Año 6, N° 153, viernes 25 de julio 2008
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Guerra de trincheras
( Escribe Guillermo Holzmann )Cuando en un régimen democrático hay un diálogo mínimo, se excluyen temas estratégicos de la agenda política, se plantean trincheras para el gobierno, los empresarios, los trabajadores y los partidos y se insiste en que los únicos problemas que nos podrían afectar son de tipo económico y frente a ello estamos bien preparados, parece olvidarse que la democracia constituye un valor que debe apreciarse, cuidarse y consolidar entre todos.

La actividad política en Chile se ha convertido en un permanente y ampliado juego (o guerra) de trincheras, donde cada cual se posiciona de un sector desde el que se siente en plena libertad de lanzar criticas, acusaciones y, en una de esas, hasta propuestas. Lamentablemente, las críticas, acusaciones y descalificaciones hacia otros –o como respuestas a los dichos recibidos– aparecen como la tónica habitual en la que se mueven los actores políticos.

Mientras, las propuestas suelen caer en la más profunda indiferencia y posterior olvido.

Veamos tres aspectos de esta suerte de guerra de trincheras en que se ha convertido nuestra democracia.

El primero. Nuestra mentada democracia –que todos señalan defender– pasa a expresarse en batallas pequeñas que intentan ser presentadas como sustantivas para nuestro desarrollo pero que, sin embargo, no son otra cosa que la expresión primaria de una enconada lucha por el poder.

De esta forma, no debe extrañarnos, por ejemplo, que las municipales tiendan a presidencializarse, instalando un escenario político que se caracteriza por su alto nivel confrontacional y sin mayor contenido. Pareciera que éste lo estuviera dando la Contraloría con la emisión de sus informes. Al final, el edil que no tenga informe del ente fiscalizador tendrá casi asegurada la reelección.

Al respecto, y especialmente en torno al contenido de las propuestas políticas, el rol de la Contraloría, en la medida que su fiscalización es ex-post, es decir, audita, revisa e informa cuando los procesos han culminado, debiera tener como consecuencia lógica tomar nota de dichos informes como un insumo necesario para mejorar la gestión municipal y hacerla mas ágil y transparente. Eso implica reformas a la ley. En efecto, parte importante de las irregularidades resultan ser faltas, errores o vacíos administrativos, u otras acciones involuntarias, que se producen por distintas razones. En pocos casos se trata de corrupción. Por tanto, si la campaña municipal y la agenda política va a estar referida a defender o atacar a quienes aparecen relacionados en dichos informes sin asumir la tarea de mejorar la legislación para que ello no se produzca, no cabe duda que estamos frente a una visión no solo reduccionista de la política sino que claramente no estamos abordando ningún tema de relevancia para el desarrollo comunal y social de Chile. Al final, parece una típica fórmula de facebook para saber "qué tan corrupto eres" donde la respuesta está dada por las veces que aparece mencionado en un informe de Contraloría. Lo notable es que los actores políticos consideran todo ello como normal y parte del juego democrático.

Desde otra perspectiva, los partidos y líderes políticos logran convertir a la Contraloría en un efectivo cuarto poder de facto, toda vez que alrededor de ella se define parte de la agenda política del país. Estemos de acuerdo en que ello implica una debilidad democrática que, por cierto, no es responsabilidad del Contralor, sino de quienes se aprovechan de sus informes y auditorias para atacar a sus oponentes y enemigos.

