor y que permite mantener esa cuota de esperanza que recurrentemente se menciona.

La Legua Emergencia vive desde 2001 bajo un régimen de intervención. Esta medida fue adoptada por el Ministerio del Interior con el fin de parar la violencia, pero también con el propósito de mejorar la calidad de vida de sus pobladores, de crear mayores espacios comunes, y de fortalecer la organización comunitaria.

"Poco o nada se ha hecho en bien de la comunidad. Las áreas verdes son pastelones pintados de ese color. Se fortaleció la división al privilegiar a ciertas organizaciones, no se ha creado nada nuevo. Lo único que tiene más presencia es la vigilancia, el control policial, la intromisión en nuestras vidas", cuenta Víctor.

Señalan que en los primeros tiempos de la intervención, que se extiende a toda La Legua, los registraban permanentemente, aún en sus partes más íntimas. "A veces, esto pasaba de tres a cuatro veces antes de llegar a la casa. Sin ningún motivo, simplemente por el hecho de ser jóvenes y vivir en La Legua". Dicen que este fracaso de la intervención ha sido consecuencia del actuar al margen de los deseos y necesidades de la comunidad. "Otra cosa habría sido, si nosotros en conjunto con la autoridad, hubiésemos diseñado y llevado a cabo este plan para erradicar la violencia y terminar con los grupos de poder".

 

 

VOZ DE LA LEGUA

El reloj avanza a la medianoche. El frío no nos abandona. Seguimos caminando por calles tranquilas, donde una que otra persona transita sin cuidado. Llegamos a la sede de la Junta de Vecinos. Allí funcionan Radio La Ventana y Legua televisión canal 3. Éstas son las dos vías más importantes que tienen los legüinos para informarse de lo qué pasa en su sector y en su comuna. El canal de televisión transmite de viernes a domingo, 72 horas continuadas, y la radio, las 24 horas del día. Ambos medios tienen una alta sintonía. La televisión logra cerca de un 40 por ciento, y la radio es la segunda más escuchada en la comuna. "Esto lo hemos logrado con mucho esfuerzo, trabajo y perseverancia. Desde un principio escogimos a la gente que iba a trabajar por su compromiso y por su experiencia en la organización social. Era esto lo que nos iba a garantizar que este proyecto se iba a mantener en el tiempo", señala Jaime Álvarez, uno de los dirigentes del Centro Cultural y Comunicación La Garrapata, bajo cuyo alero están la radio y el canal.

Partieron en 2002, con ambos medios. Al año siguiente, agregaron la biblioteca y desde entonces no se han detenido. Con el apoyo de Fondart y de organizaciones no gubernamentales, han ido adquiriendo los equipos que les ha permitido llevar imagen y voz al aire. Ambos medios están al servicio de la comunidad. "Aquí nadie censura o veta un programa o a una persona que desea hacer algo. Sólo pedimos que la información sea responsable, que no se use para hacer denuncias infundadas".

Es esta mirada amplia la que ha permitido a la radio La Ventana y a Canal 3, pegarse como garrapata a la comunidad. Desde aquí se da también una mirada distinta, una mirada joven, renovadora, esperanzadora.

Es hora de partir. Sin darnos cuenta, el tiempo ha ido avanzando. Una llamada a un taxi amigo nos permite salir de allí. En pocos minutos volvemos al centro de la ciudad, a la luz, a las calles amplias y asfaltadas, a los parques y jardines. ¿Es éste el verdadero país o el que dejamos a nuestras espaldas? ¿Será posible algún día mirar a una sola realidad?

 

 

Gustavo "Lulo" Arias, vocalista de La Legua York y candidato a concejal por San Joaquín

 

" La Legua es un bastión enorme de resistencia"

Inquieto y con la palabra siempre lista, su figura pequeña no pasa inadvertida. Es que Gustavo "Lulo" Arias, ha sabido ponerle ritmo a la vida simple y cotidiana del sector. Con dos discos grabados, uno en camino, y con actuaciones dentro y fuera del país, en la LeguaYork, se ha transformado en el cronista del quehacer legüino. Hoy "Lulo", asume una nueva responsabilidad: bajo el alero de Juntos Podemos transformarse en concejal de la comuna de San Joaquín.

 


¿Qué te motiva a pasar de la música a la vida política?

Llevar una mirada de las cosas que están pasando acá abajo, en la calle misma, en la comunidad. Me preocupa eso, que los poderes locales estén todavía mirados hacia arriba, que no estén a la par con el común de la gente. Poder empoderarnos nosotros como uno más.


¿No tienes temor a que la institucionalidad te atrape?

No, no hay temor a cambiar. El deseo de vivir de la forma más digna posible está inserto en el ADN de nosotros. Más bien, es la institucionalidad la que debe sentir miedo a que no se le derrumbe el piso con la llegada de la gente común y corriente a ella.

Empoderamiento, cambios ¿te planteas con la bandera de la Leguaen alto?

Soy parte de La Legua, pero también de San Joaquín. Creo que la bandera que estamos tratando de levantar es la de lo sencillo, de la persona que tiene que andar en micro, de la que anda en bicicleta, de las que vivimos en comunidad, que tratamos de soñar y llevar esos sueños a la realidad.

 

Tú perteneces al escaso porcentaje de jóvenes que está participando en política

Creemos que la no-participación, la no inscripción juvenil, la no masividad en la contienda electoral, ha permitido que tengamos representantes que realmente no nos representan. Así es que en ese sentido, es necesario instalar nuestras voces en estas instancias de micropoder para poder decir lo que pensamos, porque de otra manera no somos escuchados.

