Año 6, N° 153, viernes 25 de julio 2008
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Combatir la desesperanza aprehendida
( Escribe Francisco Chahuán )“Me gustaría que conviniéramos en que un Chile sin campamentos el 2010 es una meta compartida”

Hace unos días nos reunimos con un grupo de pobladores y voluntarios de Un Techo para Chile. Ellos instalaron una mediagua en un sector céntrico de Viña del Mar, para que los transeúntes visibilizaran y se sensibilizaran con un problema regional. Sólo en esta Región hay 8 mil familias viviendo en campamentos.

Evaluando esa reunión y tras ver el espíritu y el compromiso de los jóvenes voluntarios, no cabe otra conclusión que tenemos mucho que emular de ellos para transformar la política en lo que debiera ser. Hace falta más liderazgo, metas ambiciosas, recuperar la capacidad de soñar, de empatizar y convicción sobre la importancia de hacer bien las cosas.

Cuando ellos hablaban que el 2010 debemos tener un Chile sin campamentos, inevitablemente llama la atención que ésta no sea una meta gubernamental urgente. Cómo no va a ser importante enfrentar el tema de la pobreza con seriedad. Sobre todo, considerando que la única canasta que no se ha reajustado desde 1988 es la que mide la pobreza y la indigencia. Hoy día se es pobre en Chile si el ingreso per cápita de un hogar es inferior a los 46 mil pesos y se es indigente si ese monto es menor a 23 mil pesos. Lo cierto es que si hiciéramos un pequeño esfuerzo para reajustar esa canasta, hoy quedaría en evidencia que el 30 por ciento de los chilenos está en situación de pobreza.

Esto debiera llevarnos a repensar qué país queremos y a darnos cuenta que estamos construyendo uno con cultura de ghetto, fragmentado y que, en definitiva, es fundamental un liderazgo que nos plantee metas ambiciosas para superar varias situaciones que requieren que se dote de recursos importantes. Hoy son organizaciones privadas de ayuda a la comunidad las que están subsidiando a los actores políticos. Ese es un tema de fondo.

En la ocasión, hablamos con los pobladores sobre la desesperanza aprehendida y la contrastábamos con lo que hace Un Techo para Chile. Porque ellos no entregan sólo cuatro paredes, sino también esperanza, acogida, ayuda, asesoría, herramientas, la posibilidad de cambiar relaciones verticales de la sociedad –a las que estamos tan acostumbrados– a relaciones horizontales. En este contexto, los pobladores se hacen partícipes de las soluciones, lo que contrasta con el abismo que existe entre quienes las toman y las personas. Ese es el modelo de sociedad al que debiéramos aspirar.

Unos 200 jóvenes de esta Región están trabajando motivados y esperanzados en que pueden construir un mundo distinto. Son un ejemplo y una muestra de que muchos de nuestros problemas hoy tienen que ver con que la sociedad ha perdido la capacidad de soñar. Muchos de ellos no están inscritos en partidos políticos y prefieren canalizar su vocación de servicio de esta manera, en realidades directas, que transforman vidas.

Cuando se ve el desapego de los actores políticos de estas situaciones cotidianas, se entiende el desinterés de los jóvenes en este ámbito y que 2 millones 300 mil de ellos no estén inscritos en los registros electorales. El tema es compartido: hay que motivarlos para que participen en el sistema, para hacerlos deliberantes, pero también hay que cambiar la forma de hacer política.

Me gustaría que representantes de distintos sectores conviniéramos en que un Chile sin campamentos el 2010 es una meta compartida. Recuerdo que alguien preguntaba para qué servía la utopía y que la respuesta era: para seguir caminando.

Hay que seguir caminando, combatiendo la desesperanza aprehendida.

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