La segunda trinchera está asociada a esta idea de crisis que conforme lo ha declarado el gobierno no existe, pues Chile mantiene sus equilibrios macroeconómicos, así como sus niveles de reservas, pero no es ajeno a los vaivenes internacionales. Sin duda todo eso es cierto. Sin embargo, las crisis en general, y especialmente las políticas, se definen por la percepción antes que por los hechos. De esta manera, si se ven las noticias, internacionales y nacionales, será posible establecer el grado de preocupación mundial existente en torno al petróleo, los alimentos, el cambio climático, la seguridad ciudadana o pública y otros temas que tienen su directo correlato en la realidad cotidiana de los ciudadanos, quienes "sienten" directamente el alza de los combustibles, de los alimentos, el aumento de los desastres naturales, de la delincuencia no obstante los éxitos policiales que, a su vez, dan cuenta de que la percepción de inseguridad era correcta, y frente a lo cual las medidas anunciadas por el Gobierno, si bien han mitigado en algo sus efectos, no logran superarlos o neutralizarlos. A su vez, la agenda política no da cuenta de cómo Chile enfrentará en el futuro estos temas que ya están asumidos en la agenda de otros países y grupos internacionales, como es el caso del G-8. En Chile, tanto los líderes como los actores políticos no dan espacio para eso, a pesar de las propuestas presentadas por el Senado, increíblemente de manera unánime, respecto a temas como la energía y la gestión económica. Lo interesante es que el Gobierno recibe dichas propuestas pero no las procesa, por considerar que eso es materia de decisión del poder Ejecutivo y no del Legislativo. Permítame la ironía al señalar que Ejecutivo y Legislativo no son dos países distintos que se hayan creado por una división del antiguo Chile que nadie se enteró; sino que se trata de dejar establecido quién tiene el poder, olvidando de pasada esos términos como bien común, servicio público, bienestar social y otros que dan cuenta del objetivo asociado al ejercicio del poder político.

En estricto rigor, estas son muestras del pensamiento liberal más clásico que el mismo liberalismo se encarga de controlar, como es que el poder tiende a concentrarse y mientras más posibilidades de que eso suceda, mayor abuso y menor relación con la sociedad tiene. Normalmente eso pasa cuando no hay efectivos pesos y contrapesos al poder.

Lo anterior, sin embargo, tiene otra consecuencia que es necesario destacar y que nos permite pasar al tercer aspecto. Cuando el poder se refugia solamente en la investidura asociada a su autoridad y disminuye las instancias de dialogo, resulta evidente de que se abre una instancia política de exclusión que define esta guerra de trincheras, pues la interacción se termina haciendo a través de los medios o de terceros, evitando el dialogo directo entre los actores o miembros de la elite política.

Si a ello se suma la definición presidencial de no querer entregar la banda presidencial a la oposición, sin querer queriendo plantea una cuestión más de fondo, incluso más allá de que ello sea su personal e intima convicción, como es el hecho de que legitima directamente la confrontación política directa de naturaleza conflictiva, validando todo ello como mecanismos utilizables para mantenerse en el poder. Lo mismo sucede con las aclaraciones a las que se sometió el Ministro del Interior, por señalar simplemente la necesaria observancia y consideración del principio de alternancia en el poder que es inherente a la democracia.

El Gobierno considera inapropiado, al menos, señalar que el poder se puede perder, pues se asume como una visión derrotista. Igualmente, Gobierno, Concertación y Alianza participan activamente de amenazas y escaramuzas mediáticas para desprestigiar y descalificar al otro o poner obstáculos burdos en sus estrategias. Creemos que cuando en un régimen democrático hay un diálogo mínimo, hay una evidente exclusión de temas estratégicos en la agenda política, se plantean trincheras para el gobierno, los empresarios, los trabajadores y los partidos y se insiste en que los únicos problemas que nos podrían afectar son de tipo económico y frente a ello estamos bien preparados, parece olvidarse que la democracia constituye un valor que debe apreciarse, cuidarse y consolidar entre todos. Si ello no fuese así, tememos que nuestra democracia avanza silenciosamente a una crisis, básicamente porque ninguno de los interesados parece querer escucharla, salvo los ciudadanos que cada día se alejan más y más de ella. Nótese, a modo de corolario, que el "mercado electoral" lejos de sumar electores, los resta de manera dramática...

Guerra de trincheras, análisis político, Guillermo Holzzman
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