Año 6, N° 153, viernes 25 de julio 2008
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Argentina
Los peores días de la señora K
(Por Claudio Mardones ) La crisis producida por el impuesto al agro terminó con los hombres más duros del kirchnerismo, entre ellos el poderoso ministro del Interior, Alberto Fernández, quien sucumbió tras la votación que Cristina Fernández perdió por el voto de su vicepresidente.

A un año y medio de cumplir su bicentenario,la Argentina volvió a cruzar un prolongado y espinoso conflicto, pero más acotado y con ribetes menos dramáticos que los que azotaron a su población en diciembre de 2001, cuando renunció su presidente y se sucedieron 5 mandatarios.

Esta vez fue distinto, pero la vertiginosidad del cambio que se ha desatado recién comienza.

Marcada por el aumento de los precios internacionales de los alimentos, la Argentina, tercer productor de soja y uno de los principales proveedores alimenticios del globo, vivió una puja sin precedentes por los derechos de exportación que el gobierno trató de cobrarles a sus exportadores. Pero terminó en una derrota que, al cierre de esta edición, ya se cobró la renuncia del tercer hombre más importante del armado K: el jefe de Gabinete Alberto Fernández.

Parece una cuestión de porcentajes, pero se trató de una de las peleas más añejas de la historia argentina: cómo hacer que los que obtienen ganancias extraordinarias por los beneficios de la tierra, paguen al Estado un impuesto proporcional a la bonanza percibida.

Hasta el 10 de marzo, el sistema impositivo establecía que la venta internacional por tonelada de soja tenía que pagarle al Estado el 35 %; que el girasol abonara el 32 %; el maíz el 25 % y el trigo el 28. Pero desde el 11 de marzo, una resolución estableció que la soja tributara una alícuota de entre el 44 y 45,6 por ciento; el girasol una retención del 41,2 por ciento; el maíz 26,2 por ciento y el trigo lo mismo.

Desde el gobierno sostuvieron que había razones para hacerlo, ya que la estampida del precio de los alimentos podría impactar muy duro en el bolsillo de los argentinos y una de las mejores formas para evitarlo -y que el Estado recaudara más- era el aumento de ese impuesto.

Si Cristina Fernández no tuvo luna de miel desde que asumió el 10 de diciembre de 2007, apenas cumplió sus primeros 4 meses de gobierno comenzó a vivir la confrontación más importante del proyecto que integró junto a su marido. Fueron 130 días que erosionaron como nunca el poder acumulado, que generaron una polarización social pocas veces registrada desde que los K habitan la Casa Rosada y que terminó con una votación parlamentaria que le arrojó a la mandataria la señal de una derrota indigerible: su vicepresidente, el mendocino Julio Cobos, votó en contra del proyecto que había impulsado y desempató una votación de 36 contra 36 en el Senado, votando a favor de los reclamos del campo, uno de los sectores más dinámicos de la economía, cuyos récords históricos de producción exhibieron entre octubre de 2007 y febrero 2008 un aumento de ganancias del 30% en soja, 20% en girasol, y 77% en maíz.

TRAICIÓN, DERROTA Y CAPITULACIÓN

En la madrugada del 16 de julio y tras 17 horas de debate parlamentario, el último intento oficial por ganar la batalla que comenzó en marzo, terminó en un grave revés cuyas consecuencias son aun desconocidas. El polémico aumento que los K habían resuelto trasladar al Congreso luego de meses de cortes de ruta, había cosechado la victoria entre los diputados, pero terminó en un letal empate que el vicepresidente saldó en contra de su propio gobierno. La noticia marcó el final del conflicto y la largada del desgranamiento posterior a la derrota, algo que acaba de comenzar.

Al cierre de esta edición, los medios ardían con la renuncia del jefe de Gabinete Alberto Fernández, el tercer hombre más importante en el armado presidencial y quien acompañó a los K desde mayo de 2003. Fueron 1887 días administrando en la sombras el poder de un país que creció durante esos años a un promedio del 5 % anual.

El último acto del jefe de gabinete saliente fue anunciar la decisión de enterrar la iniciativa que tanta sangre había costado.

En el decreto, se puede explorar el balance del gobierno K tras 4 meses de una puja que los ha erosionado más de lo previsto. Así fue que la jefa del Estado remarcó la necesidad de lograr una "equidad distributiva y también territorial", además de una "mayor equidad en las relaciones económicas" que permitan una "mejora en la distribución de los ingresos a favor de los que menos tienen".