 

Inscripción automática, voto voluntario ¿cambiarán la fisonomía de la vida política?

Esos jóvenes tendrán que sentirse representados de lo contrario va a pasar lo mismo.

No irán a las urnas porque el voto sea voluntario. Colocará su voto, si es que hay ideas nuevas, si es que hay formas distintas de enfrentar la política. Por eso necesitamos ir a colocarle los colores, la alegría y también nuestras ideas, nuestras luchas, nuestras reivindicaciones. Una de las cosas que atraviesa transversalmente a cualquier sociedad, es la falta de cariño, de comprensión, de afecto. Eso es lo que principalmente nos ha afectado a nosotros como sociedad capitalista. En las poblaciones los niños quedan solos cuando sus padres son detenidos, o cuando deben trabajar a destiempo para sobrevivir. O en el barrio alto, donde sólo les preocupan las empresas, también esos niños quedan abandonados en manos de las nanas. Debe haber una preocupación de cómo vamos generando vida a esta vida, porque se está deshumanizando la sociedad. Cada día somos un poco más robot, más una etiqueta.


Tus ideas más que sustentarse en grandes líneas ideológicas parecieran sustentarse más en el individuo en sí...

Creemos que hay que darle un valor al ser humano; hay que reencontrarse con la vida misma, y ello va a componer el orden de las cosas que debiera estar bien hilado. El ser humano con el ser humano, hilando cosas en conjunto, en comunidad, en colectivo, para el bien común. La confianza se reconstruye al dar la cara unos con otros.

¿Esa incorporación de la comunidad sería una manera de darle esperanza a sectores marginales como La Legua?

Darle voz a los sin voz, diría yo. La esperanza la debemos construir todos juntos. Lo que necesitamos es que se nos escuche; volver a darle importancia a la voz de los demás, y que la pueden levantar y puedes decir lo que creen. Luego que esa voz haya sido levantada, juntos construiremos la esperanza de tener una comuna mejor. Porque es posible. No es tan mala ni la comuna ni la Legua. Tenemos muchas cosas positivas, muchas cosas que queremos mostrar.

¿Qué puntos identifican en forma positiva a La Legua?

Para mí, éste es un bastión enorme de resistencia. Por otro lado, la Iglesia Católica sin duda convoca, especialmente con todo el recuerdo de lo que son los curas obreros. La Iglesia es una institución importante aquí. Allí están nuestros propios medios de comunicación. Pero principalmente, lo que sustenta a La Legua, lo que le da vida, es la familia. Yo planteo abiertamente de que la primera organización, la organización madre que tiene cada uno, es nuestra familia. Nacemos colectivamente, por eso hay que potenciarla, ya sea bien o mal constituida, da lo mismo. Lo importante son los niños, a ellos hay que entregarles esta cuota de esperanza.

Pero ¿qué es lo que fija esa identidad tan fuerte?

Más que nada el cariño que se genera entre vecinos; el sentirte parte de algo; sentirte identificado, querido...Pero tampoco es "leguacentrismo". Yo soy de La Legua, la quiero, quiero su historia, a sus fundadores, pero también quiero a San Joaquín como tal.

Desde esa mirada de identidad y de pertenencia, ¿cómo ves los problemas que enfrentan estos sectores?

La droga y la delincuencia, que tanto dañan y que tanto nos cargan, es una consecuencia más de la desigualdad. No es netamente nuestro problema como comunidad, como gente pobre y sufrida, que exista droga en el mundo o que exista delincuencia. Si la riqueza no estuviera acumulada en un grupo tan pequeño de gente, quizás sería mucho más liviano el diario vivir y así no habría esa necesidad de tener más que el otro. Somos muchos los que vivimos en nuestra humildad, contentos, felices y orgullosos de ser parte de ese grupo que creemos que la esperanza sobrepasa las clases sociales. Tal vez ha llegado el momento de crear una nueva clase social que vuelva a creer en el ser humano.


 

 

A una Legua de la Plaza de Armas

La Legua, este amplio sector que queda empotrado en plena comuna de San Joaquín, y exactamente a una legua de la Plaza de Armas, quedó configurado en tres fases distintas de asentamiento. La primera de ella, que generó La Legua Vieja, se inicia en 193l con la llegada de un contingente de obreros cesantes de las salitreras. Históricamente, se la considera como la primera población de Chile.


La segunda fase se produce en 1947 y forma lo que hoy se conoce como La Legua Nueva. El primer grupo estuvo integrado por 36 familias ocupantes de las riberas del Zanjón de la Aguada. A ellos, se sumaron mil 150 familias que provenían de la famosa toma del barrio Zañartu de Ñuñoa, y en parte de las poblaciones El Peral y Sudamericana.


Finalmente, en l951 se inició la tercera fase. Ahí es cuando la Municipalidad de San Miguel, a cuya jurisdicción pertenecían entonces estos terrenos, destinó un amplio predio para que se construyeran viviendas de emergencia que alojarían a familias de poblaciones ubicadas en las márgenes del río Mapocho, del canal La Punta y de los conventillos ubicados en Quinta Normal y estación Yungay. Las viviendas provisorias de 3x7 metros se transformaron en definitivas.


La identidad histórica de La Legua siempre estuvo asociada a la fuerte represión que sufrió durante la dictadura. Paralelamente, la vasta y potente red de organizaciones sociales, culturales, económicas y de derechos humanos, permitió a la comunidad crear estrategias para sobrevivir al hambre, a la represión, al aislamiento y a la cesantía.


En la actualidad, la Legua entendida como una sola identidad, tiene una población superior a los 14 mil habitantes.


 

 

 

 

 

 

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