Tal como lo hizo durante el extenso conflicto para defender la necesidad de la medida, el Gobierno hizo hincapié en la fuerte suba de los precios de los alimentos y la necesidad de preservar el poder de compra de los sectores de menores recursos. La FAO lo confirma: en el último año, el precio del maíz aumentó 31 por ciento; el del arroz, 74 por ciento; el de los aceites vegetales, 60 por ciento; el de los lácteos, 83 por ciento; el de la soja, 87 por ciento; y el del trigo, 130 por ciento. Un incremento de la renta que cualquier gobierno habría tratado de aprovechar, tal como lo hacen los 40 países que en el mundo aplican el sistema de derechos de exportación. Pero al respecto la Casa Rosada sostuvo que la implementación de las retenciones móviles "fue pretexto para un violento lock out (de parte de las entidades del campo), que inició una escalada de cortes de rutas, desabastecimiento, encarecimiento de alimentos, coacciones, amenazas, agresiones verbales y físicas" y si bien ponderó su decisión de dar "participación" al Poder Legislativo en el tema, para que "se pronunciara en una materia en la que la discusión de intereses había cobrado inusitada virulencia", concluyó que "los diputados pudieron acordar un proyecto que logró una mayoría parlamentaria suficiente", mientras que en el Senado "sólo pudieron empatar en singulares condiciones y sin ningún consenso positivo", algo que hizo "necesario el desempate por parte del vicepresidente de la Nación".

RECUENTO DE CENIZAS

Tal como lo advirtió El Periodista cuando habían pasado 20 días del conflicto, con el correr de los meses se profundizó una polarización que impactó muy fuerte en la capital y catalizó algunos desacuerdos de la clase media bonaerense con el kirchnerismo. Los porteños, se fueron plegando al reclamo del campo sin conocer la naturaleza del problema y tras los desaciertos del gobierno en la puja, la polarización alcanzó a buena parte de las clases medias agrarias del interior del país, las mismas que habían votado a CFK 6 meses antes y que a partir de abril comenzaron a aborrecerla. Si bien la noticia del feroz aumento del precio de los alimentos preanunciaba un alza de las retenciones a fines del año pasado, nadie imaginó que los alcanzaría a todos por igual.

Lo peor de todo, es que los pequeños productores, principales impulsores de la protesta, se quedaron sin el pan y sin la torta, porque la medida derogada los perjudicaba menos que antes del 11 de marzo. Tan así, que Alfredo De Angeli, su principal representante mediático y la figura que mejor sedujo a la opinión pública, hoy enfrenta el cuestionamiento de sus pares por haber defendido más el interés de los grandes productores que de los pequeños.

Tras 4 meses de conflicto, las clases medias urbanas argentinas revivieron los fantasmas de la crisis, pero salieron por derecha. La hipersensibilidad al conflicto, el desgaste del desabastecimiento, la desvalorización del salario y los errores de la Casa Rosada, fueron ingredientes que hicieron que la trascendencia del debate por los derechos de exportación se disipara entre críticas estéticas y morales al kirchnerismo, sin llegar al fondo del asunto. Por ahora, "la única certeza es que comienza una nueva instancia en su gobierno", le dijo por carta Alberto Fernández a la presidenta en su dimisión al cargo de jefe de Gabinete, para el cual fue convocado el intendente (alcalde) de Tigre -en el norte de Buenos Aires-, Sergio Massa, de 36 años. Todo el arco opositor espera ahora que Cristina dé un golpe de timón, enderece el rumbo y ponga proa a buen puerto.

Tras estos 130 días el descontento acumulado ha sido tal, que los desaciertos oficiales le han proporcionado una nueva iniciativa a la derecha local para agazaparse en vistas a las presidenciales de 2011 y las legislativas del año próximo. Los observadores coinciden en señalar que Fernández tiene en frente la oportunidad que no supo aprovechar el pasado 10 de diciembre cuando asumió. Para muchos ese tiempo perdido podría ser crucial, ya que una parte del peronismo se está encolumnando detrás el ex presidente Eduardo Duhalde, el mismo que eligió a Néstor Kirchner para que lo sucediera y a quien considera su archienemigo.

A la presidenta argentina le quedan más de 3 años de gobierno y en las próximas semanas podría asumir su primer gabinete, para dejar de lado al que acompañó a su marido. Sin embargo, las dudas sobre la posible redistribución del ingreso han crecido. Viene un año de duras discusiones salariales y mientras la última cosecha récord todavía está resguardada en silos, sus propietarios festejan una ganancia "extra" que supera los 100 millones de dólares.

Casi como una fatalidad, un sector de la sociedad argentina ha logrado defender sus intereses por encima del bien común, mientras que la otra parte más pobre ha vuelto a engrosar el 31,6% de la población. Los últimos 4 meses han demostrado que la crisis no ha terminado y que la división entre los que perdieron y los que ganaron es cada vez más evidente.

Argentina, Los peores días de la señora K, Por Claudio Mardones (desde Buenos Aires)
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